Cuando el gobierno peruano estimula e impulsa feriados largos, ¿hace bien o hace mal? Justifica la medida bajo la premisa que eso empuja a que los ciudadanos empleen el tiempo no trabajado en turismo interno, vale decir, en viajes a provincias para conocer el Perú. Como es obvio, quienes sufragan todos esos gastos: pasajes, hotel, gasolina, consumos múltiples, son los propios protagonistas que deben romper el chanchito de ahorros o...... ¡acudir a créditos bancarios, exacerbar el uso del dinero plástico, en suma endeudarse en esa magia de intereses que destroza cualquier barrunto de prudencia!

Por tanto bien vale la pregunta: ¿para quién juega el gobierno, para sus mandantes -los trabajadores- o para los bancos, financieras o comercios que hacen de los feriados largos pródigas fechas de ingresos robustos orlados de intereses criminales?

Millones de peruanos viven debajo del nivel de pobreza más oprobioso. Pese a las espectaculares cifras que muestra el gobierno respecto del comportamiento económico del Perú en sus exportaciones y caja fiscal, cargamos con la verguenza de tener a compatricios que de norte a sur y de oeste a este, comen mal, se medican cada vez menos y ven yuguladas sus esperanzas de vida o de futuro, por la escasez de recursos económicos por la simple razón que ¡hay pocas plazas de trabajo! ¿Cuántas son las industrias masivas en oferta de empleo las que ha promovido el gobierno? Una pregunta que merece respuesta.

Puedo testimoniar un caso que empiezo a conocer en sus trágicas perspectivas: la industria textil vive con la espada de Damocles por las masivas y baratas importaciones que vienen del Asia. Aproximadamente 600 mil personas, de forma directa o indirecta, dependen de este ramo de la producción, si pierden su puesto de trabajo y se van a la calle, tendrán apenas dos salidas: o ser empleados con sueldos míseros por los nuevos y fenicios patrones o simplemente dedicar su quehacer cotidiano a cualquier otra cosa para llevar el pan diario a casa. Y eso no excluye los atajos violentistas o prohibidos, en cualquier caso peligrosos para ellos y la sociedad en su conjunto. (Ver para más información: ¿Destruyendo la industria textil peruana? http://perusupropiarespuesta.com/de... , Chile: La debacle final de la industria textil* http://perusupropiarespuesta.com/ch...).

El asunto, trágico per se, será esclarecido en los días que vienen.

¿Puede un país con tantos problemas darse el lujo de promover la vagancia so pretexto de la generación de turismo interno? El culto al trabajo debiera ser una política de Estado. ¿Cómo así que merced al espaldarazo a los bancos y financieras, se decretan feriados largos que equivalen a ocio institucional? Hasta donde se sabe ¡no hay una sola nación en el mundo, ayer y hoy, que haya salido de su estancamiento gracias a no hacer nada!

¿Qué ocurriría en casus belli? ¿Perú amanecería invadido por botas foráneas y recién la gente se daría cuenta de los sucesos el lunes? A quien pretenda hacerse el bobo frente a los acontecimientos contemporáneos, hay que recordarle que el escalamiento del tema a que hemos llevado a Chile en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, está a punto de desencadenar una publicidad fuerte en diciembre, mes en que se producirán las audiencias orales. Asunto, dicho sea de paso, sobre el que nadie sabe nada y por la razón dudosa que es un asunto "reservado" según dicen en Cancillería y gobierno.

La vagancia, a concertarse para su devolución a posteriori, ¡NO! produce, ni aquí o en alguna parte del mundo. Los imaginativos descerebrados que presumen de asesorar al gobierno debieran entenderlo. Un país que trabaja, dura y parejamente, apisona el camino de su porvenir. El que se dedica -o lo que es peor- padece a gobiernos que incentivan el ocio, cava su propia tumba ante la historia. ¿Tan difícil aprehender esto?

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