Cuando este 27 de enero la Corte Internacional de Justicia de La Haya emita su veredicto en el contencioso marítimo a que Perú llevó a Chile, el país entero, de norte a sur, de este a oeste, estará en condiciones inmejorables, nunca habidas desde el aciago 1879, de generar, formular, construir lo que hemos llamado su Propia Respuesta, la que el Estado y gobierno episódico tienen que dar al pueblo peruano cuya vibrante alma digna debe comenzar su reconstrucción, aquella que una guerra de expoliación llevó hasta los niveles más dolorosos y opresivos.

"Perú no está compelido a dar respuesta a ninguna otra nación. Tiene sí que construir la unidad nacional en torno a intereses soberanos comunes y en la procura de un desarrollo enérgico, científico, con justicia social y reparto democrático de la riqueza, para sus 30 millones de habitantes. PERU TIENE QUE RESPONDERSE A SI MISMO y esa circunstancia está pendiente desde 1879, año de la aciaga fractura que representó la guerra de rapiña que nos planteó Chile.

Las circunstancias de librar batalla jurídica, al margen del resultado en La Haya, plantean el dulce y fragoroso reto de comprender que ¡por fin! hay una posibilidad de sintonizar al cuerpo social peruano en torno a intereses comunes, imprescindibles y unificadores. Por tanto Perú, su Estado y cualquier gobierno, tienen que responder a su colectivo ciudadano que son todos los peruanos e ingresar con moderna estampa al reto contemporáneo de la paz y la complementariedad con los otros Estados latinoamericanos.

Al hombre y a la mujer comunes ¡nadie los toma en cuenta! Los sucesivos gobiernos, una vez apoltronados en la silla administrativa de Palacio, prescinden del ciudadano y hacen, no pocas veces, papelones entreguistas, vergonzosas claudicaciones e impresentables desempeños a todo nivel. La Cancillería parece olvidar que será la ciudadanía, con o sin uniforme, la que afronte y sufrague cualquier dinámica, en los diferentes campos de batalla y que por tanto, merece ser parte opinante y militante de cualquier esfuerzo.

Son pocas o mínimas las opciones que quedan para la generación que desde hace más de 35 años está en política. Sin líderes o pensadores de creación intelectual notable, huérfana de paradigmas, carente de cualquier visión nacional homogénea e integral del Perú, no es necesario exagerar en la necesidad histórica de asumir el liderazgo, teniendo como plataforma el reto de La Haya, pero recordando que la gran fractura nacional viene desde 1879, para reconstruir la Patria. Acaso sea magnífica ocasión para redimirse de la mediocridad intrascendente y nadería que ha caracterizado a esta generación. Al reto hay que dar una réplica, no está demás decir que para contribuir con su grano de arena, Perú, su propia Respuesta ensaya su aporte." (Perú, su propia Respuesta* http://perusupropiarespuesta.com/pe...

La primera y fundamental tarea de unidad consistirá en exigir de Chile la ejecución inmediata, sin regateos, excusas o pretextos de ninguna clase o modalidad, del fallo de La Haya. Más aún Perú debe prever la conformación de los equipos diplomáticos, periodísticos y políticos para denunciar cualquier impostura, hasta la más mínima, en la OEA, NNUU y otros organismos -si los hubiere- con capacidad vinculante en la región. El habitante común de la calle tiene que entender que su país demanda con apego al derecho internacional y en esa misma línea procura que los fallos o veredictos se ejecuten de inmediato.

"Así como la pobreza no puede ser eliminada por un decreto supremo, resolución legislativa o buena voluntad del precario habitante de Palacio, la unidad nacional no es un anhelo que tenga que ver con la volición episódica de oportunistas encuadrados en el Perú formal. Hay, ciertamente y conozco a varios de sus emisores, hombres de voluntad acerada y querencia imbatible para con la Patria.

La unidad nacional no se impone, se construye pacientemente, de abajo a arriba, con el hombre y mujer de la calle, con el campesino de muy lejos y alturas gélidas, con el ambulante que recorre calles y jirones, con el guardián de edificios que conoce quiénes los vecinos y de qué nacionalidad son, con el diplomático que tiene que renunciar a creerse un fuera de serie por encima del resto y que no es más que un simple funcionario al que le paga el pueblo, con el pequeño empresario que sabe que si adviene la invasión masiva de productos más baratos y amparados por gobiernos claudicantes se va a a la ruina, con el periodista que estudia y declina las coimas complementarias de su ralo sueldo, con el empresario que tiene que incluir en la creación de riqueza al trabajador esforzado al que a veces explota por mandato de leyes con nombre propio, con todo aquel que comprenda que hay dos palabras de orden para cualquier negociación geopolítica: ¡agua y gas! Y, ciertamente con los integrantes de las fuerzas armadas, primera línea de defensa en casus belli.

El Perú formal de los intelectuales a la carta, o de ONG o de quiosco, es el que vivimos hoy. De boca para afuera se invoca y se protesta la "unidad nacional" no obstante que sus sitiales y negocios son inmutables en rentabilidad y rotación. Verbi gracia: ¿no ha reparado amable lector quiénes son los juristas, estrategas, internacionalistas, formadores de opinión, que se pasean de canal en canal, de radioemisora en radioemisora y vierten sus "profundos" conocimientos en blanco y negro en medios impresos? ¿no son los mismos desde hace largos lustros? El decir bobadas, en países como Perú, no es en modo alguno, un demérito. En naciones civilizadas habrían merecido ya la fulminante obliteración de cualquier sitio." ¿De qué "unidad nacional" hablan? http://perusupropiarespuesta.com/de...

Con determinación triunfadora, sin hipérbole o ditirambo procaz, Perú tiene que darse su Propia Respuesta. La hora ha llegado. ¡Cada cual a su trinchera!

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