por Guillermo Olivera Díaz; [email protected]

3-4-2012

Tan pronto fue juzgado con ruido estentóreo en un recinto judicial del saturado penal de Lurigancho Antauro Humala Tasso, el hermano del presidente Ollanta, comenzó a purgar su condena en “Piedras Gordas”, centro penitenciario dicen de máxima seguridad; luego fue trasladado al pequeño penal improvisado “Virgen de la Merced” dentro del Cuartel Militar de Chorrillos; y, finalmente, por reñidos actos de indisciplina ha sido confinado en el archiseguro Centro de Reclusión (CEREC) de la Base Naval del Callao.

Fueron Montesinos Torres y Alberto Fujimori los creadores de esta última cárcel para destino de condenados por terrorismo. Allí están Abimael Guzmán y el mismo mentor del establecimiento: el inefable Vladimiro; sólo falta el interno de la DIROES.

Lo sorprendente es la velocidad del rayo con que se operan estos traslados, en virtud del Decreto Supremo N° 010-2012-JUS rubricado por el mismo Ollanta Humala, suscrito por el Primer Ministro Valdés y los ministros de Justicia, Defensa e Interior por la extrema importancia dada al caso y que publica El Peruano en su edición extraordinaria del domingo 1° de abril último. ¡Al día siguiente, a las 4 am, se produjo el abrupto traslado!

¡Se trata de un Decreto Supremo dado para modificar el anterior N° 024-2001-JUS y así posibilitar el internamiento de Antauro en ese tipo de penal! ¡Una norma específica del hermano contra el hermano, pero sin mencionar su nombre!

Ojalá que con la misma inusitada premura nuestro Presidente Ollanta rubrique otro Decreto Supremo, que firmen y sellen varios ministros, cerrando el lugar de reclusión unipersonal de lujo llamado DIROES y traslade al interno Alberto Fujimori al CEREC de la Base Naval del Callao, donde Montesinos les puede hacer la estancia más placentera relatando reminiscencias del poder ultramontano esfumado.

Sancionar la indisciplina de Antauro como borrar el privilegio de Fujimori de vivir en una “cárcel unipersonal” deben ser muestras claras de la anticorrupción prometida.

La horrenda gravedad de los delitos de un presidente en funciones, como Alberto Fujimori, con frialdad y cálculo, utilizando alevosamente la estructura del poder estatal con armas, vehículos, municiones y oscuros pagos con dinero del fisco a sus ejecutores, pesa mucho más que cualquier crimen de un hombre silvestre, emotivo y temperamental, con 4 únicas muertes aluvionales, producto del acaso y la refriega, o que la conducta díscola de alguien que más parece necesitado de figuración y estima, que la prensa alzaprima.

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