Como todas las personas, estos jóvenes con diversas discapacidades intelectuales son capaces de seguir afrontando nuevos desafíos. Y ellos lo asumen con alegría y compromiso. Porque saben que el entorno institucional –los profesores y directivos de Calidoscopio- y el familiar, los apuntala para seguir creciendo cada día un poquito más. Para mejorar su calidad de vida.

Entonces no extraña que así como entre sus logros comunicacionales y artísticos conseguidos están los programas de radio, la Murga del Calido, la producción fotográfica, los cuadros del taller de plástica o el mural realizado en una de las paredes exteriores de la casa de Calidoscopio, ahora el nuevo objetivo sea “Una vuelta por nuestras vidas”, este proyecto de cortometraje que fue seleccionado por la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

Dos de las docentes de la institución, Noelia Seguí y Débora Siciliano, son las encargadas de coordinar todas las actividades para concretar el trabajo que, aunque no tiene un plazo estricto, esperan tenerlo listo para fin de año.

Noelia le cuenta a Neuronas Atentas que el cortometraje será realizado por los propios jóvenes e incluye la participación de los profesores, de sus familias y de las ligadas a Calidoscopio a través de la Ayuda Directa, un programa que atiende las necesidades de discapacitados de cualquier tipo y su grupo familiar en el distrito de La Matanza.

“La intención es que todos tengan un espacio en este corto. Y que a la vez sirva para difundir y promover los derechos de las personas con discapacidad, haciendo especial hincapié en la discapacidad intelectual y exponiendo distintas realidades de chicos con discapacidad”.

El documental incluirá un recorrido institucional mostrando que existen centros de estimulación temprana, centros de día, escuelas especiales. Tratará de orientar a las personas que no saben demasiado sobre discapacidad y se deben enfrentar a esta situación de la vida. También pretende llegar a la sociedad en general, como una herramienta de concientización sobre aspectos no del todo conocidos.

Sin un guión riguroso, las docentes coordinadoras trabajaron con el grupo de jóvenes una guía de ideas a mostrar de sus vidas. Ellos hicieron aportes de los aspectos a tener en cuenta. También sobre el eje de promover los derechos de las personas con discapacidad.

“Abrimos el proyecto al resto de los docentes para que tuvieran la posibilidad de incorporar sus miradas. La idea es charlar y sumar a las familias y a profesionales que puedan aportar desde sus conocimientos puntuales”, cuenta Noelia.

Aunque no tendrá historias de vida particulares, sí habrá “testimonios de familiares, de personas que acaban de tener un bebe con Síndrome de Down, y de papás y mamás mayores. Un poco como para que estén presentes las diferentes miradas. También mostrará parte de los espacios de muchos de estos jóvenes, como los bailes en Pinar de Rocha, algún taller protegido al que concurrieron e incluso los trabajos que realizaron”, explica la profesora.

Previo al inicio del rodaje de “Una vuelta por nuestras vidas”, las docentes les dieron a los jóvenes unos talleres sobre el uso de las cámaras para capacitarlos en conceptos básicos como enfoque, encuadre o paneo.

“La complicación es que hicimos todas las prácticas con una cámara familiar, cuya utilización es mucho más sencilla. Con la profesional hay que hacer una minicapacitación para conocer algunas cuestiones un poco más complejas”, explica.

Luz, cámara, acción...

Al recordar el primer día de rodaje, Noelia se entusiasma y enfatiza una definición tajante: “Estuvo buenísimo”.

La docente relata que confluyeron muchas cosas porque recibieron la visita de un colegio en el marco de un Programa de Concientización de CILSA, en donde se organizan encuentros entre escuelas o instituciones que trabajan con discapacidad y escuelas convencionales.

“Vinieron a compartir el día. Los chicos terminaron de pintar juntos el mural del paredón lateral del edificio de Calidoscopio. Hicieron un taller de Murga y compartieron la merienda. Fue un muy buen momento de integración. Paralelamente estaba la cámara profesional y otra común. Y los chicos comenzaron a aprender como filmar con las dos”, cuenta.

Aunque no todos tienen las mismas capacidades y facilidades, “la idea es que todos participen, al menos un poco, en el manejo de la cámara”.

