Corría el año 2004 y todos los días durante muchos largos y prolongados meses íbamos todos esos chiquillos entusiasmados con cada una de las clases de la "pre" de la ilustre Academia Diplomática del Perú.

El inglés, ya era historia, se debía reforzar el francés en toda su magnitud, y si había algún otro idioma, mucho mejor, lo cierto es que en nuestra clase nadie tenía tiempo ni para respirar.

Pensamiento político curso impartido por el profesor Eduardo Hernando, un gran hombre, muy sabio e intelectual conocedor de la historia política de gobernantes del mundo entero, nos había compenetrado con las causas de lucha por nuestro Perú.

En esas clases, y en que todos allí éramos profesionales, debíamos leer mínimo un libro pesado y complejo por semana y, por supuesto, no siempre entendíamos cabalmente pero los profesores desparraban motivación y no salían del salón sin asegurarse que todos hubieran aprendido la lección.

Fue, la del 2004, una generación madura, sin odios, sin rencillas, mezquindades absurdas, celos inmisericordes, ni acosos de lumpen, mucho menos de envidias miserables: "es que la gente inteligente jamás hace escarnio ni burla ni desprecio por defender sus ideales con quienes nunca les han hecho ningún daño", decía el maestro que dictaba pensamiento político, creo que esas charlas magistrales a los políticos de hoy ¡serían estupendas!

Siempre hubo sana competencia, por eso me tomo el tiempo de recordar a la clase 2004.

Aprendimos a ser diplomáticos y ¡vaya que nos costó! sobre todo a Yvan a Lucy y a mí.

Los tres hicimos una gran amistad, esas de las que uno nunca se olvida.

Lucy era una trotamundos, independiente, algo vehemente, engreída y caprichosa, si le hacían una serenata creo que el tema "La bikina", le quedaba precisa, era muy inteligente metódica y excelente estratega para ser tan guapa y disfrutaba ella haciendo creer a todo mundo que solo tenía belleza, cuando en el fondo era muy astuta y sagaz y claro fue una de mis más grandes mejores amigas de la adultez.

Yvan, por su lado, un hombre muy calmado, sonriente, nunca estaba serio, no sabía de egoísmos ni machismos, extremadamente respetuoso y caballero, en síntesis un varón de esos que ya no existen.

Constituimos un grupo especial, nos encantaba salir a caminar, conversar sobre la realidad política y la actualidad internacional, debatimos mucho sobre política siempre hasta que la intolerancia nos dirigía a grandes peleas que casi siempre terminaban en grandes banquetes en los mejores restaurantes de Lima.

Adorábamos los viernes. Después de historia universal e historia del Perú nos tocaba hacer nuestra propia historia, previa cena en algún lugar de moda junto a otros compañeros de la clase 2004. Todos aspirantes en convertirnos en diplomáticos y los ya diplomáticos que se unían al grupo, nos convertíamos en los ganadores de los espectáculos de baile de todas las discotecas miraflorinas, nuestras coreografías eran las mejores, la alegría y ganas de vivir se reflejaban en la sonrisa y entusiasmo.

Las madrugadas cantando todos a viva voz, como un coro de angeles, nos convertía en partícipes de una gran amistad.

Cuando nos quedábamos a ver la luz de la mañana podíamos ver nuestros rostros recibiendo el rocío del nuevo día.

Yvan, mi gran amigo, a estas alturas debe ser ya un extraordinario servidor público, un gran diplomático no lo dudo, cumplió su anhelo.

Lucy es muy luchadora y no dudo que pronto llegue a ser miembro importante de la ONU o la UNICEF, aún no se han cumplido todos sus sueños pero en silencio le mando mis aplausos para que no se detenga ni por la maldad y crueldad de las personas con las que se cruce en su camino.

Por mi parte, no pude seguir el sueño de convertirme en diplomática porque un cobarde desequilibrado me agredió a puntapiés de patadas y me dejó golpeada, inhabilitada y desmoralizada por 40 días. Muchos fueron los meses de rehabilitación, pero eso no quebró mi esperanza ni mi alegría.

Siempre creí que el dicho que no hay mal que por bien no venga, era puro cuento, pero supe en carne propia que es muy real, pude hacer cosas grandes, importantes e inimaginables, conocer príncipes, reinas y varios presidentes y lo más hermoso aprendí a dar, a ayudar, a ser solidaria, a dejar de lado prejuicios y convertirme en militante de muchas causas justas.

Hoy, diez años, después seguimos Yvan, Lucy y yo, lo sé, conectados en el corazón por eso tan indescriptible que muchos nunca llegan a conocer que es la verdadera amistad y sé que la vida nos puso senderos diferentes, sé que tenemos propósitos distintos, pero nuestra amistad fue profunda, pura, leal y desinteresada, nos quisimos mucho, nos aceptamos tal y como éramos y aprendimos a valorarnos con nuestros errores y virtudes y eso no se olvida nunca.

Sé que a donde lleguemos, así sean lugares insospechados e insólitos y así logremos todo lo que nos propusimos en la vida, cada vez que nos veamos, solo recordaremos esas lágrimas y sonrisas que nos unieron y solo seremos esos chiquillos empeñosos y esforzados de la clase 2004 de la "pre" de la Academia Diplomática.


 Para mi Judío de los 33
 Ante Dios un pliego de reclamos
 ¡Adiós Aristóteles!
 Chimbote: crónicas de una bahía
 ¡Las noches que te soñé!
 ¡Mujer los 365 días del año!
 ¡Mujeres de papel, aprendiendo a leer corazones!
 ¡Te amo América hermosa, te amo mamá!
 Una sonrisa de regalo para ti

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