Hoy que se cumplen 32 años del fallecimiento de Víctor Raúl Haya de la Torre, él mismo habría sacudido de esa modorra cucufata a todos sus adeptos que se guarecen en iglesias haciendo misas en su recuerdo. Los habría mirado con indignación y les habría exigido con voz autorizada que a su solo timbre levantaba multitudes: ¡A la acción y a los locales del Partido! Después de tres décadas y dos años, es hora que los ciudadanos que dicen ser afiliados de esa colectividad fulminen la reminiscencia improductiva para liquidar a quienes hicieron de la política vil negociado culpable. ¡Y no son pocos!

Cuando el presidente Ollanta Humala invocó la Constitución de 1979, aludió directa y claramente a su inspirador democrático más egregio y le mencionó con nombre y apellido en pasajes de su discurso: Víctor Raúl Haya de la Torre. Lo que vergonzosa y aberrantemente no hicieron los dos gobiernos del señor Alan García Pérez entre 1985-1990 y 2006-2011, lo hizo un hombre ajeno al aprismo pero peruano por encima de todas las cosas. ¿No es esta omisión un cargo gravísimo para sus fautores a quienes rodea un halo de millonaria corrupción repugnante?

Haya de la Torre, a quien se sigue endilgando cargos absurdos y jamás probados, fue invicto capitán de multánimes júbilos ciudadanos. De la cuna a la tumba, en la acción, en la persecución, en el destierro, ante el pelotón de fusilamiento. Murió un dos de agosto como hoy en casa fraterna pero ajena. No dejó más bienes terrenales que sus libros en la otrora portentosa biblioteca de Villa Mercedes en Vitarte.

Como dijo Andrés Townsend Ezcurra, sobre Víctor Raúl, en el bello discurso que pronunció el 5-8-1979 en la Plaza Bolívar, ante sus restos mortales:

“Fuiste más presidente que muchos presidentes y mandaste más que muchos mandatarios, porque tu autoridad se ejerció sin coerciones, por el puro ascendiente de tu indiscutida autoridad moral y política. A tu voz, se congregaban muchedumbres. A tu voz, se definían candidatos. Por tu indicacion fraternal, pero celosa, se dictaban leyes en beneficio de la mayoría. Para defender tus ideas se lanzaron los héroes del Partido a su hazaña y los mártires a su sacrificio. Clarividente, insobornable y señera, la voz de Haya de la Torre acabó por ser la voz misma del Perú profundo.”

Cosa rara en nuestros pagos y ejemplo que no han podido igualar los rufianes que llegados a esos gobiernos comprendieron todo al revés, Haya murió pobre, huérfano de signos exteriores de riqueza. Y el pueblo, en la última lid que pudo participar, en 1978, le otorgó más de 1’200,000 votos y le ungió como presidente de la Asamblea Constituyente que logró la Carta Magna del año siguiente, la misma que ha reivindicado el jefe de Estado Ollanta Humala. ¿Podrían decir lo mismo en cuanto a bienes materiales, boato, desbalances, carencia de escrúpulos Alan García Pérez y adláteres?

A 32 años de su muerte, la obra cívica, social, ciudadana más importante: el Partido Aprista, núcleo fraternal de solidaridad y empeño constructor de un país, está hecho añicos. Gracias a la acción depredadora, anti-doctrinaria, reaccionaria y frívola hasta el asco de Alan García Pérez, esa agrupación no tiene hoy la más mínima importancia en las decisiones del país. Apenas con cuatro legisladores les castigó el pueblo en el Congreso recientemente elegido. De haber sido un partido nacional, descentralizado, de gente honesta y combativa, hoy quedan resabios aquí o acullá y su destino está cantado si persisten en las prácticas pusilánimes de no castigar a los ladrones que le han destruido.

Tengo un gran respeto por las demás agrupaciones políticas supérstites. He visitado otros locales invitado siempre por amigos de diferentes credos y nunca he logrado saborear o vivir el clima que antaño distinguiera singularmente al aprismo como conjunto pleno en calor y capacidad de actuar orgánicamente. ¿Puede alguien con sensatez y criterio realista ignorar la agonía terminal en que se debate el Partido?

Haya habría expulsado a los mercaderes bipolares que se apoderaron de su organización para provecho ¡no del pueblo! sino de sus egoísmos venales.

No serán misas y tampoco llantos tardíos los que rescaten al aprismo de la oprobiosa situación en que se encuentra. Víctor Raúl hubiera hecho un enérgico llamado ¡a la acción! De eso estoy seguro.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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