“Queremos que filmen ellos, con el acompañamiento del docente, pero que vayan seleccionando lo que quieren hacer y cómo. Tratamos que todos participen. En el taller son cerca de 35 jóvenes y el objetivo es que todos trabajen desde diferentes roles en la construcción del video”, remarca Noelia.

Cuando hacen el cálculo del producto final, hablan de un “corto largo”, porque estiman una extensión de 20 a 30 minutos, con una superproducción de material y un recorte final “bastante difícil”.

“Ese trabajo estará compartido entre los jóvenes y los profesores. La idea es que el corto incluya información, que muestre distintas realidades, pero que sea lo suficientemente ameno como para que mantenga la atención de la gente hasta el final”, define.

Una vez concluido, “Una vuelta por nuestras vidas” se difundirá gratuitamente en los colegios, organizaciones sociales, instituciones y entidades que lo soliciten. Y seguramente la proyección estará acompañada con jornadas o charlas que sirvan para debatir el tema.

“También haremos un manual o un folleto con informaciones más específicas sobre cuestiones formales y necesarias como, por ejemplo, la existencia del certificado de discapacidad y como tramitarlo”, señala.

Autoestima e inclusión

Noelia resalta que más allá de la utilidad que el corto tendrá para contar distintos aspectos de la discapacidad, su realización favorece autoestima e inclusión social de los jóvenes.

“Para ellos lo nuevo es filmar cuando, en general, muchos en sus casas ni si quiera agarran la cámara de fotos. Sentir que puedan filmar a sus familias, que son capaces de hacer ese recorte, de estar del otro lado y sentirse protagonistas, ayuda a la inclusión social. A que digan que ‘yo como mi hermano o como viejo puedo usar una cámara y también participar de esto’. Es algo que favorece la autoestima. Que les abre un poco más el mundo. Y lo que vendrá también les va a servir. Porque participarán en la difusión, en jornadas para contar sus experiencias”.

Sumar herramientas como estas favorece y mejora la comunicación interpersonal de los jóvenes. Para ejemplificar, Noelia recuerda el reconocimiento de una madre, que a partir de que su hijo comenzó a hacer el taller de radio pudo decir lo que sentía y pensaba. “Logró expresarse de otra forma. Eso es lo que buscamos incentivar con este trabajo”.

“Otro aspecto importante es que conozcan el proceso de producción y salgan de la burbuja de la televisión. Que sepan que nada es mágico. Que distingan que las cosas se piensan, se filman y se editan. Que puedan aprender a hacerlas, a diferenciar entre una foto y un audiovisual. Que sean capaces de agarrar las riendas del proyecto”.

A Noelia se le nota la confianza que tiene sobre las posibilidades del grupo. No quiere que la discapacidad sea una profecía autocumplida. “Si pensas que el pibe no va a poder, y haces las cosas por él, se va acostumbrar a esa situación como lo haría cualquier otro. Va a dejar de hacerlas y entonces se va a confirmar la hipótesis de que el pibe no la puede hacer”.

Al igual que el grupo de docentes y directivos de Calidoscopio, Noelia parte de que el joven puede, aunque hay que ayudarlo a desarrollar su capacidad al máximo. Más allá que no todos son iguales, y que son diferentes los niveles de dificultad para, por ejemplo, agarrar la cámara o realizar un encuadre.

“Lo principal es acompañar, contener, estar presente, dar lugar y espacio a los jóvenes. Después hay que intensificar en donde se pueda. Trabajar en las diferentes capacidades lo mejor posible. Exigir para no caer en el ‘hasta acá llegamos’ o en el ‘no puede’. Pero si hay alguna limitación, tampoco obligarlo a hacer algo que no le gusta o le cuesta mucho”, finaliza Noelia.

El Taller Especial Calidoscopio está ubicado en Thames 333, Villa Luzuriaga, La Matanza, distrito del oeste del Gran Buenos Aires. Su número de teléfono es (011) 4645-0683. Los interesados en conocer mayores detalles de las actividades de la institución pueden ingresar a su página en Internet (http://tallercalidoscopio.jimdo.com/) , o tomar contacto a través de la red social Facebook (http://www.facebook.com/people/Tall...).

- Fuente: www.neuronasatentas.blogspot.com.

- Héctor Corti es Periodista. Responsable del blog Neuronas Atentas y ex editor de la Agencia ANC.