Red Voltaire
La invasión a Siria vista por un chileno III

Un desafío para la comunidad internacional

Terrorismo, secuestros y atentados contra los periodistas que no se someten a una imagen prefabricada del conflicto, autocensura de la prensa occidental, bloqueo decretado unilateralmente por las potencias atlantistas, una Organización de las Naciones Unidas fundamentalmente comprometida con los intereses de las grandes transnacionales. El escritor y periodista chileno Juan Francisco Coloane hace un balance altamente revelador de su estancia en Siria y propone una revisión a fondo de la convivencia internacional.

| Damasco (Siria)
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El domingo 14 de octubre de 2012, el periodista sirio Ayman Wannous fue gravemente herido en Damasco por la explosión de una bomba colocada en su auto.

Leer primera parte del reportaje de nuestro colega Juan Francisco Coloane desde el mismo Damasco, Siria: «La invasión a Siria vista por un chileno»
Segunda parte: «Siria, línea del frente en la batalla por la autonomía».

Terrorismo y censura

El gobierno de Siria ha intentado mantener la paz social, el orden de su Estado, la integridad territorial y las líneas de abastecimiento y producción. Este ejercicio ha sido heroico porque hay bloqueo con terrorismo.

Las muertes de civiles y la cantidad de población desplazada es en gran parte causada por una guerra provocada por la intervención externa a través de acciones de terroristas y mercenarios [1]. La oposición al gobierno se vinculó con estas redes terroristas en donde se destaca un dato central: el financiamiento proviene de las mismas fuentes.

Esto no se transmite en los medios extranjeros en particular porque los que cubren las noticias aplican la autocensura. Se instaló en Siria la amenaza terrorista a cualquier periodista que denuncie las atrocidades del llamado Ejército “Sirio Libre” [2] y sus alianzas con grupos de mercenarios y terroristas.

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Mohammed Saeed, popular presentador de la televisión siria, fue secuestrado en julio de 2012 por el Ejército "Sirio Libre" en Damasco y posteriormente asesinado.

Un conductor de noticias y figura importante de la televisión siria fue hace poco secuestrado y posteriormente asesinado [3], cuando se negó a declarar en un video que era opositor al gobierno. Este caso, harto conocido en Siria, ha sido poco divulgado por los medios de prensa extranjeros.

Está también el caso del periodista Maya Nasser, del canal iraní PressTV, asesinado por los "rebeldes" en septiembre [4] y el de la monja australiana que, a su regreso a Australia, denunció a los medios que la información sobre Siria está sesgada ya que no menciona los crímenes y los actos de terrorismo que cometen los llamados rebeldes.

Damasco hoy es un foco de operaciones encubiertas porque es la ciudad donde hay más seguridad. Los atentados terroristas han sido de carros-bomba conducidos por suicidas y no corresponden a entradas del Ejército “Sirio Libre” en la capital siria. Los terroristas y mercenarios infiltrados de alguna forma han colocado un cerco a la información. Si descubren que un periodista denuncia violaciones a los derechos humanos cometidas por la oposición, ese periodista tiene los días contados. Ya son varios los periodistas heridos y amenazados.

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La reportera ucraniana Anhar Kochneva fue secuestrada el 10 de octubre de 2012 cuando se dirigía a Homs. Había sido amenazada repetidamente por grupos antigubernamentales y actualmente se desconoce su paradero.

Esta es una guerra sórdida que comienza a adquirir rasgos de Afganistán y que tiene el sello del partido republicano estadounidense de los años de 1980 y de los Contras en Nicaragua. Algo muy similar a lo aplicado en Mozambique a través de la Resistencia Nacional de Mozambique (RENAMO), que fue financiada por el régimen sudafricano del apartheid, por Israel y por Estados Unidos. El objetivo es provocar la desintegración del país.

Recordemos los casos del sudafricano Albie Sachs, luchador contra el Apartheid, mutilado en Maputo por la explosión de una bomba en su automóvil. Esta vez son varios Estados lo que están aplicando el mismo tipo de terrorismo en Siria. Lo peor sería renunciar, no enfrentar la amenaza terrorista y aplicar la autocensura.

Siria y el bloqueo

El BlackBerry que yo portaba dejó de funcionar en Damasco por el bloqueo que imponen las potencias occidentales. No se pueden usar tarjetas bancarias de los países que bloquean la economía Siria. Aún así se ve aquí un país que no se paraliza, se ven sus mercados con productos y el ciudadano sirio se mantiene siempre diligente. En Damasco y sus alrededores es posible olvidar que en Alepo hay atentados terroristas, aunque la gente conoce esos hechos y en este sentido la llamada “oposición armada” está perdiendo popularidad.

Sorprende encontrar en el comercio toda una variedad de productos manufacturados hechos en Siria, variedad que no he encontrado en otros países absorbidos por la expansión comercial China. Siria alcanzó a desarrollar una industria interesante. Basta con ver los informes de la ONU al respecto. Pero los grandes proyectos con financiamiento de empresas occidentales se han suspendido por causa del bloqueo.

