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Un viejo afiche francés pegado en la pared, se puede leer: «Electores, Ustedes han sido engañados»

Los franceses están a punto de elegir al presidente de su república, pero parecen no darse cuenta de la función [y poderes tan importante] que le van a otorgar. La campaña electoral se ha centrado en una variedad de temas escabrosos [y sin importancia], como por ejemplo si el acceso a las piscinas debe ser mixto o si es necesario poner etiquetas a la carne tipo halal, pero nunca se discutió en serio acerca de los principales atributos constitucionales del presidente: «el respeto a la Constitución, el buen funcionamiento de los poderes públicos [es decir el gobierno], la continuidad del Estado, la independencia nacional, la integridad territorial, el respeto de los tratados» (artículo 5) [1].

Es como si los franceses en general y especialmente sus 10 candidatos presidenciales hubiesen admitido tácitamente que Francia ya no es un estado independiente, que ya no son soberanos, y que por consecuencia su democracia se limita ahora solamente a la gestión de temas corrientes. De este modo se aprobó la primera innovación constitucional que tanto ha caracterizado el mandato de Nicolás Sarkozy y que fue para muchos lo siguiente: el Primer Ministro perdió en función y despejó el terreno para que el presidente se convierta de facto en jefe del gobierno. Fue un error considerar que esta nueva práctica, interpretada como siendo el fin de la función de Primer Ministro, en realidad fue más bien la función de Presidente la que ha desaparecido.

Esta caída no reconocida sigue siendo imposible de verbalizar. Por eso, cuando el candidato socialista Francois Hollande, sugirió a sus principales competidores, a excepción de la candidata Sra. Marine Le Pen, a firmar una declaración conjunta afirmando que la política de Francia hacia Siria no cambiará, independientemente de quien fuese elegido como presidente, hubieron candidatos que se negaron. Y es con razón, ya que les parecía una vergüenza confesar públicamente que la política exterior de Francia ya no se decide en el Elíseo [sede del gobierno francés en París], pero más bien en la Casa Blanca [en Washington] —la misma incluso manipulada a su vez por los grupos de presión y lobbys— y que ninguno de ellos tendría la capacidad o posibilidad de cambiar esto.

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Foto y afiche utilizado por el Partido Socialista Francés y su candidato presidencial Francois Hollande, su lema es: «El cambio es ahora»

En este traspaso, de hacer política a hacer simplemente la gestión, queda bien ilustrado con el lema utilizado por el candidato socialista Francois Hollande: «El cambio es ahora», lema que va acompañado de un movimiento de antebrazos de manera paralela, antebrazos que se acercan y se alejan [ver video abajo] movimiento que no se cansan de repetir los partidarios de esta agrupación, es más bien un signo de impotencia. Para afirmar que el cambio se limitará solamente al día de las elecciones, es tomar nota y reconocer que se renuncia a la ambición de «cambiar la sociedad», que fue buscada de manera vana por el ex presidente Francois Mitterrand; es reconocer que los electores pueden cambiar al equipo [gubernamental] que está en el poder, pero no podrán cambiar las decisiones que el equipo [gubernamental] en el poder tomó.


Clip video propagandístico del Partido Socialista y la movida de antebrazos como nuevo símbolo partidista.
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Sabiendo ya que los franceses no elegirán a su presidente sino más bien al «Primer Ministro» de esta nueva receta [es decir al Procónsul del Imperio], entonces sólo podremos comprender mejor porque los debates de la campaña electoral han sido tan estúpidos y vacíos.

El debate sobre los principios y objetivos [fundamentales del Estado] cedió su lugar a una discusión técnica entre gestores técnicos, campaña disfraza gracias a algunos meetings al aire libre con el público, ritual nostálgico de una democracia perdida. ¡Y otra vez! Mientras que los partidarios de Jean-Luc Melenchon protestaban en la Bastilla, los partidarios de Francois Hollande escuchaban un concierto en el parque de Vincennes, y los partidarios de Nicolas Sarkozy se ofrecían un espectáculo en la plaza de la Concordia bajo la mirada interesada de los multimillonarios hartos de sus millones, bien sentados en sus mesas de lujo de los hoteles Crillon y Fouquet [en París].

Durante una década, los políticos de derecha y de «izquierda» como Alain Juppé y Lionel Jospin trabajaron duro para erradicar y hacer desaparecer el sistema político pluripartidista existente en Francia a favor de un sistema bipartidista tipo anglosajón. Para ello, se inventó por primera vez el partido único de derechas y la izquierda plural, respectivamente. Sin embargo, esta primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia debe consagrar [y constatar] la división del electorado francés en cinco grandes familias políticas engendradas y nacidas de la historia nacional francesa.

• 10 millones de socialdemócratas tratan de evitar cualquier conflicto y cualquier forma de riesgo [o peligro] y cambio en la sociedad. Ellos se reúnen en torno de Francois Hollande.

• 10 millones de liberales económicos (en el sentido que se solía decir: «la derecha orleanista») que valoran o incitan el enriquecimiento personal. Se reúnen en torno de Nicolas Sarkozy.

• 6.5 millones bonapartistas esperan que un hombre fuerte muestre una meta gloriosa más allá de las divisiones políticas. Se reúnen en torno de la Sra. Marine Le Pen.

