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La tendencia en el Líbano

Benedicto XVI en Líbano: rechazo del fundamentalismo y llamado al cese de la introducción de armas en Siria

Aunque no lo dijo explícitamente, en sus numerosos discursos en el Líbano el Papa Benedicto XVI criticó las políticas occidentales, o al menos, los resultados de esas políticas, al denunciar el fundamentalismo y al llamar al cese del envío de armas a Siria, contrariamente a los deseos de las petromonarquías del Golfo y de Turquía, que están armando a los grupos rebeldes. El Sumo Pontífice lanzó un vibrante llamado a la moderación, a la convivencia entre musulmanes y cristianos, en un momento en que las políticas occidentales favorecen el desarrollo del extremismo musulmán, como se ha demostrado en los países de la llamada primavera árabe, en Siria y en Líbano. «El fundamentalismo es siempre una falsificación de la religión. La deber de la Iglesia y de las religiones es purificarse. Ese deber debe dejar claro que cada hombre es una imagen de Dios que nosotros estamos obligados a respetar en el otro», dijo el Papa a los periodistas que lo acompañaron en su avión durante el viaje entre Roma y Beirut. Para Benedicto XVI, «el mensaje fundamental de la región debe ser en contra de la violencia, que es una falsificación, al igual que el fundamentalismo».

Para el Sumo Pontífice, «la importación de armas debe cesar de una vez y por todas, ya que sin importación de armas, la guerra no podría continuar» en Siria. «En vez de importar armas, lo cual constituye un grave pecado, sería conveniente importar ideas de paz, de creatividad, de amor al prójimo. Hay que pedir a los políticos que se impliquen realmente con todas sus fuerzas, con creatividad, a favor de la paz, en contra de la violencia», agregó el Papa.

Al día siguiente, el presidente sirio Bachar al-Assad llamó a un diálogo entre sirios al reunirse con el emisario internacional Lakhdar Brahimi. «El verdadero problema en Siria es combinar el aspecto político y el trabajo en el terreno. El trabajo en el aspecto político sigue desarrollándose, esencialmente a través de un llamado a un diálogo centrado en las aspiraciones del pueblo sirio», dijo el presidente al-Assad.

Durante el segundo día de su visita al Líbano, el Sumo Pontífice visitó el palacio presidencial de Baabda. En su discurso pronunciado allí, el tercero desde su llegada a Beirut, el Papa exhortó a los pueblos del Medio Oriente a «decir no a la venganza» y a desterrar «la violencia verbal y física», llamándolos a aceptar «la sociedad plural».

El Sumo Pontífice se dirigía a más de 750 personalidades libanesas de la política, la religión y la cultura, entre las que se encontraban los dirigentes de las comunidades musulmanas. «Se trata de decir no a la venganza, de reconocer sus errores, de aceptar las excusas sin buscarlas y, finalmente, de perdonar. Porque sólo el perdón otorgado y recibido construye los cimientos duraderos de la reconciliación y de la paz», subrayó el Papa. «Sólo entonces puede crecer la comprensión verdadera entre culturas y religiones, la consideración sin condescendencia», prosiguió el jefe de la Iglesia católica. «En Líbano, cristiandad e islam conviven en un mismo espacio desde hace siglos. No es raro ver las dos religiones en la misma familia. Si eso es posible en una misma familia, ¿por qué no habría de serlo al nivel del conjunto de la sociedad?», preguntó el Papa.

«La especificidad del Medio Oriente reside en la mezcla secular de diversos componentes», señaló también el Papa, retomando así la idea de la diversidad que constituye el eje de la Exhortación Apostólica que firmó el viernes. En ese contexto, «profesar y vivir libremente su religión y peligro para su vida y su libertad debe ser posible para todos».

«Las diferencias culturales, sociales y religiosas deben lograr vivir en un nuevo tipo de fraternidad (…) Una sociedad plural sólo es posible gracias al respeto de todos (…) y al diálogo permanente. Ese diálogo sólo es posible si tenemos conciencia de la existencia de valores comunes a todas las culturas».

Según el Papa, la paz también proviene de las leyes de la sociedad. No se favorece la paz cuando «el valor inalienable de la vida» se «pone en peligro directa o indirectamente, o incluso de manera legal», dijo en lo que constituye una crítica a los países occidentales que han promulgado leyes contra las concepciones religiosas de la vida y de la familia.

Esa segunda jornada de la visita papal fue especialmente cargada para el Sumo Pontífice. Después de su estancia en el palacio presidencial, el Papa fue a la montaña de Kesrouan, en Bzommar, en el patriarcado armenio católico. Allí almorzó con todos los patriarcas y obispos del Líbano.

Sonriente y conmovido a su llegada a Beirut, el viernes al mediodía, Benedicto XVI dijo que venía al Líbano «como peregrino de la paz». «Más allá de vuestro país, también vengo simbólicamente a todos los países del Medio Oriente (…) y como amigo de todos los habitantes de todos los países de la región, independientemente de su religión».

En uno de los momentos importantes de la visita, el Papa firmó, durante la tarde, la Exhortación Apostólica –conjunto de directivas a los obispos del Oriente– en la basílica de San Pablo de Harissa, al norte de Beirut. El documento insiste fundamentalmente en la presencia central de los cristianos como «parte integrante» del Medio Oriente, en un «laicismo sano», en el rechazo a la violencia y a un «Medio Oriente monocromático», principios enteramente opuestos al Medio Oriente que se está instaurando, caracterizado por un aumento del extremismo y de la exclusión.

Ante los obispos de todas las confesiones católicas, el Papa expresó su solidaridad con los alrededor de 15 millones de cristianos que viven en los 17 países del Cercano y del Medio Oriente, cuna del cristianismo. «Queridos cristianos del Medio Oriente, les invito a que no tengan miedo, a mantenerse junto a la verdad y a cultivar la pureza de la fe».

El Sumo Pontífice lanzó un llamado «urgente» a los responsables religiosos judíos, cristianos y musulmanes de la región para que erradiquen la «amenaza» del fundamentalismo que afecta «mortalmente a los creyentes de todas las religiones».

El Papa Benedicto XVI pidió el sábado a decenas de miles de jóvenes cristianos libaneses reunidos en Bkerké que se dejen tentar por la «miel amarga» de la emigración y que ofrezcan a todo el Medio Oriente un ejemplo de coexistencia con los musulmanes.

«Ni siquiera el desempleo y la precariedad deben incitarlos a ustedes a probar la miel amarga de la emigración, que conlleva a la pérdida de las raíces y la separación en aras de un porvenir incierto. Se trata para ustedes de ser actores del futuro de su propio país y de desempeñar el papel que les corresponde en la sociedad y en la Iglesia», proclamó el Papa al expresarse ante el patriarcado maronita de Bkerké.

Fuente
New Orient News