No se pide al canciller Rafael Roncagliolo que se comporte como un diplomático profesional de carrera porque no lo es. Tampoco se le exige nada extraordinario como es mantener a flote los principios de dignidad en el campo de las relaciones externas que el gobierno del presidente Humala le comisionó. De un tiempo a esta parte, el titular de Relaciones Exteriores incurre en yerros insólitos que ¡ni un bisoño hubiera cometido! Verbi gracia: el inaceptable tema de agresión en que se vio involucrado contra damas peruanas, el embajador del Ecuador, Rodrigo Riofrío.

Antes de enviar embajadores las cancillerías solicitan el placet o acuerdo para destinar al personal político o diplomático encargado de representar al país de origen. Y cualquier nación puede otorgar dicha bienvenida o, en ejercicio de su soberanía, simplemente denegar esa chance. Lo mismo ocurre a la inversa, NO se pide que otro gobierno "considere" la posibilidad de retirar a su representantes sino que se le exige que lo haga en los términos más rápidos.

¿Qué ha sido la actitud del canciller Roncagliolo? Pues, lamentablemente todo lo contrario. En lugar de demandar al gobierno ecuatoriano que preside Rafael Correa, el retiro del embajador Rodrigo Riofrío quien profirió inaceptables y bochornosas expresiones contra ciudadanas peruanas, "pidió" que aquellos "considerasen" la posibilidad de llamarlo a su país de origen. Como si eso fuera potestativo del Ecuador y renunciable por el Perú. ¡Simplemente una inconducta!

Los diplomáticos, como cualquier ciudadano del país que fuere cuando son embajadores o cónsules están compelidos a guardar decoro y comportamientos respetuosos para con todo el resto. Su cargo o inmunidad no les confiere licencia para hacer de hampones o matones bien remunerados. Y eso vale para los peruanos y para los foráneos. El país receptor tiene el derecho de echarlos, en el término de la distancia, cuando desbarran por senderos indecentes y groseros como fue el caso de Riofrío.

Que su gobierno, el de Ecuador, lo llame en "consulta", cuando lo que correspondía era extraerlo del Perú ipso facto, no disimula la torpeza mayúscula del canciller Rafael Roncagliolo quien no parece distinguir entre un comportamiento a nivel de Relaciones Exteriores con prácticas solidarias de capilla política. Lo procedente y lo único que queda es declararlo persona no grata. ¡Y sanseacabó!

Afirma Víctor Isla, titular del Congreso, que él espera que el incidente no deteriore las buenas relaciones entre Perú y Ecuador. ¡Precisamente! Las razones para un retiro, sin antifaces ni cohonestaciones verbales gárrulas, inmediato del embajador Riofrío están a la vista y Ecuador sólo debiera actuar con diáfana presteza y admitiendo la irregularidad de su representante ¡y punto! Lo contrario es poner piedras en el camino e impedir una actuación decorosa aquí y allá.

¿Tan difícil para el canciller Roncagliolo hacer algo tan simple como portarse con energía frente a un asunto tan claro?

No es el único caso. Hay otro tema que implica el apoyo del Perú a Chile para que ocupe un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ya comprometido desde hace meses. Sólo una pregunta: ¿cuándo Chile -de largo historial de incumplimientos en su difícil vecindad con Perú- decida dar largas a un fallo eventualmente desfavorable en La Haya, a qué lugar irá Perú a reclamar? ¿No es al Consejo de Seguridad de NNUU?

Pocas veces Perú ha tenido un canciller de tan bajos quilates y discernimientos angustiosamente miopes. ¿No hay quién asesore al presidente Humala y le cuente cómo son en realidad las cosas?

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