Una corte de justicia ha señalado que la reposición del general PNP Alberto Jordán Brignole a la institución a que pertenece, no encuentra desde su ámbito, ningún impedimento y que así lo establece en forma de mandato judicial. En cualquier parte del mundo, y Perú no es una excepción, dura lex, sed lex. Dura es la ley, pero es la ley.

En buen castellano, lo que pueda opinar el ministro del Interior, Wilfredo Pedraza y el director de la Policía Nacional del Perú, Raúl Salazar, por separado o al alimón, tiene importancia subalterna, de segundo o tercer orden, respecto de lo dictaminado, luego de largos años de proceso por una sala del Poder Judicial. Todo responsable de portafolio reporta al presidente Ollanta Humala quien juró cumplir y hacer cumplir las leyes. ¿Por causa de qué se cree el señor Pedraza habilitado para dificultar el reingreso del general Alberto Jordán Brignole?

Si lo antedicho se aplica, inequívocamente, al ministro Pedraza, con mayor razón constituye también mandato para el director de la PNP Salazar que es un funcionario de alguna menor jerarquía obligado a cumplir y hacer cumplir las leyes.

Esta comedia de errores que hasta permitió que el ex presidente Alan García casi insultase al general Jordán atribuyéndole pusilanimidad o falta de resolución para cumplir su deber, lacera, de manera grandísima, la fe ciudadana no sólo en el Poder Judicial sino también en el Ejecutivo. ¿Puede alguien del gabinete burlarse de las leyes?

Es evidente que quienes inventan pretextos burocráticos o plantan vallas de toda índole para impedir la reincorporación del general Jordán Brignole a la PNP, lo hacen porque carecen de razones legales o institucionales para comportarse como genuinos camorreros o delincuentes. En el proceso se demostró que Jordán actuó en defensa de la vida de los connacionales soliviantados y en actitud beligerante en Moquegua, evitando la pérdida masiva de vidas humanas como empujaban irresponsablemente las órdenes llegadas desde Lima. ¡Qué fácil es, desde un pupitre o desde la estupidez de la mediocridad, enviar al matadero a la gente! ¡Y qué argucias las que tienen que usar los pillos para no explicar ausencias, silencios y mentiras de todo calibre! La parábola, no bíblica, sino infernal, deposita a uno de estos cobardes protagonistas en una curul del Congreso desde donde, en lugar de guardar silencio prudente, sigue lenguaraz el ex director de la PNP de entonces.

El plazo corriente que ha puesto el Poder Judicial para la reposición del general Jordán está a punto de expirar. No queda otra cosa, para tirios y troyanos, que contribuir a que la ley en Perú no se convierta en papel desechable y a conveniencia, es decir, en letra muerta.

En los días que vienen reproduciremos textos literales, muy reveladores, contenidos en el libro que sobre los sucesos de Moquegua 2008 escribió el general Alberto Jordán Brignole. Dice no poco y hay responsables de desmanes claramente identicados, con nombre, felonía y apellidos en blanco y negro. Es hora de señalar con el dedo acusador a quienes lucran en la cosa pública y sólo para la satisfacción personal de sus existencias. Otra forma de robarle al Perú el uso de los fondos públicos que no deben sufragar, bajo ningún punto de vista, las pataletas o majaderías de quienes tiran la piedra y esconden la mano.

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