Aun si la Comisión parlamentaria que preside Sergio Tejada, procurara urgentemente el acta de la sesión en que se acordó el tema de la refacción de los colegios emblemáticos y no se encontrara lo del Estadio Nacional y sus S/ 213 millones de costo contrabandeado después en una Fe de Erratas, no se podría poner ante la justicia ordinaria al ex ministro Chang y al dicharachero ex mandatario Alan García Pérez. Poseen ellos el blindaje del antejuicio y sólo el Congreso podría investigar, con largas luengas, al ex jefe de Estado, liberarlo, darle las gracias y hasta felicitarlo. Y, en caso remoto, ponerlo a disposición del Fiscal de la Nación y del Poder Judicial.

La llamada “megacomisión” ha inclinado equivocadamente el acento en una supuesta infracción constitucional de García Pérez. Por tanto, por esa simpleza podría salir bien librado. Lo que debe subrayarse es que con este asunto de tan escaso empaque, el voluminoso García podría fácil y “creíblemente” llamarse perseguido político, mártir y hasta valiente defensor de la democracia. Quienes le conocen saben de su gallardía correlona cuando las papas queman.

En artículo del 7 del mes pasado, escribió en Megacomisión consagra “inocencia” de Alan García http://www.voltairenet.org/Megacomi... el doctor Guillermo Olivera Díaz, los siguientes imbatibles párrafos que causaron ira y migrañas a no pocos:

“Mucho ruido somatotónico, pero pocas nueces, en favor increíble pero cierto de García. Ningún día de cárcel, ni siquiera un minuto, para el grandulón ex mandatario: así ha concluido la Megacomisión diminuta de Sergio Tejada Galindo de las filas de Gana Perú de Ollanta Humala, pues en su concepto, luego de mucho dinero gastado, no ha cometido delito alguno, ni el más venial;... únicamente Alan García es inocentón autor de infracción Constitucional, por cuya levedad recomienda sea denunciado ante el Congreso; ergo, se repetirá el show mediático en el trámite del antejuicio o acusación constitucional (Art. 100°, Constitución Política).

Vea el emperifollado Informe de este gaseoso órgano congresal y pásmense como nosotros. ¿No es por esto también que el pueblo se revela y se torna violento?

¿Cuánto de carcelería corresponde a un infractor de la Constitución de Fujimori? Nada, es decir, cero.

¿Están tipificados los contornos de una infracción constitucional? No, en ninguna parte. No existe norma constitucional, legal ni reglamentaria que la defina.

¿Se ocupa el Derecho Penal de esta leve y eufemística monserga? No, porque no es delito, ni falta penal. El Código Penal ni siquiera hace mención de la frase "infracción constitucional".

El conchabo infame ha logrado su round trip, viaje completo: mientras algunos inmorales distraen a la opinión pública con sus mediocres presentaciones en televisión y lanzan globos de ensayo, el ex presidente consigue que los parlamentarios no lo acusen de delito alguno. El dicho reza: guarda pan para mayo. En este caso hay que pavimentar el camino de la impunidad para cuando se abandone la primera magistratura y entonces ¡todos felices!”.

Los plazos para una acusación congresal, de llegarse a ese punto, son infinitos, están expuestos a las majaderías mañosas de cundas diestros y siniestros y en las altas cumbres se lleva a cabo el pacto infame y tácito de hablar a media voz. De manera que la caja de resonancia que está en Plaza Bolívar no sirve para gran cosa, salvo para alimentar a legisladores, batallones de asesores y decenas de secretarias cuya labor sacrificada casi nunca se reconoce.

La “megacomisión” es una megailusión inepta hasta para entender la enorme responsabilidad que le cabía para llevar a la cárcel a varios delincuentes que buscan tentar el solio presidencial por tercera vez y con aquél toda la banda de capituleros hoy con bajo perfil, fuera del país o viviendo de lo expoliado a la Nación.

Decía bien don Manuel González Prada en Los honorables, 1914:

“Porque en todas las instituciones nacionales y en todos los ramos de la administración pública sucede lo mismo que en el Parlamento: los reverendísimos, los excelentísimos, los ilustrísimos y los useseñorías valen tanto como los honorables. Aquí ninguno vive su vida verdadera, que todos hacen su papel en la gran farsa. El sabio no es tal sabio; el rico, tal rico; el héroe, tal héroe; el católico, tal católico; ni el librepensador, tal librepensador. Quizá los hombres no son tales hombres ni las mujeres son tales mujeres. Sin embargo, no faltan personas graves que toman a lo serio las cosas. ¡Tomar a lo serio cosas del Perú!

Esto no es república sino mojiganga.”

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