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Mientras la estrategia de Estados Unidos y la OTAN, con la crisis ucraniana, provoca un enfrentamiento entre el oeste y el este que vuelve a poner Europa en una situación análoga, en ciertos aspectos, a la de la guerra fría, los datos que acaba de publicar el SIPRI [1] confirman que el gasto militar mundial (calculado en función de la inflación para facilitar las comparaciones por épocas) ha vuelto a los niveles de la guerra fría. O sea, después de haber disminuido entre 1991 y 1998, el gasto militar ha vuelto a subir a un nivel superior al del último periodo del enfrentamiento entre el oeste y el este.

Los datos del año 2013 muestran que el gasto mundial con objetivos militares asciende a 3,3 millones de dólares por minuto, 198 millones de dólares por hora, casi 4 800 millones diarios. Lo cual equivale a 1 747 millardos al año [2].

Pero el gasto militar mundial es en realidad más elevado aún que lo calculado por el SIPRI al sumar los presupuestos de defensa de los diferentes Estados del mundo. A esas cifras hay que agregar diversas sumas que también tienen que ver con la actividad militar aunque figuran en líneas presupuestarias no vinculadas a los presupuestos de defensa.

En Estados Unidos, los gastos vinculados al armamento nuclear (23 000 millones de dólares al año) no aparecen en el presupuesto del Departamento de Defensa sino en el Departamento de Energía; las sumas destinadas a los militares retirados (unos 170 000 millones al año) aparecen en el Departamento de Veteranos; los gastos en ayuda militar y económica a los aliados considerados estratégicamente importantes (unos 50 000 millones anuales) aparecen en el presupuesto del Departamento de Estado o en otros.

El presupuesto federal estadounidense incluye 97 000 millones de dólares asignados a un «Fondo Unificado del Departamento de Defensa, el Departamento de Estado y la USAID» destinado a «Operaciones de Contingencia en el Exterior» (Overseas Contingency Operations). Otros 40 000 millones de dólares van a parar al Departamento de Seguridad de la Patria (US Department of Homeland Security).

Y no podemos olvidar lo que se destina a los servicios de inteligencia, cuya única cifra «no clasificada» (1 600 millones anuales) es sólo la punta visible del iceberg. Si agregamos todo eso y algunas líneas presupuestarias más al presupuesto oficial del Pentágono (640 000 millones de dólares en 2013), el gasto militar de Estados Unidos se eleva a casi 1 000 millardos al año. Lo cual significa que de cada 4 dólares del presupuesto federal alrededor de 1 dólar se gasta con fines militares.

Incluso si tuviésemos en cuenta únicamente los 640 000 millones de dólares que menciona el SIPRI, Estados Unidos sigue ocupando –con amplísima ventaja– el primer lugar entre los 15 países que más dinero dedican a la actividad en todo el mundo. Muy por detrás de Estados Unidos aparecen –al igual que en 2012– China y Rusia con gastos militares estimados en 188 000 millones de dólares y en 88 000 millones respectivamente.

A partir de ahí, pueden verse importantes cambios en el orden de la clasificación en relación con el año anterior. Arabia Saudita, que estaba en 7º lugar en donde 2012, subió en 2013 al 4º lugar. Le siguen Francia, Gran Bretaña, Alemania (que sube del 9º al 7º lugar), Japón, la India, Corea del Sur, Italia (con un gasto estimado en 32 700 millones de dólares en 2013), Brasil, Australia, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos. Esos 15 países totalizan el 80% del gasto militar mundial.

Los datos del SIPRI muestran además fuertes aumentos en los presupuestos militares de otros países, sobre todo en los que se hayan bajo la influencia de Estados Unidos. En el este de Europa, el presupuesto militar de Ucrania se elevó en un 16% en relación con el año 2012. En África, Ghana incrementó –en un solo año– su presupuesto militar en un 129%, Angola en 36%, la República Democrática del Congo en 34%. En el Medio Oriente, los presupuestos militares de Irak y Bahréin aumentaron en 27%. En Asia, el de Afganistán se elevó en 77% en relación con el año 2012 y el de Filipinas en 17%. En Sudamérica, los presupuestos militares de Paraguay y honduras aumentaron –en un solo año– en 33 y 22% respectivamente [3].

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El gasto militar alimenta una nueva carrera armamentista, encabezada por las grandes potencias occidentales, con un efecto de tracción a escala mundial. No sólo se trata de los F-35, actualmente bajo las luces de los medios de prensa, sino de varios sistemas de armas, tan costosos como ese avión de combate pero mucho menos conocidos.

Estados Unidos botó hace 6 meses el súper portaviones USS Gerald Ford. Este navío, que es el primero de una serie, es el buque de guerra más caro que se haya construido nunca en todo el mundo: 14 000 millones de dólares. Gracias a nuevas catapultas, sus 75 aviones (cuyo costo habrá que agregar al del navío) podrán realizar un 25% más de ataques que los aviones actualmente asignados al USS Nimitz.

Y el próximo 4 de julio se botará en Inglaterra el súper portaviones HMS Queen Elizabeth, de 65 000 toneladas (el triple de la actual clase Invincible), al que seguirá una unidad gemela, con un costo de 12 000 millones de dólares al que habrá que agregar el costo total de los aviones que irán a bordo: los F-35, que podrán desplegarse en la pista de despegue en sólo 60 segundos. Según anuncia la Royal Navy, estos portaviones podrán así «proyectar el poderío aéreo desde el mar en cualquier momento y en cualquier lugar del mundo donde sea necesario».

El Imperio ataca nuevamente.

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por la Red Voltaire partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

[1SIPRI, siglas en inglés del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo.

[21 millardo = mil millones

[3Es interesante relacionar las cifras que presenta el SIPRI sobre el gasto militar del año 2013 (incluso sin tener en cuenta las correcciones que aporta el autor de este artículo) con la cantidad de habitantes de los países mencionados.
Por ejemplo, es interesante comprobar que la proporción del gasto militar por habitante de China (país de 1 347 millones de habitantes) es muchísimo menor que la de Arabia Saudita (país de 30 millones de habitantes) o la de Bahréin (que sólo cuenta 1,231 millones de habitantes, cifra oficial posterior a las masacres de 2011).
Para seguir aplicando esa lógica, podemos comparar también la proporción entre el gasto militar nacional y los presupuestos dedicados a la educación, la salud y todos los sectores vinculados a lo que la ONU clasifica como «Índice de desarrollo humano». Y habría que incluir en ese análisis países que Occidente califica como «dictaduras», como Cuba y Siria, que presentan índices de desarrollo humano muy elevados, incluso a pesar de los bloqueos comerciales que Estados Unidos –el país con mayor gasto militar a nivel mundial– impone a esos 2 Estados (desde hace más de 50 años en el caso de Cuba y desde más de 10 años en el caso de Siria). Nota de la Redacción.