Llega la primavera y sus noches se vuelven tibias. La oscuridad del invierno se aleja cada día llevándose sus meses de frío que sacudieron cuerpos y también las almas. En el recordar se mezclan emociones, vivencias, nostalgias, esperanza de alguna alegría y mano extendida.

En el mes de julio se cumplieron 25 años de mi regreso del exilio. En ese volver no esperaba flores de bienvenida... tampoco tanta hostilidad. Puertas que se cerraban al miedo, indiferencia y sentimientos varios que, supongo, eran normales después del accionar de una feroz dictadura que masacró a miles de personas que soñaban con una sociedad más justa.

Con el “no te metas” incorporado en las entrañas, abundaban las agresiones. Cuántas veces escuché: “para qué volviste, tanto vos como tu hijo van a estar mejor en Europa que acá”. Quienes así me hablaban ¿sabían del desgarro interior?. ¿Les importaba?. El tiempo transcurrido no me ayudó en las respuestas. Por esos días me llamaron los compañeros de la UTPBA ofreciéndome los servicios de la obra social para mi y mis hijos. Desde entonces encontré en estos compañeros las manos solidarias siempre extendidas, el consejo oportuno, el apoyo que faltaba ante la ausencia de una familia que fue destruida por tanto dolor.

¿Hace falta agregar más?. Si. Mi memoria está intacta. Queridos compañeros, muchas gracias.

Mi abrazo de siempre. Los acompaño, como siempre.

Marta Conti Buenos Aires, 10 de setiembre de 2010