El secretario general de la OTAN y el primer ministro británico reciben en Newport al primer ministro italiano Matteo Renzi.

El gobierno de Matteo Renzi, ignorando al Parlamento pero seguramente de acuerdo con el presidente de la República [Giorgio Napolitano], se comprometió solemnemente en la cumbre de la OTAN realizada en Gales, a aumentar el gasto militar de Italia.

La Declaración Final de la cumbre [1] –que consta de 113 puntos redactados en Washington después de consultar, cuando más, a los aliados considerados más importantes (Reino Unido, Alemania y Francia)– compromete a los 28 miembros de la OTAN, en los puntos 14 y 15, a «invertir la tendencia a la baja […] de los presupuestos de defensa».

La explicación que se da para ello es que «nuestra seguridad y nuestra defensa dependen tanto de las sumas que a ellas dedicamos que de cómo las gastamos». Hay que «dedicar más inversiones a la realización de nuestros objetivos prioritarios en materia de capacidad». Para ello, «los aliados también tienen que dar prueba de la necesaria voluntad política, cuando llegue el momento, para poner en disposición las capacidades y desplegar las fuerzas necesarias». Para proporcionar las capacidades necesarias sigue siendo «indispensable» disponer de «una industria de defensa fuerte en toda la alianza», sobre todo de «una industria de defensa más fuerte en Europa y una cooperación industrial acrecentada en ambos lados del Atlántico. Los esfuerzos de la OTAN y de la Unión Europea tendientes al fortalecimiento de las capacidades de defensa son complementarios».

El documento recuerda así a los aliados su compromiso de consagrar a la defensa un mínimo del 2% de su producto nacional bruto (PNB). Hasta ahora, además de Estados Unidos –que dedica al sector militar un 4,5% de su PNB–, sólo el Reino Unido, Grecia y Estonia han alcanzado la meta del 2%.

Italia dedica al gasto militar un 1,2%, porciento aparentemente reducido pero en realidad falseado por el engañoso parámetro que establece la mencionada proporción entre gasto militar y PNB. En realidad, tratándose de dinero proveniente de los fondos públicos, el gasto militar debería relacionarse con el gasto público. Según los datos oficiales correspondientes a 2013, publicados por la OTAN en 2014, Italia gasta en la «defensa» una cifra promedio de 52 millones de euros… al día. Así es, ¡52 millones de euros diarios!

Pero esa cifra no precisa –como reconoce la OTAN– otros rubros. En realidad, según los cálculos del SIPRI [2], el gasto militar italiano (en 10º lugar a nivel mundial) se acerca a los 70 millones de euros diarios.

Al comprometerse a elevar el gasto militar de Italia al 2% del PNB, el gobierno de Matteo Renzi se ha comprometido a elevarlo a más de 100 millones diarios.

Algunos pensarán seguramente que «las palabras se las lleva el viento». El compromiso no es únicamente formal. Según la declaración de la cumbre, «los aliados expondrán sus progresos cada año». Y «esta cuestión se incluirá en el orden del día de las reuniones de los ministros de Defensa y será examinada por los jefes de Estado y de gobierno en ocasión de las cumbres». Así que todos los aliados tendrán que «velar por que sus fuerzas terrestres, aéreas y marítimas estén en conformidad con las directivas de la OTAN aprobadas en materia de posibilidades de despliegue y de sostenibilidad» y «puedan operar juntas de manera eficaz, sobre todo mediante la aplicación de las normas y doctrinas aprobadas en la OTAN».

Por ejemplo, como el gobierno de Matteo Renzi comprometió a Italia (también ignorando al Parlamento) a participar en el despliegue de fuerzas militares en el este de Europa con objetivos anti-rusos y a participar además en la coalición de 10 países que intervendrán militarmente en Irak y Siria –oficialmente para combatir al Emirato Islámico–, es evidente que Italia tendrá que hacer gastos suplementarios para garantizar las «posibilidades de despliegue y de sostenibilidad» de las fuerzas aéreas y de otro tipo que envíe a ese teatro de operaciones.

Además de aumentar el gasto militar, el gobierno de Renzi (ignorando nuevamente al Parlamento) se ha comprometido a mantener fuerzas militares en Afganistán y figurar entre los «donantes» que aportarán a Kabul (léase “a la casta dominante”) una ayuda económica de 4 000 millones de dólares al año. Y también se comprometió a participar en un fondo especial de apoyo al gobierno de Kiev, candidato a entrar en la OTAN junto con Georgia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro y Macedonia, ampliando nuevamente la alianza –supuestamente atlántica– hacia el este.

Esos compromisos, y otros más que el gobierno de Renzi aceptó en la cumbre de la OTAN, no sólo arrastran Italia a nuevas guerras y a una confrontación militar cada vez más peligrosa con Rusia sino que además provocan un aumento del gasto militar directo e indirecto, que sustrae aún más recursos a los gastos sociales y a la lucha contra el desempleo.

¿Qué estamos esperando para convertir todo eso en un frente de lucha político y sindical? ¿Que los «girotondini» salgan a la calle? [3]

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

[1«Déclaration finale du sommet de l’Otan », Réseau Voltaire, 5 de septiembre de 2014.

[2El SIPRI, siglas en inglés del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, es una institución de estudios estratégicos que publica anualmente importantes datos e informes de referencia sobre el gasto militar y el comercio de armas.

[3Participantes en los movimientos de «girotondo» (ronda o rueda) iniciados en 2002 en las principales ciudades italianas en nombre de la defensa de los principios de democracia y legalidad. El término surgió del hecho que el movimiento comenzó a manifestarse organizando ruedas o rondas alrededor de las sedes de las instituciones y servicios públicos que los manifestantes consideraban en peligro, como una manera de protegerlos. Considerados generalmente como movimientos de «izquierda», debido a su fuerte oposición al gobierno del entonces primer ministro Silvio Berlusconi, los «girotondini» desaparecieron con la llegada al poder del gobierno de Matteo Renzi, del Partido «demócrata».