26-3-2013

El gobierno peruano en nombre del Estado ha renovado por 20 años el contrato de concesión con la empresa ibérica Telefónica-Movistar (como se hace llamar, también). Es el trato entre un Estado soberano y una empresa privada. Pero el Estado y todos sus funcionarios viven de los impuestos que el pueblo paga y ¡esa misma ciudadanía! sufraga los abusivos e inigualables precios de Telefónica-Movistar. Por tanto, es legítimo deducir que, como en el Buenos Aires de 1810, el pueblo quiere saber ¡de qué se trata!

Y qué mejor que enderezar el cuestionamiento al jefe de Estado, Ollanta Humala Tasso. ¿Le están escondiendo, su ministro de Transportes y Comunicaciones, el viceministro de Comunicaciones, el jefe de Osiptel y el pelotón de integrantes de personal de confianza, un documento tan trascendente y por el cual se condena a ciegas al pueblo peruano a seguir sufriendo a Telefónica-Movistar por dos décadas? Cierto que no es competencia directa del mandatario, pero exigir ¡y de una buena vez! a sus subordinados qué hacer sí que lo es. ¿Qué espera señor Humala?

El silencio ambiente entre los clubes electorales, los desaforados candidatos a presidentes y de la casta política huele mal, hiede peor. Y hay algunas chances explicativas: que lo que ocurra con el Estado y sus compromisos no les interese ¡un ardite! o que para ellos todo se traduce en ventajismos que se consiguen desde Palacio y en obtusa ley. ¿Qué ha dicho el patrón del mal, el delincuente que se compra una casita por un millón de dólares y que quiere ir por una tercera oportunidad el 2016? Nada de nada. Pero el resto, tampoco. Y 20 años de renovada concesión, sin que se sepa qué ha firmado el Estado peruano sí que es un escándalo mayúsculo.

Cuando uno se adentra en la página web de Osiptel con la esperanza de encontrar transparencia e indagar por el contrato, la decepción no puede ser más triste: la última información es del 2009 y para adelante ¡nada de nada! En buen castellano, hay unos idiotas que dejaron de suministrar datos a la página el 2009, pero estamos en el 2013 y hay un contrato por ¡20 años! firmado sin que la sociedad civil conozca de sus secretos.

Tanto misterio llama la atención, como también que nadie haya recurrido a la Ley de Transparencia para intentar (seguramente sin éxito) su obtención, para luego pasar a un proceso de Hábeas Data, sobre el cual no se puede saber el resultado. Aún en el supuesto negado que en las instancias pertinentes se consiguiera sentencia favorable, se sabe de casos que finalmente la institución del Estado recurrida, no proporcionó lo solicitado y ordenado la entrega. Por estos lares se tilda aquello de "asuntos de Estado".

Sin duda alguna la Constitución no consagra en ninguna de sus partes que los contratos que comprometen al Estado, es decir al pueblo pagante de sus impuestos y soberano desde las bases, sean secretos.

A nadie puede ocurrírsele que tanta incertidumbre sobre el contrato sea una ocurrencia normal. Cuando el mandatario Humala, meses atrás, departió en Madrid en una cena y en presencia del rey de España Juan Carlos y del presidente de Telefónica, lo hizo en ceremonia pública ampliamente difundida. En ningún pasaje se escuchó la promesa de arcanos a los ibéricos, es fácil, por tanto, inferir que son otros los que promueven el ocultamiento del contrato con Telefónica de España. ¿No le haría bien a la imagen del jefe de Estado Humala que exigiese con un buen par de gritos a su ministro de Transportes y Comunicaciones y al titular de Osiptel que hagan de conocimiento generalizado de la ciudadanía dicho contrato con la firma ibérica? Día que pasa, día que la pestilencia amenaza más arrogante.

Quien diga que las competencias del presidente del Perú son limitadas y especificadas en la Constitución, olvida también que tanto el pasaje que usó la delegación peruana en ese viaje a Madrid, en la que estuvo el presidente Humala y otros, como los fondos de los que vive su gobierno, son los impuestos que erogan todos los peruanos. ¿No es título y legitimidad suficiente para inquirir y reclamar por el contrato con Telefónica-Movistar, firmado por 20 años más, en su nombre?

Hay que repetir entonces: presidente Humala: ¿y el Contrato con Telefónica?

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