por Guillermo Olivera Díaz; [email protected]

19-6-2005

1. El indulto no se concede, ni debate De Oficio, a iniciativa del Presidente de la República; no es un secreto de Estado que guarden celosamente un presidente saliente y otro entrante, quienes se reúnen con sospechosa antelación a tratarlo sin que haya un trámite documentado iniciado por el interesado o el Ministerio de Justicia. No hay acta de lo tratado pero sí el hecho.

Véase el Decreto Supremo N° 001-2010-JUS, del 21-01-2010, que aprueban y firman el Presidente Alan García Pérez y el Ministro Aurelio Pastor Valdivieso, que suprimió el procedimiento administrativo para el otorgamiento del indulto. ¡Tan temprano como enero del año 2010!

Todo parece indicar que Ollanta Humala ha caído en una invisible trampa de varias ojivas:

a) no levantar olas si el saliente lo otorga a días vista; b) lo conceda apenas llegado al dislocado gobierno con prioridad A1 antes negada; c) que preste su aquiescencia sepulcral desde ya a despecho de circunstantes y audios palaciegos; y d) que no sepa, huela o atisbe qué dinero venido de Tokio ronda en el aquelarre, cuya mágica cifra se rumorea en diez millones de dólares.

2. ¿Indulto para procesado?.- La propia Ministro de Justicia ha confesado que no existe un trámite de indulto del penado Alberto Fujimori Fujimori. Tampoco podría haber para que se perdonen las penas que no constan en sentencia firme o de última instancia judicial.

Quien no ha sido condenado final tiene la calidad de procesado, sin posibilidad legal de ser indultado. No es penado definitivo aún. Fujimori tiene varios procesos en esa condición.

En consecuencia, dos presidentes no pueden ni deben parar mientes anticipadas acerca del “indulto” a un procesado, cuya situación jurídica no la ha establecido el Poder Judicial.

3. ¡Infidencia por dónde!.- Omar Chehade, vicepresidente electo, ha dicho con impropiedad que sería infidencia revelar lo tratado acerca del indulto a Fujimori.

Habrá que decirle sin sordina que el país es el mandante y los presidentes los mandatarios que dependen del primero. Ergo, cuidarle las espaldas a don Alan García no es a riesgo de responsabilidad por infidencia, sino por otra larvada motivación.

Cuando peroran dos presidentes sobre el indulto a un condenado a medias, sin expediente a la vista, sin acta de lo que tratan y sin revelar lo tratado lo hacen sin transparencia, con deshonestidad y le están sacando la vuelta a su mandante. Están a tiempo de corregirse.

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