Por razones históricas y culturales, Bachar al-Assad sigue la línea de su padre de mantener la autonomía, una línea nacionalista árabe digamos, plural y laica, para conservar la integridad cultural y territorial, y niveles de independencia e identidad frente al avasallamiento de la uniformidad global. En Damasco y sus alrededores, se percibe que Siria es el centro más vigoroso de la cultura árabe. Hay un culto al idioma que no se palpa en otras sociedades donde se habla la lengua árabe. Esto parece más acentuado en la Siria en crisis de hoy.

En comparación con el resto de la región, Siria ha logrado un sistema socioeconómico de corte capitalista bastante desarrollado y con un importante rol del Estado. Constituye hasta cierto punto un modelo y es muy probable que esta guerra importada busque desintegrar el Estado sirio y acabar con ese modelo. Es así que su sistema político ha respondido a la situación de amenaza militar permanente de Israel, que opera como un “portaaviones” de Estados Unidos en el Medio Oriente.

La nación siria, en su forma de Estado en todo caso, no es más autoritaria que Israel y ha vivido en un constante estado de alerta por la inestabilidad de la región debido al conflicto que le genera a Israel y a Estados Unidos la existencia de un Estado palestino.

En este sentido se puede hablar de un milagro sirio y eso es precisamente lo que la alianza atlántica desea destruir. Los informes de la ONU sobre Siria han sido mediatizados producto de la influencia Estados Unidos e Israel en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas. Se ve un país que funciona a pesar del bloqueo en las comunicaciones y en el sistema financiero.

Capítulo ONU

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Ban Ki-moon. secretario general de la ONU desde enero de 2007.

La agenda de la alianza occidental es desmantelar el gobierno actual y “reconstruir” Siria. En 2003, como diplomático de Corea del Sur, el actual secretario general de la ONU Ban Ki-moon apoyó la invasión a Irak sin autorización del Consejo de Seguridad. Hoy, desde su puesto de secretario general, Ban Ki-moon aprueba la estrategia del derrocamiento de gobiernos.

Los funcionarios de la ONU en Siria tienen temor a decir la verdad y sólo hablan del terrorismo en forma muy moderada y bajo un absoluto anonimato. Siguen la línea de Estados Unidos y del secretario general de la ONU. El gobierno debe ser derrocado y los llamados “rebeldes” deben ser apoyados.

Como sucedió en Irak, el rol de la ONU y de otras instituciones internacionales es mediatizar ese proceso con un criterio balanceado que contenga la urgencia y la irracionalidad con la que se está manejando el tema de derrocar el gobierno a toda costa y lo antes posible.

Es así que lo que están haciendo las fuerzas externas con Siria, principalmente por decisiones políticas y financieras tomadas en los cuarteles del gran capital transnacional. Es un crimen de Estado hacia otro Estado. El rol de este capital es invisible. Es un crimen hacia la paz de los sirios. La ONU es cómplice de esta situación y no hay forma de juzgarla porque se autoprotege. El capital transnacional es la mano invisible.

Debido a las divisiones en el Consejo de Seguridad de la ONU, la oficina de Ban Ki-moon es comandada en la práctica por los tres países interesados en derrocar el gobierno de al-Assad: Francia, Estados Unidos y el Reino Unido. Son los mismos países donde tienen sus sedes la mayoría de las grandes empresas que manejan o poseen ese capital transnacional.

Esta es la parte que debe ser auditada en la ONU y donde los países con más independencia deberían poner el acento. La diplomacia brasileña y la diplomacia argentina, que apoyaron la resolución adoptada el 19 de junio de 2012 por el Consejo de Seguridad para abrir la posibilidad de una intervención militar en Siria, tienen la oportunidad de reivindicar esa injustificada postura presionando a que la Oficina del Secretario General no sea una prolongación de las representaciones ante la ONU de los tres países del Consejo que desean derrocar al gobierno sirio, y que representan al capital transnacional.

Los parlamentarios progresistas e independientes de esas naciones tienen ante sí esta tarea como un gran desafío. Así se puede construir una nueva cultura internacional. El cinismo predominante hace aparecer esta sugerencia como ingenua e impracticable, sin embargo cuando existían secretarios generales de la ONU con carácter, como Boutros-Boutros-Ghali o el mismo Javier Pérez de Cuellar, había más independencia en el cargo. Claro, eran tiempos de guerra fría y existía un mundo bipolar.

Puede parecer ostentoso decirlo. El caso de Siria, por todo lo sucedido y principalmente por lo que no ha sucedido en 20 meses, llama a una reflexión esencial: fundar un Nuevo Internacionalismo.

Dejo abierta algunas inquietudes para esa reflexión fundamental. El capital transnacional ha empujado a las poblaciones a preocuparse cada vez más de lo estrechamente local y del circuito más próximo, apartándolas del llamado tema internacional. Es así que el tema sirio se ve como una cuestión periférica. Al mismo tiempo este poder corporativo multinacional le hace creer a uno, o a muchos, que al preocuparnos más de lo local también participamos en las grandes decisiones locales y mundiales que se repercuten a nivel local y mundial.

No es difícil concluir que el Nuevo Internacionalismo se debería construir desde esas bases locales teniendo en perspectiva el poderío casi inconmensurable, lleno de trampas del capital transnacional que trata de sofocar ya ni siquiera la Revolución Bolchevique, sino incluso grados mínimos de participación ciudadana en decisiones vitales para la convivencia internacional.

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