Red Voltaire

El seguro riesgo de vivir en Miami

Ana Ivis Galán García

Joan Lenard, la conocida jueza federal de Miami, dictaminó el pasado 16 de septiembre un fallo absurdo: René González, quien ya ha cumplido 13 años de injusta prisión en Estados Unidos, estará obligado a vivir los próximos tres años en esa ciudad bajo lo que ellos llaman libertad supervisada.

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Entre las condiciones que la corte le ha impuesto, asombra la prohibición de “acercarse a o visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos terroristas”.

Por tanto, el próximo siete de octubre René deberá ser puesto en libertad y vivir castigado otros tres años en una ciudad santuario de terroristas, cuyas acciones él y sus compañeros monitorearon para tratar de impedir sus actos criminales contra Cuba.

Difícil suponer, entonces, que su vida no estará sujeta a permanente riesgo –además del que ya enfrentan en las prisiones de máxima seguridad donde han sido injustamente encarcelados-, cuando se sabe la tenebrosa historia que ha acompañado el caso de Los Cinco, desde el momento mismo en que fueron detenidos.

Resulta conveniente repasar algunos hechos -recogidos en el libro “Atlanta y el caso de Los Cinco: la larga marcha hacia la justicia”-, para evaluar con certeza y sin dudas la realidad que se verá obligado a enfrentar René una vez que sea excarcelado.

A Gerardo Hernández, Fernando González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y René González, se les mantuvo sin fianza durante los 33 meses transcurridos entre el arresto y el juicio. Los encerraron durante 17 meses en celdas de confinamiento solitario, usadas para castigar -tras haber sido sentenciados- a los prisioneros culpables de agresión y otras conductas violentas. A ellos se les encerró allí antes de que se conociera el fallo.

Fueron separados de sus familiares e hijos menores. No podían comunicarse entre sí. Los cargos de espionaje a favor de de Cuba y de asesinato relacionado con el derribo de dos aviones en aguas cubanas, no se registraron como crímenes realmente cometidos, sino como conspiraciones –algo inédito en la historia de la jurisprudencia de EE.UU.-, lo cual eximió a la Fiscalía de probar que esos delitos realmente habían ocurrido.

Como ha denunciado Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, es un hecho confirmado la manipulación de evidencias por parte del gobierno, el que ha tenido que reconocer que no podía demostrar la acusación de asesinato formulada contra Gerardo por el derribo, el 24 de febrero de 1996, de esas dos avionetas terroristas que violaban el espacio aéreo cubano.

Pese a haber escuchado a 74 testigos, el jurado de Miami solamente deliberó por breves espacios de tiempo, y sin siquiera expresar alguna duda ni hacer una sola solicitud de revisión de ninguno de los testimonios, procedió a declararlos culpables.

Decir que Miami es hoy la capital desde donde exiliados cubanos trabajan, con el apoyo del gobierno, a todos las instancias: federal estatal y local, es una denuncia probada.

La propia organización de derechos humanos Americas Watch en varios de sus artículos de prensa documenta los centenares de atentados con bombas e incendios premeditados, así como las acciones de amenaza y extorsión utilizadas para controlar a la opinión pública de esa comunidad en contra de Cuba.

El doctor Lisandro Pérez, profesor de Sociología y Antropología, y director del Instituto de Investigaciones Cubanas en la Universidad Internacional de la Florida, escribió: “La posibilidad de seleccionar 12 ciudadanos del condado Miami-Dade que puedan ser imparciales en un caso que implica a agentes reconocidos del gobierno cubano es prácticamente nula”.

Jim Mullin, periodista miamense, en un extenso artículo noticioso que se presentó en el tribunal para probar que Miami no era una sede neutral, condenó abiertamente “la excesiva violencia y la intimidación que han sido características del exilio cubano durante más de 30 años”.

Incluso, también detalló decenas de agresiones, intentos de asesinato e incluso asesinatos en Miami y otros lugares.

Recordemos el horrendo crimen cometido en Washington, la propia capital norteamericana, contra Orlando Letelier, ex canciller chileno durante el gobierno del presidente Salvador Allende, cuyo auto fue saboteado y en la explosión sus piernas quedaron mutiladas y se desangró, y con él su secretaria, la norteamericana Ronni Karpen Moffitt, quien murió ahogada a causa de su carótida cercenada.

Miami es el único distrito en el que los acusados tuvieron que enfrentar como posibles miembros de un jurado al menos un 20 por ciento de personas que se habían ido de Cuba por no estar de acuerdo con el gobierno al que Los Cinco trataban de proteger.

Entre los que se presentaron para servir como jurado había, por ejemplo, un director de la Fundación Nacional Cubano Americana, que proveyó fondos para los ilegales vuelos del terrorista José Basulto, quien encabezó el grupo de la organización miamense Hermanos al Rescate, que pilotaron las avionetas. Semejante candidatura no prosperó.

Todo esto es tan bien conocido, y las consecuencias que implica oponerse a ellos, que los potenciales jurados admitieron de inmediato que tendrían temor a las represalias “si no regresaban con un veredicto de acuerdo con el sentir de la comunidad cubana”.

Sin dudas, es extraordinario el poder de un exilio que ha logrado dominar la política local de una forma única en la experiencia de los inmigrantes.

Durante dos generaciones, allí se han elegido tres cubanos inflexiblemente anti-Castro para el Congreso de Estados Unidos. Uno de ellos es la exponente de la extrema derecha Ileana Ros-Lehtinen. Seis de los comisionados del condado son cubanos, al igual que lo es el alcalde, el fiscal del estado, el jefe de la policía del condado, el jefe de bomberos, el superintendente escolar y el rector de la universidad pública.

Allí, los caudillos de derecha deciden que solo los candidatos que adopten la postura más dura con respecto a Cuba puedan progresar en las urnas y en otros cargos de poder. Incluso, controlan la mayor parte de los medios locales de divulgación masiva.

¿Cómo será, entonces, la vida de René en esa ciudad? Si la administración del presidente Obama reconoce, a vox populi y por escrito, que en su territorio se asientan y radican terroristas, y nada hace para enfrentarlo, la intensa batalla ahora tiene que ser por el regreso de este cubano, y de sus compatriotas, a casa.

AIN

Agencia Cubana de Noticias

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