por Guillermo Olivera Díaz; [email protected]

10-12-2011

Cuando escuché la noticia de la renuncia del Primer Ministro Salomón Lerner Ghitis, de origen judío, sentí, como muchos peruanos, una verdadera emoción acrisolada; se trocó en vívida alegría cuando dijeron que era irrevocable. Pensé que era el turno del Presidente de acercarse a sus promesas electorales, sin traición.

De modo irrefragable asocié la imagen del saliente con la ex Telefónica, hoy MOVISTAR, y la renovación escondida, hipertrofiada de runrunes, de la vencida concesión por el dilatado lapso de 20 años más, secundando los 20 de entrega que pergeñó Fujimori, con la asesoría y penumbra de Montesinos. El solo hecho que estos dos personajes purguen condena nos dice mucho de la forma de concesión endosada.

¿Dos décadas más, de tan rentable negocio con mercado cautivo, a cambio de qué para el país? ¿De un Internet que en la mayoría de provincias, como Chota y Cajamarca, es penosa, porque casi nunca llega la señal y cuando arriba ya los ánimos están exasperados? ¿De una renta básica de telefonía fija que se paga aunque no se haga una llamada al mes? ¿De unos equipos de celular que, como sus baterías, hay que cambiar sí o sí al capricho de la concesionaria española? ¿Del corte del servicio de televisión por cable, internet, celular y teléfono fijo por la pequeña demora del pago de renta de un mes, sin juicio alguno?, amén de otros modos abusivos, como el cobro de llamadas no realizadas, de esta malhadada concesión.

Del mismo modo vino a mi mente su viaje a Cajamarca, acompañado de 3 ministros más, a dizque dialogar con mis paisanos sobre el Proyecto minero Conga, a condición de que se acepte la desaparición de 4 lagunas naturales, dicen que son 7, para tomar de su lecho el oro allí supuesto y dos de ellas que sirvan de sepulcro de desmontes y relaves en vez de agua; e, igualmente, se acepte el tasajeo de los cerros y su verdor mediante tajos abiertos de dos kilómetros de largo (2,000 metros) y unos 500 metros de profundidad, ya que ha convencido al Presidente que el “subsuelo es de todos los peruanos”, que su venta se decide en Lima, sin importarle de quiénes es el suelo, o sea, el terreno superficial, el que hay que destrozar y desaparecer cuando el tajo abierto significa tasajear a toda la superficie, hasta tornarla inservible como desierto lunar. ¡El oro extraído se esfuma y quedan los enormes tajos mostrando la pobreza!

Mientras la ausencia del saliente Salomón Lerner de esta Capital, con 3 ministros menos que también pernoctaron en Cajamarca: ¿cómo pudo presidir un Consejo de Ministros en Lima, para acordar un Régimen de Excepción como es el Estado de Emergencia en 4 provincias cajamarquinas? ¿Aconsejó de este modo al Presidente o lo hizo de un modo judío tenebroso en violación del Art. 137° de la Constitución Política que exige tal acuerdo?

¡Qué bien, entonces, que se haya, o lo hayan, apartado del gobierno!; celebro esta repentina salida con insobornable fruición. La prensa y el capital nacional y extranjero que lo apadrinan estarán plañideros a raudales; mañana todas las primeras páginas se ocuparán del suceso, con sentido apocalíptico, salvo que enroquen a su remplazo con el mismo perfil o talante mercantilista.

Ojalá que Nadine Heredia de Humala se acuerde que su respetable madre es cutervina de nacimiento, del distrito de San Andrés, al lado de Pimpingos, y que los del caserío Panamá votaron por su esposo para Presidente, sin atisbar que Salomón Lerner los negaría una y otra vez.

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