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Una historia dolorosamente real

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Una historia dolorosamente real

Nunca durmió tranquilo por cerca de 10 años, justo el tiempo en que murió su madre, que siempre supo todo, pero que nunca hizo ni dijo nada, porque las miserias y migajas del "ínclito varón miraflorino", la habían comprado.

Marco, contaba con tan solo 4 años, era un infante que tuvo la urgente necesidad de mendigar amor y alimento desde que estuvo en el vientre de su madre, su padre nunca lo reconoció y se fue a vivir a la casa de un caballero de pretendida alcurnia pero que sin título nobiliario alguno al mismo estilo de Herodes, era un pervertido que posaba como macho pero que todas las madrugadas entraba al cuarto de Marco, ponía un billete en la almohada de su madre, y lo violaba.

Esta historia es dolorosamente real. La dedico a todos los niños que hoy ya son adultos y que alguna vez fueron abusados sexualmente por un pedófilo u homosexual encubierto. Defendí a Marco en una corte y peleé por recuperar su honor y dignidad fracturadas por mano ajena.

Temblé mas de una vez al escuchar los testimonios de Marco. Deseo gritar al viento todo lo que mis recuerdos grabaron: tanta frialdad, injusticia, maldad y a veces me sentí tan sola contra la corriente y con el miedo de que aquel niño viviera mutilado en todo su ser y que nunca pudiera tener una segunda oportunidad.

- No voy a fallarte le dije- y Marco me abrazaba, ese niño triste y abandonado, me miraba con sus ojos ilusionados en obtener la verdad, pero ¿quién puede aguantar la prueba?

Por amor a aquel niño decidí dejar tierra firme y entrar al mar de infinitas furias, navegar por eternidades de odio y afrontar tsunamis inmensos de desprecio que me gané, porque cuando le quiebras los pies a un pedófilo, es como si te cayera un rayo, "ellos" aparentan ser muy señores de saco y corbata, ilustres intelectuales, famosos periodistas, intachables padres de familia, reconocidos maestros, loables policías, políticos a carta cabal, incorruptibles varones tan machos de día y en las pachangas los ves con tantas mujeres pero en sus noches de bajas pasiones violan la inocencia de niños de 2 ó 5 años.

No comprendo cómo una realidad tan triste se la pretende ocultar como si se pudiera tapar el sol y esconder la luz. Guardo repudio a la pedofilia, por nociva y letal.

Pero la gran sociedad burguesa nunca se debe enterar, es la hipocresía la que debe imperar, y debo callar que luché a muerte hasta ver tras las rejas a aquellos que en las noches frías de sesiones carnales destruyeron la vida de pequeñas víctimas a las que violaron.

Esa mañana de triunfo, la llevo siempre conmigo y cada vez que camino por la calle frente a la fiscalía, y a los juzgados penales, la muy transitada Avenida Abancay, no puedo evitar recordar y sentir las manitas del pequeño Marco, que me llevaban de desayuno, durante todo el tiempo que duró el juicio, emoliente en vaso de plástico con sofisticados huevitos de codorniz y que en vez de tenedor, traía un palito de dientes, hermosos tiempos aquellos, donde respiro y aún huele a "justicia".

Cuando el pedófilo con pinta de samaritano fue llevado a prisión con una condena de diez años retumbaron las trompetas anunciando una merecida ¡victoria!

Marco estuvo en tratamiento psicológico durante todo este tiempo y aún sigue asistiendo a terapias, ha dejado las drogas, las sustancias tóxicas y el alcohol hace mucho y eso ya es bastante.

En el camino tuvo incontables depresiones y baches en su identidad, pero hoy por hoy es un joven hombre que decidió ser libre, está casado con Carmen y tiene 2 hijos, y se desenvuelve como mecánico en un humilde taller en Tarma, hermoso pueblo de la Sierra de Perú y es casi un modelo a seguir por su magnífico comportamiento social.

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