Autor: Álvaro Cepeda Neri * Sección: Defensor del periodista 24 JULIO 2011

La prensa, con sus libertades como derechos constitucionales, es contrapoder, antes que un poder más, en términos del ensayo de Luis María Anson: “La prensa como contrapoder” (del libro: Contra el poder, editorial Temas de Hoy y la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes, España, 1996). Lorenzo Meyer ha ejercido de esta manera su trabajo periodístico a lo largo de más de dos décadas. El caso es que, derogados la difamación y la calumnia con que se imputaba a periodistas para sancionarlos penalmente, quedó la instancia civil del daño moral para, de prosperar la acción, los demandantes puedan embolsarse dinero con cargo al salario del periodista que con sus opiniones, supuestamente, causó ese daño moral. Lorenzo Meyer Cosío ha sido demandado.

Al respecto Miguel Ángel Granados Chapa, escribió: “No lo cree así quien ha presentado una demanda por daño moral contra Lorenzo Meyer, el notable historiador y periodista, que todos los jueves alumbra a los lectores de Reforma con textos donde enlaza su saber histórico y la penetración de su observación sobre la actualidad. Asombra que se dé entrada a documentos como el que intenta que se castigue a Meyer, que está muy por encima de las inventivas del habla cotidiana y por supuesto del nivel intelectual y ético desde donde se le quiere formular un reproche jurídico y de paso, si las cosas marchan bien, ganar unos centavos. Además de la defensa jurídica de la doctora Perla Gómez, docta en teoría sobre la libertad de expresión y de información, y experta en el manejo tribunalicio de los casos que atiende, Meyer cuenta con la solidaridad de sus compañeros” (Reforma, 20 de junio de 2011).

Y así es: Lorenzo Meyer tiene el amparo de periodistas que velan por las máximas libertades para todos los que ejercen esta labor, interpretando democrática-republicanamente esos derechos. Y cuando un periodista es llevado a un tribunal con toda la mala leche de su acusador, es mayor ese cobijo. Una revisión al expediente muestra que la demanda es pura ficción. No se sostiene la litis (término que se refiere a un pleito o contienda, diferencia, disputa de litigio judicial). Pero se quiere asustar con una fanfarronada, como las que acostumbra quien quiere presumir de ofendido, pero es el ofensor tratando de darse baños de pureza. La embestida está viciada de origen por prejuicios que no tienen sustento. Y no prosperará, jurídico-civilmente, pues Meyer, al publicar un escrito sobre cualquier materia y ejercer la libertad de expresión oralmente, no ha incurrido en la causal de daño moral.

Se trata de hacer ruido con una demanda que no acredita el cuerpo del delito civil, sólo para ver si se obtienen algunas monedas, con las cuales el supuesto ofendido satisfaría su vanidad, y su atrevimiento totalmente antiperiodístico. Lorenzo Meyer y quienes lo acompañamos, haríamos bien en colectar unos cuantos pesos para dárselos, ya que eso es todo lo que persigue. A todas luces es una embestida personal para fastidiar, disfrazada de interés jurídico, ya que no existe un motivo fundado. El trabajo periodístico de Meyer Cosío ha estado enfocado al análisis y crítica de los problemas históricos, en general, y con la mira puesta en sus variantes políticas, económicas, sociales y culturales para proponer soluciones que impidan consecuencias negativas.

Así que la inventiva de daño moral es sólo eso, un ataque, una diatriba para tratar de censurar al periodista, autor de ensayos republicanos y democráticos, que, como en todo ejercicio periodístico, contrapone sus juicios a los de otros en un debate necesario. El no estar de acuerdo entre quienes publican sus escritos y enjuiciarse mutuamente, no es causar un daño moral que lleva a quitarle a otro una recompensa monetaria. Lorenzo Meyer está al margen de querellas que se toman como ofensas personales, pues son simplemente puntos de vista diferentes.

*Periodista

Fuente: Contralínea 242 / 17 de julio de 2011