23-3-2011

¿Qué lugar ocupa en la producción del Perú la Iglesia Católica? Quien conteste y afirme que por no tener una ubicación en ese proceso, dicha institución está huérfana de poder político, se equivoca. Y bastante. ¿A cuento de qué hay que ilustrar al adelantado del Opus Dei, monseñor Cipriani, sobre qué se haría de llegar al gobierno? Cuando el oso abraza, lo hace de tal manera que, literalmente, revienta a sus desgraciados y ocasionales contertulios.

En Perú hay librepensadores que hasta hace pocas horas alimentaban la ilusión que un nuevo gobierno y bancadas legislativas limpias se encargarían de cuestionar integralmente el Concordato entre el Estado Vaticano y el Estado peruano. Como es de sobra conocido, dicho convenio internacional se firmó entre gallos y medianoche, en los estertores del gobierno militar en 1980, jamás hubo publicación en el diario oficial El Peruano y son miles de millones de soles los que NO ha tributado la Iglesia Católica al amparo de un tratado que ¡jamás ha recibido discusión y confirmación parlamentaria!

No sólo eso. Ha poco se consagró una supuesta ley de “igualdad religiosa” que en “honor” a su título dejaba las cosas como están, es decir, teniendo la Iglesia Católica, en forma exclusiva y excluyente, el goce de todos los beneficios tributarios, aduaneros, educativos, militares, ejecutivos y legislativos, que les obsequió el Concordato espurio de cabo a rabo. Por tanto, el católico abrazo del oso acaba de noticiar que tampoco este privilegio sectario será, siquiera, cuestionado por ¡nadie!

La derecha es muy bruta, antichola y poco original. Ya no les sirve Luis Castañeda hundido en el marasmo de sus propios yerros. La señora Keiko está estancada en lo que llaman el “voto duro” y un preclaro líder del Opus Dei, culto y siempre polémico, forma parte de su esquema presidencial. Kuczynski es un fenómeno que involucra inversiones millonarias y episódicas. Hasta se podría decir que Alejandro Toledo tornó imprevisible para los eternos gonfaloneros del poder genuino, real y dictatorial de unos pocos, muy pocos y que siempre han tenido las llaves de cómo se maneja una república cuasi bananera como la patria nuestra. ¡Cien embajadores de ultramar, pilotean el destino de 30 millones de habitantes!

Volvamos al principio. ¿A mérito de qué hay que informar, dialogar o siquiera tener en cuenta a quien, en representación de la Iglesia Católica, también forma parte de un grupo sectario cuyos planes han incluido razzias y persecuciones contra todos los que no sean parte de su ortodoxia inflexible? Para el Opus Dei la mujer no necesita ser inteligente, basta con que muestre cortesía anuente y servil. Si por ellos fuera, los homosexuales acabarían fusilados en todas las paredes del país. Demás está decir que nunca ocultan sus intolerancias y sí callan las perversiones en que sectas primas-hermanas como el Sodalicio de Vida Cristiana impulsan con daño avieso contra la juventud. ¿O monseñor Cipriani no sabe que la patota sodálite ha admitido que su ícono por largos lustros, Germán Doig Klinge, era un degenerado a quien bajaron de su pedestal “de repente”?

Como en la España franquista y en tiempos de su fundador, Escrivá de Balaguer, el Opus Dei tiene personajes en las altas esferas. En Piura, nada menos, el local fundacional fue regalado a la secta por el padre de San Dionisio Romero Seminario, hace ya decenios y hoy tienen universidades, colegios, institutos, bancos, asociaciones, a lo largo y ancho del país.

Según fuentes matemáticas más o menos acertadas, la posibilidad de una final entre Toledo y Humala no puede, hoy por hoy, ser descartada. Tampoco debe dejar de mencionarse que el cuestionamiento al Concordato ya es un imposible por el conservadurismo confeso de quienes se dejan abrazar por el oso católico y se arrullan entre sus hipocresías.

¿Existe poder humano capaz de competir en fuerza con el oso? Hasta donde sabemos, no. Y el resultado es ineluctable: cataclismo de huesos rotos, trizas de ideales, idiotez suma cum laude.

A eso le llaman política.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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