¿Cuánto produce la Iglesia Católica en el sistema económico peruano? ¿qué lugar ocupa en la producción, exporta bienes no tradicionales, manufactura, servicios, máquinas-herramientas, ensambla autos o algo por el estilo? Lo lógico y justo es que si no produce para el bien común del Estado peruano, tampoco debiera tener un tratamiento especial que incluye sueldos, NO pago de impuestos de ninguna especie, exenciones tributarias diversas ante municipalidades, agua, electricidad, etc, y que están a cargo de algunos pliegos ministeriales. ¿No es cierto? Pero no es así.

El cardenal peruano Juan Luis Cipriani y líder del Opus Dei dedicó líneas fundamentales y subliminales a defender el único tratado que hay entre el Estado peruano y el Estado vaticano: el Concordato. ¿Y qué es el Concordato? Es el tratado internacional firmado por la junta militar en 1980, entre gallos y medianoche, y la Iglesia Católica. ¡Ni siquiera se publicó en El Peruano! En El totalitarismo católico en el Perú http://www.voltairenet.org/El-total... hay información ¡jamás rebatida desde hace largos años!

¿Puede asombrar que el “mensaje” del cardenal Cipriani haya sido más rico, en forma y fondo, que el pronunciado por quien sí está facultado e investido para hacerlo, el presidente Humala? ¡De ninguna manera! El prelado Cipriani sólo defiende el privilegio que significa un tratado internacional que ningún Congreso, desde 1980, ha discutido y ¡mucho menos aprobado!

Además no sorprende que el cardenal Cipriani defienda el Concordato. El poder transnacional que influye en diversas áreas del comportamiento del gobierno también se manifiesta en su correa de transmisión vía Cipriani que se desgañita demandando que el Estado peruano respete “tratados internacionales”. Estamos de acuerdo, por tanto, monseñor por fuerza también tiene que convenir con nosotros en preguntar: ¿qué Poder Legislativo ha refrendado dicho “tratado” que sí afecta tributaria y económicamente al Perú?

Cuando alguien no paga impuestos, es decir, los birla, con pretextos diversos y múltiples como, por ejemplo, un “tratado internacional” que sólo privilegia y consagra una situación distinta y favoreciendo a la Iglesia Católica, le cae la Sunat con su poder investigador y auditor. De manera que sería muy interesante que nos mostraran la bondad legal de un “tratado” clandestino que sí provoca fugas de dinero al Estado. ¿Quién paga a improductivos a lo largo y ancho del país? ¿quién sufraga esos gastos de toda índole que la Iglesia Católica NO paga como el resto de peruanos? En Sudáfrica el monstruoso apartheid consagró la primacía absurda y ominosa de los blancos. ¿No hay en el Perú un apartheid económico, una situación desigual y discriminatoria que exime de impuestos a la Iglesia Católica?

Si a alguien se le ocurre la especie mañosa y muy vieja de soltar alaridos para “denunciar” que estamos atacando la fe, hay que desmentirlo categóricamente. Quien desee ser católico que lo sea, que rece, cumpla con sus preceptos y sea un fiel concurrente a misas y ceremonias. Nadie puede ser atacado por razón de sus ideas o creencias religiosas. Pero ¡tampoco! hay que satanizar a quien pide el cumplimiento del pago de tributos por parte de la Iglesia Católica que no lo hace porque ¡precisamente! posee un “tratado internacional” que los desvincula de esa obligación que sí paga el resto de ciudadanos, católicos incluidos.

Otra demostración del poder: ¡todos los medios de comunicación, escritos, televisivos y radiales han destacado el conjunto de expresiones del cardenal Cipriani. ¿Por causa de qué se atribuye importancia a quien no la tiene? Basta con no hacerle caso. Pero, ciertamente –y todos lo saben- hay mucho más en juego. El Vaticano tiene poderosos tentáculos y logra que jefes de Estado o ex presidentes protagonicen ridículos besamanos, adhesiones calurosas –y cálidamente hipócritas- o escenas de servilismos vomitivos para con su delegado nacional, Juan Luis Cipriani. Los cipayos de nuevo cuño están en todos lados: el Congreso, los ministerios, la sociedad, los clubes electorales, distritales, provinciales. En cada provincia o distrito del país hay un local eclesiástico donde se ofician misas y elaboran planes políticos.

¿Se atreverá el Congreso a reclamar que en agenda se ponga la discusión, aprobación o eliminación radical y terminal del Concordato? ¡Pamplinas! Las sotanas también se transforman en saco y corbata y vasallaje ramplón cuando se trata de cuestionar el poder real, el que toma decisiones que cumplen gobiernos sin casta o dignidad cívica.

El señor Cipriani sólo defiende el privilegio de la Iglesia Católica. Así de simple y ese es su “mensaje”.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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