Red Voltaire
«El arte de la guerra»

De Ucrania a Filipinas

La crisis ucraniana es un desastre para los pueblos pero es una magnífica victoria para el imperialismo. Los europeos parecen convencidos que el Oso ruso quiere comérselos y por eso aceptan ponerse un poco más bajo la «protección» de Washington. Algunos Estados de la región Asia-Pacífico, como Filipinas, también parecen creer que el Dragón chinos los amenaza. Pero la configuración de las fuerzas armadas de Rusia y China no es la adecuada para operar en funciones de conquista. Estados Unidos es el imperialista.

| Roma (Italia)
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China, que trata de garantizar su ruta marítima de abastecimiento, se apoderó en 2012 del islote de Huangyan que estaba en disputa con Filipinas. Temiendo que Pekín se apropie de otros islotes, el presidente Benigno Aquino solicita la protección de Estados Unidos. El acuerdo de ampliación de la cooperación militar firmado con el presidente Obama en Manilla, el 28 de abril de 2014, autoriza el Pentágono a utilizar las bases militares de Filipinas (las bases estadounidenses fueron cerradas en 1992). Consciente de que esa política no encuentra respaldo en su país, el gobierno de Manilla no someterá el acuerdo al Senado filipino para su ratificación.

Escrutando el horizonte más allá de la crisis ucraniana, el presidente Barack Obama y su equipo de seguridad nacional se han comprometido a «concebir una actualización de la estrategia de la guerra fría para contener a Rusia».

Eso anuncian diversos funcionarios de la administración Obama, especificando que el objetivo que concentra la atención del presidente es «aislar la Rusia de Putin cortando sus lazos económicos y políticos con el mundo exterior». El primer paso es reducir cada vez más, hasta interrumpirla, la venta de gas ruso a Europa para reemplazarlo por el proveerán principalmente las compañías estadounidenses que explotan yacimientos en el Medio Oriente, en África y en otras regiones del mundo, incluyendo Estados Unidos, que actualmente se prepara para exportar gas licuado extraído de los esquitos bituminosos [1].

Y es aquí donde Washington muestra sus cartas.

El margen de superioridad económica de Estados Unidos a escala mundial se reduce cada vez más. China ha alcanzado el segundo lugar mundial, con un producto interno bruto (PIB) en fase de crecimiento que ya equivale a la mitad del PIB estadounidense. Detrás de China vienen Japón y Alemania y el PIB total de los 28 países de la Unión Europea ya es superior al de Estados Unidos.

Para conservar la supremacía económica, Estados Unidos se apoya cada vez más en el sector financiero, donde ese país dispone de gran ventaja, y en la capacidad de sus transnacionales para conquistar nuevos mercados y fuentes de materias primas,

Para lograr esto, Washington no vacila en inclinar la balanza recurriendo a la espada representada por su superioridad militar y por la OTAN, bajo las órdenes de Estados Unidos. Interviene en ese marco la demolición sistemática de Estados enteros, a través de la fuerza militar (como en Yugoslavia, Libia y ahora Siria) y la anexión, a través de la OTAN, de los Estados ex miembros del desaparecido Pacto de Varsovia, más 2 de la ex Yugoslavia y 3 de la antigua URSS. En el caso de Ucrania, sólo había que esperar hasta las elecciones de 2015 para poder contar allí con un presidente dispuesto a acelerar la entrada oficial de ese país en la alianza atlántica.

¿Qué explica entonces la decisión –tomada en Washington– de organizar el golpe de Estado que derrocó al presidente electo Yanukovich –quien estaba lejos de ser hostil a Occidente– instalando en Kiev a los elementos más hostiles a Rusia, a los rusos de Crimea y a los rusos del este de Ucrania? El objetivo era obligar a Moscú a reaccionar para justificar después la estrategia del aislamiento.

Pero esa estrategia no es nada fácil de aplicar: Alemania, por ejemplo, es el mayor importador de gas ruso y se vería seriamente afectada si se interrumpe el aprovisionamiento.

A pesar de todo, Washington decidió no esperar por los gobiernos europeos para imponer a Rusia las sanciones más duras. Y ya cuenta con el respaldo del gobierno de Italia –cuya «fidelidad» es harto conocida– mientras se pone de acuerdo con Berlín y con otras capitales. El objetivo estratégico es crear un frente anti-ruso Estados Unidos-Unión Europea consolidado por un acuerdo de libre intercambio que acentuaría aún más la influencia estadounidense en Europa.

La misma estrategia de la tensión está en marcha en la región Asia-Pacífico, donde Estados Unidos tiene como objetivo el «containment» [o sea, “contener” el avance] de China. Esta última, que se ha acercado a Rusia, está ganando peso e influencia, no sólo a escala regional sino también global, y puede hacer que las sanciones contra Moscú acaben siendo inútiles en la medida en que Pekín abra a Rusia nuevas posibilidades comerciales hacia el Oriente, sobre todo a las exportaciones de los recursos energéticos rusos.

Es por eso que el presidente Obama acaba de realizar una gira oficial por Asia. Pero Japón se negó a firmar el acuerdo de libre comercio que abriría su mercado a los productos agrícolas estadounidenses. Para compensar, Filipinas concluyó con Washington un nuevo acuerdo, válido por 10 años, que permite a Estados Unidos incrementar su presencia militar en el archipiélago, acuerdo que tiene un cariz claramente antichino.

Donde fracasa el dólar, la espada tiene éxito.

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

[1] Nota de la redacción: Los esquistos bituminosos no son rentables ni siquiera en Estados Unidos, donde las empresas que los explotan sobreviven únicamente gracias a subvenciones públicas. Si Washington ha alcanzado la independencia energético es gracias al acuerdo de explotación de los yacimientos de hidrocarburos de aguas profundas del Golfo de México. El mito de la independencia energética alcanzada gracias al gas de esquistos no pasa de ser un argumento de propaganda destinado a convencer a los europeos de que pueden renunciar al gas ruso sin tomar las medidas de sustitución adecuadas, lo cual los llevaría a acentuar aún más la dependencia europea de Estados Unidos.

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