Esta sociedad pacata solo se ocupa hoy del velozmente llamado “descuartizador de la maleta”, Ricardo Vásquez Mori, cuya víctima, Enrique Arméstar Ancy (27), fue cercenada en 29 pedazos con motossierra, como efecto seguro de los recónditos meandros de la homosexualidad celotípica. Los blogs y webs, de todo pelaje, inundan el orbe con información escabrosa, porque saben que es leída. La masa popular, mediocrizada y alienada, está hecha para eso, para regodearse con el titular de la esquina de periódicos.

Por ahí leí una frase impactante por su realismo: “Todos llevamos un descuartizador dentro”, que me llevó a recordar esta otra de mis estudios de Criminología, matizados con Derecho Penal y Proceso Penal: “todo el mundo es culpable menos el criminal”, por ser la necesaria consecuencia del condicionamiento social que abona al ser biológico cromosomático.

Desde mi óptica, creo que es tiempo de ocuparse de los descuartizadores del tejido social, que lo han convertido en miles de pedacitos preñados de odio, codicia competitiva y venganza, de los cuales la violencia es natural; y del tejido político, hecho con fina maestría a imagen, semejanza e interés de los pocos beneficiarios del poder, en detrimento de los más.

He aquí un ejemplo de horripilante descuartizamiento, consumado por Alberto Fujimori, quien incluso fue nuestro presidente por 10 años y quería más. Se trata de su creatura malévola, por mí denominada: partidos políticos a granel: 1. Cambio 90; 2. Nueva Mayoría; 3. Vamos Vecino; 4. Sí Cumple; 5. Perú 2000; 6. Alianza por el Futuro (AF); 7. Fuerza 2011; y 8. Fuerza Popular. Con esta última su heredera aspira y sueña con la presidencia.

La sola relación demuestra que prosigue tortuoso e igual descuartizador el Chino (AF), tal como su entrañable Keiko. Sus espumeantes creaturas buscan la manipulación del electorado. Ahora sabemos que el “cambio” prometido, con la “mayoría de vecinos”, sí cumplió; actuaron con singular fuerza oscura hasta encarcelarlo en DIROES. Por el momento, con su eros encadenado, requiere otra “fuerza popular”, que vote ciegamente, siempre engatusada, dizque, para liberarlo por aclamación.

Si añadimos a esta maquinación mefistofélica la de otros, tan descuartizadores como el nipón reseñado, debemos preguntarnos: ¿Es concebible este modo atípico, vil y engañoso, de inventar partidos políticos, con prestidigitación, buscando manipular al electorado y gobernar seriamente un país?

Por esta reprochable urdimbre adolezco de militancia partidaria, ni estoy detrás de ser vocal supremo, ni miembro del Tribunal Constitucional o del Consejo Nacional de la Magistratura, pese a ser abogado con 42 años de alguna experiencia.

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