¿Qué poder tan insolente logra convertir en siervos a legisladores de supuesta idoneidad, líderes partidarios de algún continente y a cambiar tan rapido de “lealtades” abdicando de las que ayer juraban hasta las lágrimas? ¡Sólo puede ser el conocimiento supremo de las múltiples trapisondas que han caminado al alimón, ésas que han generado pingues ganancias malhadadas, patrimonio inmobiliario y automotriz robusto, viajes al por mayor dentro y fuera del país, y seguridad dineraria para que sus hijitos, nietos, bisnietos y tataranietos vivan muellemente sin trabajar. No es la fraternidad ni el convite doctrinario o ideológico, es la hermandad del prontuario la que los une, disciplina y hace marionetas esforzadas en las garras del gran titiretero que sabe de estos arcanos. Y también conoce cómo hacerlos públicos con la ayuda generosa de los miedos de comunicación. El espíritu de cuerpo arropa a los ladrones cuando se trata de cuidar a la gallina de los huevos de oro: el erario público.

En el punto 7 del Decálogo de la Juventud Aprista Peruana, cuyo antecedente heroico, la FAJ (Federación Aprista Juvenil) estuvo de aniversario el 7 de los corrientes, se dice textualmente:

“Combatir a los que a la sombra de los puestos públicos, roban los dineros del Estado que son del pueblo y que deben ser empleados en su bienestar y progreso. Ser incansables en la cruzada por la honradez y la moralidad política”.

¿Sería incómodo –o funesto, para el caso es lo mismo- lanzar la interrogante a cualquiera de los adalides, casi todos mediocres y de bajo cociente cívico, que conforman el Comité Ejecutivo Nacional del PAP, de capitán a paje, si cumplen con lo que preceptúa el Decálogo de la JAP? ¿alguno, siquiera uno, contestaría? ¿alguien otorgaría 0% de credibilidad a cualquiera de aquéllos? Han bastado dos períodos gubernamentales, 1985-1990 y 2006 al 2011 para aniquilar cualquier signo de honestidad en el prestigio del militante aprista. ¿Y por causa de qué? Cuando el robo se cohonesta y se lo enmascara en supuestas razones estratégicas o políticas, los resultados no pueden ser más abominables.

¡Nunca fue el problema de fondo una pelea doctrinaria o ideológica la acontecida en el Apra! Fue la voluntad, acompañada de múltiples tontos y cándidos crédulos, del señor Alan García Pérez y su angurria de figuración aún a costa de cientos o miles de concesiones al mejor postor, el tema singular que comenzó a torcer, diluir, destruir, lo que antaño fue la gran fraternidad del Apra, llave y maestra genuina de su fortaleza. Quienes hoy pretenden disfrazar con este ropaje jornadas penosas, no tendrían sino que preguntarse por causa de qué hoy todos concuerdan en que la destrucción moral del aprismo es un asunto que no admite la más mínima duda. El Partido se cae a pedazos porque su andamio ético no existe más. En cambio sí fue reemplazado por el espectáculo grotesco de taifas y pandillas que se disputan la carroña obtenida merced a su inverecundia y falta de honradez en la cosa pública. ¿Qué fue sino la firma del acta de sujeción alanista en que incurrieron algunos descarados sinverguenzas en casa de la ilegítima candidata Mercedes Aráoz?

En el punto 6 de ese mismo Decálogo se dice:

“Combatir la sensualidad en sí mismo y en los demás. Exaltar las virtudes de la juventud, vigorosa y limpia de cuerpo y mente. Prepararme para la acción y no para el placer”.

Nuevamente, enderezar a los hedonistas que dicen dirigir el Apra, la pregunta, puede resultar sumamente incómodo. Hay algunos obesos que ayer nomás no tenían ni para comprar leche para sus hijos recién nacidos, tampoco casa donde morar sin que los echaran por falta de pago del alquiler. ¡Ni qué decir de autos o acciones en empresas millonarias! Esos golosos de los fondos públicos contradicen cualquier buena intención porque el “robo es su divisa”.

¿Se entiende entonces que Sansón caería con los filisteos, todos arrebañados en la inmoralidad sensual de dineros sucios, robos en cadena, dominó de pasiones bajas y exaccionadoras del patrimonio del Perú, de producirse la revelación de los secretos que tan celosamente custodian entre sí los rufianes? Al timbero a quien gusta de humillar a sus subordinados, a cual más rastrero, debe tener en cuenta que el hoy en desgracia tiene muchos argumentos sangrantes de felonías y hurtos. Y todos bajo el marchamo indeleble de la acción conjunta. ¿Quién tira la primera piedra?

¿No es la aberrante jaculatoria, En el prontuario: hermanos, expresión lacerante de vigencia incontrastable en nuestros días?

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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