Desde aquel año cuando Chile país con el que no teníamos límites de ninguna especie, nos declarara la guerra que culminó en la quiebra y la fractura integral más luenga de la historia, Perú, su Estado, sus diferentes gobiernos e instituciones, tienen pendiente una asunto a sí mismos. ¡No al sur o a ningún otro punto cardinal: Perú se debe una respuesta integral, propia, crítica, exigente, raigal y constructiva!

Sólo dos términos conmueven el espíritu nacional hasta la fibra más íntima: los sismos que nadie puede predecir o en su intensidad u ocurrencia y cuanto se refiera a Chile hoy en contienda jurídica con Perú porque hemos llevado a los del sur a la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Y este año en su último tramo se verificarán las audiencias sobre el contencioso marítimo.

Ser precisos y sinceros constituye la plataforma príncipe sobre la que el país debe mirar en pro de resolver y conjurar el pasado para hacer de hoy el porvenir que la Nación ambiciona en paz, con desarrollo e integración social en lo interno y complementariedad paciente y decorosa con los vecinos del sur y bajo la premisa que no hay otra forma que ceñirse a la vieja conseja: la unión hace la fuerza.

Ignorar, por desconocimiento, falta de información, estupidez o complicidad con los potenciales invasores, lo que está en juego, sólo puede atribuirse a una capacidad auto-destructiva de la cual hay múltiples demostraciones a lo largo de la historia republicana. A ese fenómeno auto-liquidador, las castas dirigentes blancas, endogámicas, atiborradas de estulticia cretina, también han agregado la especie de la “amnesia popular” porque los pueblos no “recuerdan”. ¿Qué podrían rememorar millones de peruanos con el bombardeo sangriento de idiotez masiva que se expone en radioemisoras, canales televisivos y diarios impresos?

No hay en Perú sentimiento que abarque con capacidad suficiente y en común a los habitantes de este país que transformar la difícil vecindad con Chile, de la que hablaba Alfonso Benavides Correa, en una complementariedad constructiva, leal y por los próximos decenios. En ¿Gas para Chile? ¡Cómo no! Pero............. http://www.voltairenet.org/article1... (8-5-2008) aventuré la siguiente consideración:

“¿Gas para Chile? ¡Cómo no! Pero.............

Si vamos hacia la complementariedad entrambas naciones, y con un litigio en curso ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por una delimitación marítima inexistente, Chile está en la obligación de comprometerse ante la Comunidad Internacional que respetará aquel fallo y que retirará cualquier fuerza naval chilena del Mar de Grau y en abono de la creación delimitatoria en esa parte de nuestra fronteras que, como lo dice el Tratado de 1929, reconoce su inicio en el Punto Concordia.

¿Gas para Chile? ¡Cómo no! Pero.............

Si se establece el límite marítimo, abandonada cualquier usurpación del Mar de Grau, no hay, entonces, sino paso abierto y franco a una hermandad y complementariedad que deben sellar la paz definitiva. Por tanto, Chile debe eliminar, suprimir, ese impuesto del 10% que Codelco otorga a las Fuerzas Armadas de su país. La paz no presupone inversiones millonarias en armas que sólo sirven para matar a los supuestos o reales enemigos. Y si ya no existe esa especie, merced a la paz conquistada, ¿qué justificación tiene semejante presión tributaria?”

A su vez, Perú podría impulsar la construcción de un megahospital en Tacna, modesta idea sobre la que anoté en ¡Megahospital en Tacna! http://www.voltairenet.org/article1...

“Si declináramos, con óptica de hombres de Estado, la algarada episódica y nos alzáramos sobre una visión geopolítica y merced a la información reciente, planeáramos un elemento adicional a la complementariedad con Chile, la vecindad con Bolivia y, sobre todo, a una regia atención de salud integral para todo el sur peruano, entonces la nación, el Estado, el gobierno central y el regional, debían de construir el Megahospital en Tacna con capacidad de atender los requerimientos de miles de connacionales y visitantes cuyos dólares y gastos afincan en la región, fortaleciendo una cultura de paz, un edificio de futuro, una sociedad libre, justa y culta.

