Comoquiera que el aún primer ministro Valdés dijo públicamente que este jueves 21-6-2012 el gobierno definiría la suerte del proyecto minero Conga, me salté de un noticiario a otro para escuchar la anunciada expresión.

Me llevé un chasco peliagudo más. Ni chis ni mus.

Señor presidente Humala: ¿Es esta vacilación e incumplimiento parte de la "nueva relación con la minería" que ha ido lejos a Brasil a anunciar, aunque sin dotarla de contenido alguno, lo que nunca hizo en Perú? ¿"Nueva vacua relación" con los proyectos antiguos como Conga o sólo con los nuevos si es que vienen?

¿Cabe dentro de ella, que Valdés comprometa su palabra y que su vacilante gobierno dos días después la incumpla?

¡Quisiera estar dotado de telescopio para pretender descubrir en qué consiste esa "nueva relación gaseosa" con la minería! ¿La tiene definida su enigmático magín o se le chispoteó una vez más como gobernante nugatorio?

¡Vaya hombre, anímese y cuéntenosla antes que sea demasiado tarde o nos la cante otro gallo!

Mientras tanto, mi modesto consejo. Para que su frase deje de ser infeliz y pase a ser sensata, corríjala, en el sentido que esa "nueva relación con la minería" no la decidirá su ilustrada cabecita, sino una ley marco que alguien proyecte o proponga (pudiendo ser usted mismo con Valdés al lado), se debata ampliamente en el Congreso de la República, en comisiones, en el pleno, recibiendo la opinión de los pueblos concernidos, de expertos en la materia minera y hasta de los Roque Benavides. Estos últimos deben cuantificar en palabras lo que están dispuestos a ganar con su inversión en la extracción de la riqueza ajena del subsuelo peruano, o sea, que morigeren su angurria o crematofilia siempre rampante.

¡Ningún presidente constitucional, por más elegido que sea, está autorizado por sus mandantes, a decidir por sí y ante sí, el destino de la minería y la nueva relación que con ella debemos tener. Dixit!

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