Autor: Álvaro Cepeda Neri * Sección: Conjeturas

27 abril 2012 En 1892 se celebró esa gesta en Chihuahua. Y hasta 1913, en pleno golpe de Estado de Victoriano Huerta, los trabajadores mexicanos desafiaron el golpismo con una gran concentración y una marcha al Zócalo de la capital del país (existe una documentación mundial de varios autores, dirigida por Louis-Henri Parias, en cuatro tomos, titulada Historia general del trabajo, editorial Grijalbo).

En nuestro país, los trabajadores formalmente contratados y los que sin papelito habla invierten su fuerza de trabajo, sobreviven una de las peores situaciones laborales, porque el calderonismo y el Partido Acción Nacional (PAN) se han aliado con los patrones para explotarlos inmisericordes, por ya no estar vigente plenamente el Artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Y desde el priísmo delamadridista, han esclavizado a los trabajadores hasta tenerlos con salarios de hambre, casi sin prestaciones (al abolir los mínimos del Estado de Bienestar) y prohibirles las huelgas por la intermediación represiva de las Juntas de Conciliación y Arbitraje que se han puesto al servicio de sindicatos blancos, gestores patronales “rompehuelgas” y una Secretaría del Trabajo que mantiene bien puesta la soga al cuello del obrero.

Con esos trabajadores están los desempleados, los despedidos y quienes, egresados de escuelas de estudios superiores, no tienen acceso a ninguna plaza, ya que lo único que ha generado el calderonismo es desempleo y ese fenómeno nini (jóvenes que ni estudian ni trabajan), aunado a que “no hay cupo” en universidades o escuelas e institutos tecnológicos públicos. Las instituciones privadas han encarecido las colegiaturas para que ingresen sólo los hijos de los ricos… Pues los hijos de los millonarios y multimillonarios se van al extranjero para luego regresar a ocupar las plazas en las empresas familiares. Así, desempleados y trabajadores habrán de unirse para salir a las calles y demandar soluciones laborales, exigir el cumplimiento de la obligación gubernamental de crear espacios para satisfacer esa demanda de trabajo como lo establece la Constitución. Si empleados y desempleados no salen a la calle, al margen de las marchas controladas por el sindicalismo cómplice, entonces se vivirán días muy tensos a causa del hambre, pues ni siquiera los que sí perciben un salario alcanzan a comprar lo que estos mismos patrones encarecen. Ha llegado el momento de celebrar con demandas el Día del Trabajo. Se trata de honrar la gesta de Chicago. Y para eso nada como la unión obrero-campesina (lo urbano y lo rural), para un frente común de lucha por el trabajo con todos sus derechos y conquistas.

*Periodista