Si usamos imaginariamente un compás y la punta se presiona en un mapa justo donde está Tacna y la otra punta busca identificar el radio de su influencia, veremos que es un sitio extraordinario y sobre el cual el Estado debía planear como meta imprescindible, de valor geopolítico y de salud indubitables, el levantamiento de un megahospital, núcleo completo para el tratamiento multidisciplinario de enfermedades para toda la zona, siendo la única condición el presentarse y sufragar los costos que franqueen ese servicio.

Si esto es exacto, los números no mienten, entonces estamos frente a un asunto cuyo reto nos abofetea irremisiblemente: ¿cómo es que hasta ahora no se ha construido el megahospital en Tacna, tan o más grande que cualquiera de los existentes en alguna otra parte del Perú? Para hacerlo atractivo hay que formar la sociedad de gestión con los mismos médicos o centros asistenciales privados y públicos que quieran participar en el gran proyecto y hacerlo realidad en el próximo lustro. ¡No interesa, para nada, quién tenga el gobierno, hay que hacer la obra porque va a pesar no hacerlo! Amén que si las demostraciones actuales subrayan que el nivel de la práctica medicinal y de salud es superior en Perú y aceptable para los que vienen de Chile, entonces ¿por causa de qué no extenderla con genialidad previsora hacia los bolivianos y, sobre todo, a los compatricios de medio Perú en la zona sur? Nada se opone a esta gran idea.”

En cualquier caso requiérese de políticos enterizos capaces de mirar el horizonte y con una concepción nacional y geopolítica de los intereses del Estado peruano al margen de banderías y parroquias; también se precisa de una vanguardia empresarial que formule cómo la complementariedad puede potenciar fortalezas y superar debilidades en conjunto con los del sur; y, ciertamente una población entrenada en el conocimiento minucioso de qué queremos, por causa de qué y cómo vamos a hacerlo, en suma un Estado Resistente capaz de liderar la posibilidad de la gran respuesta que Perú se debe desde 1879. En otro texto más reciente, El Estado Resistente y urgencias premiosas http://www.voltairenet.org/El-Estad..., 8-3-2012, anoté:

“No hay tarea más urgente, como su nombre lo indica, para un Estado integral, que el de pilotear la resistencia como lucha nacional por la soberanía política, geopolítica, empresarial, comercial y popular. El Estado Resistente, por encima de parroquias o fratricidas divisiones debe congregar un frente único de capitales nacionales, trabajadores, empresarios, diplomáticos, periodistas, fuerzas armadas, organizaciones civiles y profesionales que construya los parapetos de la defensa doctrinaria y material y acaso, en horas no descartables, lidere el combate desalojador de los invasores. Ninguna creación, en la hora presente, será más gloriosa o heroica, que forjar esta ambiciosa e imprescindible herramienta de Resistencia Nacional como política de Estado.

Los clubes electorales que sólo viven para épocas de esta índole, deben entender que o siguen así y se esclerosan con un cáncer insalvable o comprenden que la pelea tendrá que ser vía un nuevo contrato social que los involucre en la lucha nacional de resistencia contra el invasor para conducir la acción política y guerrera contra cualquier amenaza foránea. Tal como están los “partidos”, sólo compiten en colocar ganapanes y pobres diablos esquilmadores del Estado cada 5 años y para avituallar al Poder Judicial de casos delictivos que jamás serán resueltos y sí, algunas veces, prescritos. ¿No fue esa la que salvó a un ex presidente incapaz de demostrar cómo es que vivía en Colombia y en París de forma millonaria, siendo que en Perú todos saben que jamás trabajó en su vida? Y el muy sinverguenza quiere ir por una tercera “oportunidad”.”

Aplazar definiciones como la presente, humilde pero patriótica o caminar por otras superiores es tarea irrecusable. Es abyecto demorar determinaciones cuando los plazos se cumplen y la historia nos enseña qué ocurre cuando el país está desarmado que no es garantía de paz sino presa apetecible.

Repetimos: Perú y su respuesta pendiente desde 1879

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