Refirióme un dilecto amigo cómo un individuo a todas luces adinerado exigía a grito pelado la atención de su pedido de pollos para llevar. De actitud impositiva, soberbia y autosuficiente agredía con sonoridad al personal que debía cumplir con quienes habían llegado antes, mucho antes, que este patán. Por toda conclusión aquél se merecía y como reprimenda varios pollos de proyectiles. ¿Solitario desmán o actitud común en cualquier parte del país?

Escribe en Facebook el ingeniero César Gutiérrez Peña en el artículo: Vergonzosa institucionalidad tercermundista:

“Los últimos tiempos las buenas cifras de crecimiento económico peruano, han hecho que la autoestima de cierto sector de nuestra sociedad se haya elevado, lo cual es bueno, lo malo está en que se la crean más de la cuenta y no vean en horizonte en un contexto más allá de los linderos de las cifras de beneficio-costo. Un aspecto, de los muchos existentes, es el ámbito institucional, donde los partidos políticos, tan venidos a menos y sobre los cuales hasta se muestra desprecio, son muy necesarios. Lamentablemente los líderes anteponen sus apetitos personales, llegando a trabajar maquiavélicamente para la liquidación de sus organizaciones, porque les incomoda el no tener el control absoluto”.

La soberbia para no leer el alma e interpretar el sentimiento íntimo de los peruanos aqueja a la casta política y económica. Ve lo que desean mirar y oye cuanto le conviene, su mediocridad es abisal y su estupidez miope le hace pronunciar cualquier cosa y olvida que un país requiere, como un avión para no capotar, de derecha, centro e izquierda y un proyecto nacional en que todos estén absolutamente convictos que a Perú no lo engrandecen minorías ensoberbecidas o supuestamente iluminadas. El Perú es de todos los peruanos.

Los llamados tecnócratas se refugian en el azul de las cifras procurando con disimulo hipócrita revelar ¡para quién o quiénes es el beneficio de esos guarismos!

El informe recientísimo sobre umbrales de pobreza que ha emitido el Banco Mundial es una acusación directa y aterradora a los gobiernos peruanos de los últimos 15 años. ¿Cómo es posible que con tantos recursos claramente de precios en alza, se mantenga una brecha entre los que tienen más, minoría absoluta y los que tienen menos, mayoría de mayorías y que desde ¡el nacimiento! 500 mil niños estén condenados a vivir en la miseria más abyecta? Como nuestros políticos son de juguete hay que descartar que hayan leído la admonición que vierte el BM.

Los partidos políticos no existen en Perú. Los clubes electorales sí. La regresión al civilismo de ron y butifarra averguenza. Un infeliz que lleva más de 25 improductivos años en el Congreso y va por la reelección y cuya única virtud es bailar salsa, regala laptops, televisores y hace derroche de dinero en propaganda y el resto por el estilo. Del partido-escuela, semillero de líderes y adalides para la pelea de alto nivel, sólo hay usinas de mercenarios compra-votos y según el que alquile sus servicios.

Advierte Gutiérrez Peña en texto antecitado: “Hay que insistir en fortalecer los partidos, refundarlos o fundarlos, de lo contrario, no será posible pertenecer al primer mundo, con una institucionalidad del tercer mundo, entiéndalo, señores y señoras, que hoy están enceguecidos por su éxito crematístico, así al menos les podrá ser duradero por más años”.

La soberbia disloca, indigesta y envanece al pelandusco y le convierte en superlativo agente de la barbarie. Es hora de enfrentar con ideas, planteamientos, actitudes definidas y ambiciosas, la estulticia que nos ronda insolente e ignara. ¡Palabra de honor!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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