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Todos los camiones indicados por el arrepentido Carmine Schiavone no alcanzarían para transportar la montaña de veneno que producen anualmente las bases estadounidenses en Italia. Esa es la otra cara –de la que, por supuesto, no se habla– de la presencia militar de Estados Unidos en territorio italiano.

Mientras que el Departamento de Defensa gasta 30 millones de dólares en estudios sobre la salud de los militares estadounidenses acantonados en Nápoles y de sus familias, elaborando con esos datos el extenso expediente de 2010 publicado nuevamente ayer por el diario L’Expresso, el servicio de logística de las fuerzas armadas de Estados Unidos busca la mejor manera de deshacerse del material clasificado como «hazardous waste». Se trata de restos de hidrocarburos, disolventes y todo tipo de barnices, elementos residuales del manejo de municiones. Con lo que sale de una base militar podría ser muy felices a los mejores negociantes de la gestión de desechos.

Es muy difícil meter las narices en la cadena logística de las instalaciones militares estadounidenses. En un documento del 6 de octubre de 2010 firmado por la Defence Logistics Agency, documento que logró consultar el diario Il Manifesto, aparece un capítulo destinado a la licitación para la «gestión, carga, descarga y evacuación» de sustancias peligrosas de las instalaciones estadounidense en Italia. Se mencionan 5 ciudades: Aviano, Livorno (base Camp Darby), Nápoles, Sigonella y Vicenza (base Dal Molin). En un documento adjunto aparece el detalle de las sustancias que hay que evacuar: más de 10 toneladas de baterías usadas de todo tipo, cientos de kilogramos de ácidos inorgánicos, amoniaco, residuos de descontaminación, disolventes (casi 2 toneladas al año sólo en las bases de Sigonella y de Nápoles), hidrocarburos aromáticos (benceno y xileno), metales pesados como el cromo hexavalente, el plomo y el mercurio, bifenilos policlorados (PCB), pesticidas y herbicidas, lubricantes, aceites usados y otros tipos de veneno.

El largo documento de 2010 especifica detalladamente cómo liquidar las sustancias peligrosas: tratamiento, incineración y depósito en basureros. Todos los tipos de venenos tienen un destino común… y todos los caminos llevan a Italia. Está estrictamente prohibido, por ejemplo, liquidar los desechos dentro de las bases. Y si surgiese algún tipo de controversia no serán los tribunales italianos los que estarán llamados a resolverlas sino un foro estadounidense. Delicada cuestión que nos trae nuevamente a la época de los barcos de veneno.

En febrero de 1986, un barco se hace a la mar en el puerto [italiano] de Marina di Carrara. Se trata del Lynx, cargado con miles de receptáculos de sustancias tóxicas con destino a Venezuela [en aquel entonces bajo la presidencia del socialdemócrata Jaime Lusinchi. NdlR.]. Un año y medio más tarde aquellos desechos vuelven a Italia en el barco Zanoobia, que llega al puerto de Génova. La investigación realizada a su llegada permite comprobar que los desechos portan la mención «Departamento de Defensa de Estados Unidos». Son desechos provenientes de bases militares, que utilizaron los mismos canales que las empresas químicas italianas de aquella época, para terminar –al menos eso pretendían los liquidadores– abandonados en alguna playa venezolana y sin ningún tipo de control. Durante los siguientes años el gobierno italiano demandó a los productores de los receptáculos y a los transportistas exigiéndoles el pago por los daños que se derivaron de todo ese tráfico de desechos venenosos. Y todos los demandados acabaron en el banquillo de los acusados… exceptuando a los protagonistas estadounidenses. ¿Será que existía un acuerdo específico secreto?

La Convención de Basilea sobre el tráfico transfronterizo de desechos trajo un cambio parcial. Hoy en día, el manejo de los desechos peligrosos provenientes de las bases estadounidenses está en manos de firmas que trabajan fundamentalmente con implantaciones italianas y europeas, como la firma Ecoservizi de Brescia. Según fuentes autorizadas consultadas por Il Manifesto, esa empresa estuvo a cargo del manejo de la evacuación de los desechos peligrosos de la base Camp Darby, entre Livorno y Pisa, cuando esa compañía se hallaba todavía bajo el control de la Compagnia delle Opere [Compañía de Trabajos], brazo económico [del movimiento católico] Comunio e Liberazione. ¿Dónde acabaron esos desechos? Ecoservizi se ocupaba de varios basureros de desechos peligrosos en Brescia. Hoy en día uno de ellos –cerrado en 2000– está catalogado como de alto riesgo y está pendiente de descontaminación. ¿Quién va a pagar eso? Es difícil saberlo, pero lo que sí puede decir desde ahora es que no serán los productores de los desechos. Esa es la cara oculta de las tierras del norte de Italia.

El informe sobre la calidad del agua en Nápoles está a la vista de todos en el sitio web de la US Navy en Nápoles. Pero resulta muy difícil –por no decir imposible– encontrar la menor información sobre las vías de evacuación de los desechos estadounidenses a pesar de tratarse, como ya hemos podido ver, de sustancias extremadamente peligrosas sobre las que debería existir la mayor transparencia, comenzando por los nombres de las empresas contratadas para manejarlas. También debería ser transparente la información sobre el impacto medioambiental de la presencia militar de Estados Unidos y la OTAN en nuestro país [Italia], tema extremadamente delicado dado el tipo de armamento que manipulan [convencional y nuclear. NdlR.]

Según el Informe sobre el estado del medio ambiente de la alcaldía de Pisa correspondiente al año 2006, la contaminación no es precisamente una excepción, también en el caso de Camp Derby. En la lista de lugares que habrá que descontaminar se menciona repetidamente la base, con señalamientos de fugas de hidrocarburos y de problemas en la plataforma de almacenamiento de desechos peligrosos.

Está de más recordar que es imposible implementar una vigilancia medioambiental independiente sobre esas instalaciones. Hay secretos que no pueden aparecer en internet.

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio