El hecho mostró a un dirigente de Nuestra América en toda su dimensión. Rafael Correa reaccionó con valentía y decisión y se enfrentó, a cara limpia y pecho abierto, a un grupo sedicioso que no dudó en atacarlo y lo mantuvo secuestrado en el hospital durante varias horas.

Esa es una de las claves que confluyeron para que esa asonada golpista no prosperara: La valentía de Correa.

El movimiento golpista tenía, de esto no hay dudas, una preparación lenta, cocinada al amparo de los medios de comunicación, la oposición ecuatoriana y los intereses de los Estados Unidos, que sólo esperaba ese movimiento sedicioso para dar el zarpazo.

No es difícil imaginar que, de no haber ido Correa a enfrentar a los policías rebeldes, en pocas horas llegaría el apoyo de las clases dominantes de Ecuador, la oposición y por supuesto los medios y la embajada estadounidense.

Sin embargo todo les salió mal. Correa enfrentó cara a cara a los golpistas, el pueblo ecuatoriano salió a las calles y la reacción de los presidentes de la región fue inmediata y contundente.

Tampoco es casual que el fracaso del golpe esté en el oportunismo político de Correa al hablar desde el hospital por todos los medios internacionales y sobre todo, que haya tomado la decisión de ordenar la cadena nacional para imposibilitar el accionar golpista de los medios de comunicación.

El pueblo en la calle, el canciller Ricardo Patiño llamando a ese pueblo movilizado a rescatar al presidente y los mandatarios de la región acordando la reunión urgente en Buenos Aires, forzó la realidad y logró que poco a poco, cada uno de los estamentos sociales de Ecuador, la OEA, los gobiernos europeos y hasta el departamento de Estado estadounidense salieran a respaldar la institucionalidad en el país.

La batalla está ganada. Los hechos terminaron con el presidente Correa hablando a su pueblo desde los balcones del Palacio Carondelet, los sediciosos procesados y un duro documento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) que garantiza que esto no puede volver a suceder.

Correa se recibió de líder de estos vientos de cambio en la región y demostró una valentía única al enfrentar a los golpistas.

El pueblo ecuatoriano demostró su determinación de seguir avanzando en la Revolución Ciudadana y su disposición a defenderla en las calles.

Los mandatarios de la región dieron un paso más en la construcción de la liberación de Nuestra América más allá de las diferencias ideológicas y no dudaron en repudiar el intento de golpe.

Muestra de ello fueron la declaración de Buenos Aires, emitida en la madrugada, y las declaraciones de los presidentes de Bolivia, Evo Morales y de Perú Alan garcía al arribar a Buenos Aires.

Al ser consultado sobre la decisión de viajar a Ecuador mientras Correa seguía secuestrado por la seguridad de los mandatarios, Evo Morales no dudó: “No pretendemos que nos protejan las fuerzas armadas ecuatorianas, serán los movimientos sociales que luchan por la liberación quienes nos defiendan”.

Por su parte Alan García no dudó en “ofrecer una base militar peruana para el arribo de los mandatarios a Ecuador y señaló que estaba dispuesto a “hacer lo que sea necesario para frenar al gorilaje que intenta avanzar en nuestra región”.

El de Ecuador fue un episodio más de los ataques que reciben y seguirán recibiendo los pueblos de Nuestra América tras lo ocurrido en Honduras, antes en Bolivia y con excesiva frecuencia en Venezuela.

El pueblo de Nuestra América resiste, construye, está en las calles y no permitirá más atropellos a su autodeterminación.

Fuente: www.nuestraamerica.info