19-9-2011

A la Asamblea Nacional de Rectores debiera preocuparle el cúmulo de irregularidades puestas en conocimiento del público en general la semana pasada con cuatro artículos que ponen de relieve deficiencias, fallas, malas decisiones, en suma una delicada imagen de la cual parecen no apercibirse las autoridades de la institución. ¿Pasará lo mismo con el Congreso, el Ejecutivo y los estudiantes universitarios? Me temo que no y en aras de este sector juvenil es que pasamos a demostrar más intríngulis misteriosos del carné, hoy demorado por razones que nadie explica.

El periodismo es investigación y no refiere únicamente a los sucesos policiales, crónica roja o a escándalos. Tiene que ver con el seguimiento de procesos que la opinión pública pasa por alto siendo que es suyo el dinero que se emplea, no pocas veces, para acciones sumamente controvertidas como veremos a continuación.

El carné universitario admite varios procesos en su confección: hologramas, papel sintético (teslin), láminas con y sin impresión, pre-impresión del teslin y la personalización del documento.

Para la compra de hologramas la ANR convoca a licitación pública.

Para la compra del teslin (papel sintético), también.

Para la compra de las láminas con y sin impresión, lo propio.

Para la pre-impresión del teslin, ídem.

El laboratorio de la Universidad de Ingeniería está encargado por la ANR de analizar la fidelidad de los materiales correspondientes a los cuatro pasos anteriores. Cosa curiosa porque el teslin, láminas y hologramas son fabricados por dos o tres empresas en el mundo y se usa también de igual manera.

En cambio, para la personalización del documento, la ANR se rige por un convenio con la Universidad de Ingeniería, etapa que se lleva a cabo en el local de la ANR y se arriba al carné como producto final. Pero para este capítulo NO HAY LICITACION de ninguna especie.

Aproximadamente el número de carnés que confecciona la ANR es de 741,000 unidades (Fuente: SEACE).

Entonces bajo esa cifra, la licitación para hologramas, arroja un resultado de S/ 152,000.

Para el teslin (papel sintético), S/ 156,000.

Para las láminas, S/ 195,000.

Para la pre-impresión S/ 88,000.

Para las cuatro etapas anteriores del proceso hay licitación pública.

En cambio, la etapa más importante y la que debiera demandar, por lógica imbatible, mayor cuidado y transparencia, la personalización, ésta se encarga a la Universidad de Ingeniería y cuesta S/ 1’111,500 y, como hemos dicho, se lleva a cabo en las instalaciones de la ANR (dato importante como se verá a continuación).

Surgen, de inmediato, varias preguntas:

- ¿Licitaciones para unas etapas del proceso de fabricación del carné universitario y para otra (en singular), NO?

- ¿Qué especialización con estándares mundiales de seguridad documentaria posee la Universidad de Ingeniería?

- ¿No parece impropio que una entidad pública otorgue por convenio el grueso de fabricación de los carnés a otra entidad pública, es decir mantenida con el dinero de los peruanos, la UNI, y que tiene el precio de S/ 1’111,500?

- ¿Quién paga los gastos de personalización que se hacen en los locales de la ANR, máquinas y trabajadores: laminadoras, enmicado, impresoras, toner tintas 4 colores, guillotinas manuales, redondeadoras? ¿La UNI? ¿o se usa el hardware y trabajadores de la ANR, con presupuesto de la ANR?, lo que evidenciaría un grotesco ingreso libre de “polvo y paja”, por más de 1 millón cien mil soles libres de toda custodia y fiscalización.

Los conceptos fundamentales de cualquier servicio son tres: Precio, Tiempo y Seguridad. ¿Es el precio que obtiene la ANR favoreciendo con un convenio a la UNI para la personalización, el mejor del mercado? Algo debe estar ocurriendo con el tiempo por la simple razón que la ANR ha prolongado la vigencia del carné universitario hasta nuevo aviso ¿quiere decir que no tienen listo el correspondiente a este año corriente?

Aparentemente hay voces atentas en la propia ANR dispuestas a cuidar el bien público y el dinero de los contribuyentes. Y por eso este año se convocó a dos licitaciones para el software de personalización del carné. La interrogante sobre ¿qué y cómo y qué precio tenía ese software en años anteriores? es pertinente. En buena cuenta, alguien sí ha notado, que el grueso del presupuesto se lo lleva la UNI y creyó que era importante convocar a proceso público. No obstante pareciera ser que fuerzas poderosas -¿o negociadoras?-, han conseguido que se declare en este 2011, desiertas las dos licitaciones. ¿Por causa de qué o en interés de quién o quiénes?

Tal como están las cosas y reglas planteadas la ANR, de llamar a licitación para el carné universitario y con los procesos que hemos detallado y sus asimetrías evidentes y que levantan no pocas suspicacias, haría muy mal. ¿Está el presidente de la Asamblea Nacional de Rectores, Orlando Velásquez Benítez, conciente que dar pase a un proceso tal cual, es seguir ensombreciendo la imagen de la institución?

¿Qué respuesta pueden darse los estudiantes que dependen para su movilidad de un carné que no llega y que hoy está retrasado? Una sola: ¡algo se pudre no en Dinamarca, aquí en Lima!

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