El combate contra el terrorismo, el fundamentalista de sectas violentistas o el que imparte, a diestra y siniestra el Estado, so pretexto de "defensa de la democracia", es un tema esencialmente político, doctrina contra doctrina, ideario contra ideario, derrota total en las urnas de los falsos apóstoles. En buena cuenta hay que pelear, centímetro a centímetro a todos aquellos que pretenden revivir épocas sangrientas y profundamente criminales haciendo escarnio de toda clase de derechos humanos.

Con ese propósito inexcusable, absolutamente todos los partidos, de derecha, izquierda o centro, debían reivindicar entre sus principios:

La lucha contra toda clase de terrorismo en la sociedad civil o proveniente del Estado porque son crímenes contra la humanidad que la ciudadanía combate y elimina de entre sus prácticas. No hay justificación alguna para la violencia, en vista de lo cual proclaman instaurar La Lucha Nacional contra TODO terrorismo como uno de los fines supremos de la Nación peruana.

Tener miedo y dejar el campo libre sólo genera felicidad en los genuinos enemigos de la democracia que saben cómo socavarla. En cambio una dimensión revolucionaria sí constituye hacer frente a los falsarios en la tribuna, en el debate, en la liza argumental, en las mesas de votación y, sobre todo, aprovechando las lecciones de un pasado reciente y del cual se extraen inequívocamente las identidades de quienes sí son criminales.

Escribimos tiempo atrás en Del partido-escuela a proveedor del Estado http://www.voltairenet.org/article1...

"Por lo menos cinco o seis lustros ha que los denominados conjuntos sociales agrupados en partidos políticos empezaron el nadir inevitable. Inducidos por sus líderes reacios a cuerpos doctrinarios o arquitecturas ideológicas o fraternidades hacedoras de propósitos comunes al compás de ritos, historias, recuerdos, a la señal y jaculatoria de tener sensación de pertenencia (sense of belonging) a una casa matriz, éstos iniciaron el acelerado proceso de abandono y reemplazo so pretexto de la globalización que a todos afecta y de qué manera.

Los partidos políticos que debieron ser escuelas de dignidad, honradez, preparación burocrática para el ejercicio de las tareas gubernamentales por sector, con ciencia y conciencia, se transformaron en vulgarísimas usinas proveedoras de inanes, ociosos y débiles mentales para el Estado. Casi no hay diferencia entre las cajas de pollos congelados para consumo ciudadano con la necesidad de cubrir puestos en las episódicas naves gubernamentales. Basta con que sean “obedientes”, profundamente acríticos (léase idiotizados), y premunidos de la gran ambición mensual de ganar mucho dinero. Nada más. El pollo satisface la ingesta, el empleado exacciona a la sociedad. Ambos en silencio son parte del menú cotidiano.

Da risa, entonces, cuando el legiferante Fulano de Tal se llena la boca con “modificaciones” o “adiciones” a la “ley de partidos” o a sus “efectos”. ¿No sería mejor preguntarse si existen tales corporaciones así llamadas? La mejor definición, sin excepciones de ninguna especie es la de clubes electorales. No pasan de asociaciones fautoras de especialistas en la mentira, acróbatas en la monra, apenas llegan al puesto y tornan hábiles en la composición de la ley que no funciona y a la que todos sacan la vuelta para obtener ganancias de ubérrima índole. En consecuencia, aquí en Perú, la ley no es respetada ni sentida como parte de un ordenamiento, desde el corazón a la acción cívica, sino como reto para afrontarlo y superarlo entre risas descaradas."

La Lucha nacional contra todo terrorismo implica abandonar, desechar y pulverizar a los clubes electorales, significa elevar la lucha política al plano de misionera tarea para la que hay que estimular la vocación democrática de ganar en buena lid y con esfuerzo. Las elecciones sólo pueden ser fechas y no ambiciones para ocupar puestos y vivir a costa de la ubre estatal.

¡Precisamente! He allí el reto: entrenar a los cuadros, a todos, porque de esta integralidad de lucha nacional -izquierda, derecho y centro- contra todo terrorismo depende el arrinconamiento de los que medran de la democracia desde sus entrañas. Hay que demostrar que los violentistas carecen de respaldo y que sus propuestas son inválidas en las bases genuinas del quehacer cotidiano.

Ciertamente, y hay que anotarlo, no sólo es tarea de los partidos o agrupaciones políticas. El Estado y los gobiernos deben entrenar a su personal para evitar los desaguisados y ridículos protagonizados en los últimos meses por cónsules y embajadores ineptos y faltos de criterio. Y no debemos obliterar la mención que cuanto acabamos de escribir va en contra de los caciques o dueños de los partidos que consideran que como están las cosas son buenas para sus intereses de perpetuarse manchando la arena política peruana. ¡Allá ellos!

Es hora de la Lucha nacional contra TODO terrorismo.

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