5-11-2010

No sé si la señora Mercedes Aráoz será de izquierda o de derecha, categorías, manoseadas hasta el hartazgo en nuestra adocenada política criolla. También estoy huérfano del conocimiento si el mohín de usar los términos de manera oprobiosa (“barrunto” en lugar de barrio), le granjearán simpatías electorales. La pregunta de fondo, al margen de su simpatía, carisma u oportunismo, es el cuestionamiento de saber quién es, qué representa y qué lugar en el sistema ocupa y para quién trabaja.

Sé ciertamente que la señora Aráoz mantiene un desprecio notable por la historia, más de una vez, frente a la difícil vecindad que mantiene la nación con Chile, ella ha propugnado el olvido de los hechos de 1879 en nombre de una supuesta modernidad. ¡Cómo si los pueblos pudieran edificar su horizonte sobre la nada o encima de la garrulería ignara de que son dueñas algunas lenguaraces. ¿Concíbese al Perú sin el pasado imperial y geopolíticamente rector del imperio de los Incas? ¿no hay acaso desde el temprano 1836 que repitióse aciagamente en 1879, motivos para pensar que la fractura nacional psicológica estacionó allí y en esos sucesos, una marca a sangre y fuego?

También sé que la señora Aráoz manifestó que peligraba el TLC con Gringolandia si se tocaba su sacrosanta redacción olvidadiza de muchos intereses nacionales. Aunque hoy pretenda liberarse de lo que le corresponde en el doloroso tema de Bagua, sus testimonios la sindican como fabricante de un chantaje subliminal empujando la ortodoxia del gobierno peruano como ocurrió meses atrás. ¿Ha visto usted, alguna vez a un burócrata admitir con humildad, sus culpas y crímenes? ¿Por causa de qué habría de ser ésta, una excepción?

Perú ha tomado conocimiento que un puñado de fraudulentos nacidos de un “congreso” a mano alzada ha ungido a Mercedes Aráoz como su “candidata presidencial” y adicionan el apellido de “independiente”. El club de compadres, en connivencia con los miedos de comunicación, los “hacedores” de opinión y las gavillas que viven perennemente del Estado y de sus diferentes gobiernos, ha perpetrado un genuino caballazo* para, ¡miseria humana!, conseguir unas cuantas curules. La angurria trocó en política de Estado y usan a la señora Aráoz de proa para sus hambres pirañescos.

No ignoro que Mercedes Aráoz es una tecnócrata fiel al modelo de exportación primaria, de propinas mineras y de estabilidad jurídica que apalea trabajadores pero se lleva el dinero que estos generan por montones, a sitios y lugares de ultramar. Desde el titularato de Economía, doña Mercedes, fue una disciplinada e inflexible cancerbera de la pulquérrima gestión económica de un gobierno feraz en la producción de TLCs. ¿Alguien ha escuchado que la Aráoz haya protestado o dicho siquiera un ¡ay! sobre los importadores de cereales que pagan al Canadá por productos de primera (dentro de ese TLC) y reciben migajas de tercera? ¿Sospecharía usted de cualquier actitud cuestionadora o protestante de doña Mercedes con cualquiera de los países que tienen con Perú la cabecera de playa llamada TLC? ¡Bah!

¿Cuál es la independencia de Mercedes Aráoz? ¿es libre de la influencia voluntarista, estruendosa, electoralista, del presidente Alan García? ¿Que no sabe Aráoz que aquél practica la tesis del limón exprimido y tira las cáscaras de sus “amigos” una vez que no los necesita?

¿Es independiente doña Mercedes de su ciencia tecnocrática que considera al ser humano un guarismo en la monstruosa máquina de producción que abastece las faltriqueras de las multinacionales que cambian de dueños como de camisa? Ella se siente –y es- parte de ese mundo frío que escruta contabilidades y que asigna comisiones de trabajo para evitar cualquier cambio salvo el azul maravilloso que enriquece no al pueblo del Perú sino a los amos lejanísimos que premian muy bien a sus alfiles urbi et orbi.

¿Qué sabe doña Mercedes Aráoz del Apra, de su fundador, Haya de la Torre, de la epopeya en que decenios de hombres y mujeres transitaron por el oscuro túnel de encierro, destierro y entierro, vivando a su movimiento y peleando por la democracia del Perú? ¿Creerá aquella que los gorilas politicantes que la han ungido como su “candidata” la aprecian o estiman? No parece tonta y sí, en cambio, inteligente. Entonces ¿debemos suponer que le da crédito al mentiroso genético más eximio ambiente por estas tierras?

Ni ideológica o doctrinariamente, doña Mercedes Aráoz es independiente o libre. Pertenece al sistema que ella asume como el más correcto, el mismo que proclama ¡azúcar caro y cholo barato! Nunca se le ocurriría gritar que la patria se defiende y no se vende, por su ubicación en el espectro político que la tiene como parte fundamental de cualquier gobierno de opresión claudicante y anémica defensa de la soberanía espiritual o histórica de la patria.

El mundo globalizado tiene a sus cipayos y servidores. Importa poco el método que empleen para perpetuar el injusto escalafón en que minorías microscópicas, anticholas y mediocres, decidan el destino del resto de los 28 millones de peruanos. A ese cónclave de goznes, sí pertenece, por decisión propia y formación, la señora Mercedes Araóz. Como vemos, la tan cacareada independencia es tan genuina como las promesas que hacen no pocos delincuentes que viven de la cosa pública.

¿Sabrá, por último, cual es la fina línea que diferencia un cómplice de un tonto útil?

¡Tomar a lo serio cosas del Perú! pregonaba la voz acerada de don Manuel González Prada.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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