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Los sunnitas patriotas, muralla ante la discordia sectaria

Se intensifican los esfuerzos tendientes a provocar un conflicto comunitario y sectario en la región arabo-musulmana para así dividirla. Los israelíes ya prevén el desmembramiento de Siria, del Líbano y de Irak, mientras que Estados Unidos se empeña en provocar baños de sangre en grandes países del Medio Oriente ampliado, como Irán y Pakistán, a través de movimientos terroristas y takfiristas que actúan bajo la divisa de la liberación del Baluchistán.

El Líbano vive desde hace años bajo la amenaza del conflicto sectario, que está convirtiéndose en un peligro real. En los últimos años se han producido numerosos intentos de provocar enfrentamientos que encenderían la chispa de una discordia que puede hacerse rápidamente incontrolable, ya sea a través del desplazamiento de los combates de Bab Tebbané y Jabal Mohsen, en Trípoli, hacia otras zonas o provocando enfrentamientos en Tarik Jdidé. El secuestro de los peregrinos libaneses que, desde el 20 de mayo, siguen retenidos como rehenes en Siria también forma parte de esos intentos.

Quienes planearon esos incidentes han tratado en cada ocasión de suscitar reacciones sectarias y de sembrar el desorden y el caos. Han tratado a toda costa de provocar un enfrentamiento o al menos fricciones. Pero han fracasado, hasta el momento, debido a la decisión del Hezbollah y del Movimiento Amal de no dejarse arrastrar a un enfrentamiento sectario. Decepcionados ante su propio fiasco, los provocadores han puesto ese trabajo sucio en manos del jeque Ahmad Al-Assir, que pronuncia sermones sectarios y provocadores, con la esperanza de suscitar reacciones similares en las filas del otro bando. Sin embargo, a pesar de que ese jeque integrista ha sobrepasado todos los límites, y del laxismo de las autoridades y de los responsables en materia de seguridad ante ese discurso extremista prohibido por las leyes libanesas; a pesar de la complicidad de numerosos medios de prensa inscritos en las hojas de pago de los países del Golfo y de sus representantes en Líbano, Amal, el Hezbollah y sus aliados no han caído en la trampa.

El cierre de la carretera del sur del Líbano al nivel de Saida por los partidarios del jeque Al-Assir ha mostrado en qué debe basarse la respuesta a esas provocaciones. Los dirigentes patriotas de esa ciudad se han levantado para evitar la fitna [La guerra religiosa entre chiitas y sunnitas. Nota del Traductor.], dando a la ciudad su papel nacional e instaurando allí un nuevo equilibrio popular y político. Esa actitud hizo fracasar la iniciativa del jeque Al-Assir, que esperaba provocar choques entre personas de diferentes religiones. En vez de ello, fueron los mismos hijos de Saida quienes se opusieron a él. Sus jefes se esforzaron entonces por encontrarle una puerta de escape y su manifestación fue desmantelada sin lograr los objetivos que se había fijado, que era el examen «serio» de la cuestión de las armas de la resistencia. Esta vez han salido a la luz pública los vínculos que existen entre Al-Assir y la Corriente del Futuro (CDF) debido al encuentro entre el jeque integrista y Ahmad Hariri, secretario general de la CDF y a la decisión de ese movimiento de no apoyar la huelga en Saida.

La conclusión que se puede sacar de esos acontecimientos es que las fuerzas realmente nacionalistas son capaces de impedir la discordia. En ese contexto, las fuerzas y personalidades sunnitas patrióticas, que comparten con sus seguidores los principios y valores de la resistencia y su apego a la identidad árabe, pueden desempeñar un papel protagónico. De la misma manera, la participación de medios de prensa en ese complot puede contrarrestarse a través de una batalla política y jurídica en el Consejo de ministros para privar a los «partidarios de la discordia» de la cobertura mediática que actualmente tienen.

La resistencia y las fuerzas patrióticas siempre han dado muestras de una paciencia ejemplar en el tratamiento de los temas nacionales sensibles, poniendo a la cabeza de sus prioridades la necesidad de evitar la fitna. Sus enemigos han explotado esa paciencia para multiplicar las provocaciones y hacer avanzar sus propios planes, apostando al silencio de la Resistencia, cuyo apego a la unidad nacional se ha convertido, por muy paradójico que pueda parecer, en una debilidad.

La experiencia de los últimos meses ha demostrado que los líderes sunnitas patriotas son aliado confiable con quien se puede contar. Disponen de una base popular y de un prestigio político capaces de impedir que caigamos en el baño de sangre que tanto se esfuerzan en provocar los servicios de inteligencia de los países del Golfo y sus mentores occidentales e israelíes.

Fuente
New Orient News