Cuarenta y cuatro mil víctimas ha habido al día de hoy, a decir de las cifras oficiales, cuando los cálculos extraoficiales elevan el número a casi cincuenta mil. Pavoroso. Y las preguntas se reiteran: ¿Quién manda a matar sin cesar? ¿Es posible que no haya de entre todos los bandos en pugna, nadie –y más de uno- con poder de decisión para establecer una tregua duradera ante tanta carnicería?

¿Quiénes son los que apuestan al descuartizamiento de México, con la finalidad de imponer, después, la reconstrucción a altos costos económicos-financieros y, por supuesto, sociales? Un contexto tenebroso, inundado de sangre y fuego, determina -al igual que para de la mayoría de mujeres, hombres y niños-, la vida y el trabajo de los periodistas, gremio que sigue sumando muertos: cosidos a balazos, en espeluznantes masacres; cientos de veces denunciadas por la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (FAPERMEX), presidida por la compañera Hilda Luisa Valdemar y Lima; el Club Primera Plana, liderado por el colega Mario Bárcena Bazán y el compañero Teodoro Rentería Arróyave, fundador de la FAPERMEX y vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), por México.

A todos ellos se suman permanentemente la Comisión de Investigación de Atentados a Periodistas (CIAP-FELAP), encabezada por el colega chileno Hernán Uribe, e integrada por los colegas Ernesto Carmona, de Chile, José Dos Santos, de Cuba y el periodista mexicano José Antonio Calcáneo Collado; el propio Comité Ejecutivo de nuestra organización continental y distintas organizaciones miembros de la FELAP, pertenecientes a: Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Guatemala, Cuba, Chile, República Dominicana, Nicaragua, Perú, Panamá y Puerto Rico, más organizaciones y periodistas fraternales de El Salvador, Honduras, Paraguay, Uruguay, Colombia y Costa Rica.

Es muy sabido que ningún reclamo de esclarecimiento y ninguna exigencia de protección a la vida, se toman en consideración por parte de las autoridades del país. Sí, es de suponer, que el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa habrá de llevar, como mínimo y administrativamente, la luctuosa cuenta. Hasta aquí, por lo conocido, sin más actitud que la de ver crecer el exterminio.

En su más reciente Informe –considerando hasta el primer semestre del 2011 incluido- la FAPERMEX recuerda, nuevamente, nombre por nombre, a los 126 asesinados y las 17 desapariciones forzadas, 13 de las cuales se mantienen vigentes a la fecha. Y explica detalladamente las circunstancias en que fueron asesinadas y asesinados las/os periodistas- trabajadoras y trabajadores de prensa. Lo mismo hace acerca de las desapariciones. El gremio organizado repasa, para que no haya olvido, sus posicionamientos, llamados de atención, advertencias, repudios, movilizaciones, reclamos y propuestas ante los poderes Ejecutivo, José Antonio Calcáneo, Teodoro Rentería, Hilda Luisa Valdemar y Lima, Nelson Del Castillo y Garrit Geneteau.

Judicial y Parlamentario. Requiriendo, exigiendo, respuestas a favor de la vida, con un enérgico e innegociable ¡Basta Ya! de muertes, desapariciones, amenazas, persecuciones, atentados. ¡Basta Ya! de pólvora y sangre. De desprotección e impunidades.

Y de la misma manera que la FELAP se muestra sorprendida por la falta de acciones efectivas de parte de las instituciones internacionales ligadas a políticas de Estado, frente al desgarramiento de un país de aproximadamente ciento diez millones de habitantes, los periodistas mexicanos y su principal organización gremial y profesional –la FAPERMEX- se sienten desguarnecidos, incluso cuando los visitantes de instituciones representativas de la globalización pasan por México y nada cambia. O empeora. Aunque esa no sea la intención de los visitantes.

La FAPERMEX, el Club Primera Plana y la FELAP, representada en México, como dijimos, por el colega Teodoro Rentería Arróyave, insisten en que no se distorsionen las cifras de asesinadas/os, en el intento de ocultar o tergiversar la realidad. Insisten, también, en la necesidad de que el Estado establezca los mecanismos legales y fácticos que protejan el libre ejercicio de la profesión y acabe –en el marco de una inteligencia política a la altura de la gravedad de los hechos- con la barbarie.

Fieles al compromiso con la libertad de expresión y en defensa de los derechos humanos, dichas organizaciones reiteran en su llamamiento a la comunidad internacional, que exista una inconfundible contribución de respaldo a las demandas formuladas por los periodistas gremial y profesionalmente organizados, expresión –en la cuota parte que les corresponde- de un pueblo sometido a una brutal e interminable escalada de terror y muerte.

(*) Presidente de la FELAP.