• 4 millones de socialistas utópicos que desean distribuir la riqueza individual y preservar el patrimonio colectivo. Se reúnen en torno de Jean-Luc Melenchon.

• 3 millones de Girondins [Girondinos] buscan alianzas europeas para salvar la Francia de las provincias [los intereses provinciales de Francia] de los estragos de la uniformización [de la comunidad europea]. Ellos se reúnen en torno de Francois Bayrou.

Mientras que el sistema de dos partidos [bipartidista], por ejemplo entre republicanos y demócratas, como existe en los Estados Unidos y que ofrece dos soluciones diferentes a una problemática, la división en cinco familias políticas tiene que ver con cinco problemáticas diferentes.
Estas problemáticas han sido seleccionadas probablemente por los franceses en función de los efectos que ellos resienten de la dominación imperial a los cuales están sometidos.

- Los Socialdemócratas prefieren conformarse y contentarse con la sociedad tal como es y está en lugar de embarcarse en una confrontación peligrosa con el Imperio.

- Los Liberales económicos se preguntan cómo pueden beneficiarse de la globalización [económica orquestada por el Imperio].

- Los Bonapartistas esperan la llegada de un Espartaco que los libere del Imperio.

- Los Socialistas utópicos desean administrar a Francia como una cofradía hermandad a pesar de la globalización.

- Y los Girondinos quisieran unirse con otros vasallos para juntos poder levantar la cabeza.

Cada familia política sin excepción evoca al espíritu combativo del general Charles De Gaulle y proclama su deseo de independencia contra el sistema de dominación global del Imperio anglosajón. Algunos incluso están considerando la eliminación o la retirada de algunos tratados europeos, o incluso abandonar el mando de la OTAN. Sin embargo, dichos candidatos presidenciales han tomado un cuidado meticuloso para no hablar nunca la manera de obtener esta independencia: las instrumentos para dotarse de esa defensa. Todos fingen ignorar que el Presidente de la República es el jefe de las Fuerzas Armadas de Francia (artículo 15 de la Constitución). Pero en veinte años, Francia ha reducido en seis veces menos el tamaño de su ejército.

Y cuando Nicolas Sarkozy ordenó el despliegue de las fuerzas militares francesas a lo largo de la costa de Libia, el Comando Conjunto francés señaló que estaba llevando a cabo esta misión mediante el desplazamiento y desviación de materiales y unidades de guerra necesarias para la defensa de la zona metropolitana del país. En resumen, si apenas somos capaces de defendernos en tiempos normales bajo la protección de los EE.UU., ya no tenemos la fuerza necesaria para defendernos independientemente de esta protección. Por lo tanto, todos los debates sobre la desglobalización, los servicios públicos, e incluso de democracia, son una ilusión.

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El lema «La Francia fuerte» utilizado por el actual presidente y candidado para un nuevo mandato.

Una segunda característica del mandato gubernamental de Nicolas Sarkozy, ha sido la de volver a conectarse con el colonialismo como una solución a la crisis económica y hacer intervenir las fuerzas armadas del país sin necesidad de contar con la aprobación parlamentaria.
En su cartel de la campaña, el presidente-candidato ve «La Francia fuerte» viendo más allá de los mares. De este modo, trata de justificar sus aventuras militares en Afganistán, Costa de Marfil, Libia —y en menor medida— en Siria. Todos estos crímenes, él los ha cumplido para Francia, y gracias a estas conquistas, robos y rapiñas salvó al país del desastre económico. ¡Sólo es un juego de tontos! En realidad, Francia ha pagado y seguirá pagando por estas lejanas guerras que han enriquecido más al Imperio y unas cuantas multinacionales, pero no a los franceses. Los cínicos que han olvidado los principios [humanos, éticos y morales] viven con la esperanza de un retorno de la inversión [y beneficios] pero van a sufrir la deshonra y pagar además las cuentas adicionales.

10 millones de votantes no acudirán a las urnas para votar. Entre ellos, los franceses que no están interesados en los asuntos públicos, sino también millones de ciudadanos que sacan las consecuencias de una tercera innovación constitucional de Nicolas Sarkozy. No podiendo cancelar el resultado negativo del referéndum sobre el proyecto de Constitución Europea, el Presidente ha hecho adoptar una ley similar por el Parlamento reunido en Congreso. De esta manera, los representantes del pueblo se han burlado de la decisión de sus electores [del pueblo]. Por lo tanto, algunos votantes se niegan a legitimar la continuación de esta farsa con su participación, con el riesgo de endurecer más el bloqueo institucional.

En definitiva, treinta millones de franceses elegirán a su «Primer Ministro», es decir el Procónsul del Imperio, durante un escrutinio a dos vueltas, el domingo 22 de abril y el 6 de mayo de 2012.

Traducción del francés al castellano para la Red Voltaire efectuada por:
SC & HV Asociados.

[1] La cita exacta dice: «El Presidente de la República velará por el cumplimiento de la Constitución. Él garantiza, por su arbitraje, el buen funcionamiento de los poderes públicos (gobierno) y la continuidad del Estado. Él es el garante de la independencia nacional, de la integridad territorial y la observancia y respeto de los tratados».