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Icono de la izquierda radical israelí, Uri Avnery quisiera salvar el proyecto sionista y limitar a la vez los sufrimientos de los palestinos. Por otro lado, apoya la colonización de Libia, a condición de que cuente con una coartada humanitaria.

Distanciándose ligeramente de su contenido, el diario italiano Il Manifesto dedica integralmente la página 9 de su edición del 2 de noviembre a un artículo de Uri Avnery. El titular sintetiza adecuadamente el contenido de ese trabajo:

«No» a la intervención de Estados Unidos en Vietnam, en Afganistán y en Irak, pero «sí» a la de la alianza atlántica en Kosovo y Libia.
Yo digo: «Bendita OTAN»
"

No quiero referirme a argumentos que ya he abordado anteriormente en múltiples ocasiones. No vale la pena polemizar con un «demócrata» que, al legitimar incluso la guerra contra Yugoslavia (desencadenada fuera de todo mandato de la ONU), se posiciona de hecho a favor de la dictadura internacional de Estados Unidos y la OTAN.

¿Vale la pena señalar que entre las intervenciones humanitarias consideradas legítimas este autor no incluye aquella que, siguiendo la misma lógica humanitaria, pudiera exigirse contra Israel, responsable del interminable martirio impuesto al pueblo palestino?

Lo que sí resulta imposible es dejar de mencionar una perla de Uri Avnery. Escribe Avnery: «Me opongo a la pena de muerte en todas sus formas. Me repugnan las ejecuciones, ya sea en Texas o en China». Es una lástima que no mencione las ejecuciones extrajudiciales que Estados Unidos e Israel cometen diariamente y que desde hace años tienen como blanco, en especial, a todo palestino sobre el que recaiga la más mínima sospecha de ser «terrorista» o de tener al menos la intención de oponer algún tipo de resistencia a la ocupación. «La pena de muerte en todas sus formas» le parece «repugnante».

En todas sus formas menos la más odiosa, la que se decreta fuera de todo tribunal y de todo juicio legal y que a menudo se acompaña de «daños colaterales» al costar incluso las vidas de parientes y amigos –incluyendo mujeres y niños– de quienes son condenados a muerte sin haber sido procesados.