12-9-2011

Ha dicho, con no poca razón y determinación, el presidente de la Asamblea Nacional de Rectores, Orlando Velásquez Benítez y refiriéndose a la decisión que pretende crear precipitadamente la universidad de Chincha, que “invoca al presidente del Congreso, Daniel Abugattás, en cuanto a temas de índole universitario se trate, se le dé tribuna a la ANR. “Pues al ser el órgano que vela por el acontecer universitario en el país, es necesaria su participación y opinión en búsqueda de la tan anhelada excelencia universitaria”, finalizó. (p://www.larepublica.pe/09-09-201...).

En efecto, lo dicho por Velásquez Benítez procura reivindicar el papel orientador y decisivo que la Asamblea Nacional de Rectores debería tener en cuanto a política universitaria en el país. Muy bien, decimos. No obstante conviene también recordar que la ANR no sólo tiene competencias en cuanto al sistema educativo en el plano superior sino que al ser una institución de competencia administrativa, debe custodiar la limpieza de los procesos internos en todos sus ámbitos: académicos, funcionales, económicos, financieros.

Cuando hace pocos meses asumió como presidente de la ANR el doctor Orlando Velásquez Benítez anunció que su gestión se caracterizaría por una nueva imagen y que en ese propósito sería incansable para involucrar a todo su personal en esa dinámica. En buen castellano, la caridad comenzaría por casa.

La ciudadanía y la comunidad universitaria: profesores, estudiantes y personal administrativo no pudieron recibir con más algarabía el anuncio del flamante presidente Velásquez Benítez pues partía aquél bajo la premisa que había que mejorar la exposición pública de la ANR, corregir errores, potenciar aciertos y evitar la reiteración de sucesos que pusieron a la ANR en tela de juicio.

Que el nuevo presidente de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR), máximo organismo coordinador de la universidad peruana pronunciase tales expresiones tradujo la aspiración de cientos o miles de hombres y mujeres que han aguardado con paciencia una mano firme, limpia y capaz de poner orden en el desorden y transparencia en la oscuridad. El compromiso adquirido por su propio anuncio por Velásquez Benítez ante la opinión pública constituye pues un hecho que todos tienen que respaldar decididamente.

En meses pasados han sido muchos los cuestionamientos recibidos por la ANR: funcionarios involucrados en hechos controversiales; presidentes viajeros por todo el mundo y firmantes de cuanto han hecho sus secretarios generales y asesores legales sin mayor investigación; la autorización de sedes académicas proliferando por todo el país sin planeamiento científico ni correspondencia con las realidades locales; ocultamiento de procesos, faltas y sanciones a los responsables de fallas económicas en la gestión, sobreprecios, favoritismos a empresas que no han reunido las más mínimas condiciones para estar a la altura de la fabricación demandada, verbi gracia: diplomas y carnés, etc.

Es casi tradición que las mafias actuantes envuelvan a los nuevos funcionarios con obsequios, zalemas, homenajes, almuerzos, invitaciones múltiples, añagazas de toda índole hasta las no universitarias a horas impropias y en lugares vedados, no obstante pareciera ser que el nuevo presidente de la ANR, Orlando Velásquez Benítez, con habilidad y tino, ha evitado las zancadillas que no pocas veces son motivo de los chantajes más insólitos. ¡Enhorabuena!

No basta que aquello ocurra. Falta que la escobita nueva barra bien como dice el refrán.

Se sabe por ejemplo que el presidente Velásquez ya está en conocimiento de múltiples deficiencias administrativas ocurridas en la ANR en los pasados años. También ha sido premunido de enfoques objetivos y soluciones para que estos yerros dejen de seguir cometiéndose con el muy reprobable saldo del enriquecimiento indebido de una mafia que está acostumbrada a hacer lo que le venga en gana con tal de seguir en el timón de la entidad.

Como el profesor Velásquez es novísimo presidente de la ANR resultaría injusto pedirle una descripción o radiografía detallada y documentada de cuanto ha sucedido en administraciones de un pasado próximo. No obstante sí podemos afirmar que al interior de la ANR se le ha proporcionado valiosas pruebas de la comisión de actos que no merecen sino denuncias del más alto calibre y la expulsión ¡inmediata! de sus fautores. Desde mayo pasado obra en manos del presidente Velásquez un grueso fajo de documentos múltiples que delatan con nombre y apellido, cargos y asesorías, a los autores de estas irregularidades ¡inaceptables! en el organismo más importante a cargo de la universidad peruana.

El periodismo tiene que apoyar a las personas que, como el presidente de la ANR, Orlando Velásquez Benítez, han enunciado sus propósitos de limpieza públicamente. Y, como corresponde, contribuiremos con estas entregas en los días que vienen y sobre hechos puntuales que merecerían su intervención inmediata. No sólo eso: la corrección más enérgica posible a los mismos y el enjuiciamiento de los responsables.

¿Será posible que la sociedad peruana empiece a ganar la calidad de una coordinación entre sus empleados públicos y el ciudadano de a pie, común corriente? Creemos que sí.

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