Nacido en Aguascalientes en 1939, en el seno de una familia acaudalada, Berlié fue obispo de Tijuana de 1982 a 1995, antes de ser nombrado arzobispo de Yucatán, y a lo largo de su gestión lo han acusado, entre otras irregularidades, de encubrir a pederastas y a defraudadores, además de que, desde su estancia en Tijuana, lo persigue la sospecha de haber recibido apoyos de conocidos narcotraficantes.

El PRI y sus obispos

En su libro El PRI y sus obispos. El caso Berlié (Libros de la Araucaria, Buenos Aires, 2009), el doctor Iván Franco Cáceres analiza la trayectoria de ese obispo y lo describe como un prelado afín a gobernantes priístas y dispuesto a congraciarse con el poder en general.

Las cuatro partes de su obra abordan, respectivamente, la relación de Berlié con los gobiernos priístas, con el Partido Acción Nacional (PAN), con su grey católica y con los evangélicos.

El autor, antropólogo con estudios de posgrado en historia y en ciencias políticas, menciona que Berlié estableció buenas relaciones con el exgobernador priísta Víctor Cervera Pacheco (1995-2001), a pesar de las tendencias liberales que en épocas anteriores exhibía este último.

Muy buenas fueron también las relaciones del obispo con la exgobernadora Ivonne Ortega (2007-2012), sobrina de Víctor Cervera Pacheco, al grado de que, mientras que el poder priísta promovió la penalización del aborto para complacer al clero, el arzobispado se abstuvo de incomodar al gobierno del estado y en lo posible le procuró su apoyo (El PRI y sus obispos. El caso Berlié, página 43).

Por ejemplo, en octubre de 2009, cuando Ortega autorizó la compra de siete camionetas para legisladores yucatecos con representación del estado en la capital, Berlié elogió la decisión, alegando que con ello se permite que las grandes fábricas proporcionen empleo a la población (el episodio lo relata Iván Franco en otro de sus libros: Política y autores religiosos en Yucatán, México, 2013).

Curiosamente, según el autor, la relación de Berlié no fue tan cordial con el panista Patricio Patrón Laviada (a pesar de la natural afinidad del PAN con el clero) debido, señala, a factores como el hecho de que tanto el gobernador como el obispo fueron acusados, por distintas razones, de mantener vínculos con el narcotráfico, además de que Berlié tenía “aspiraciones ascendentes”, mientras que el gobierno del panista iba en declive en cuanto a su popularidad.

Lo anterior no es tan extraño si tenemos en cuenta que muchos jerarcas católicos aman el poder y sus privilegios, por lo que algunos obispos no han desdeñado acercarse a cualquier gobierno en turno, como fue en su tiempo Luis María Martínez (arzobispo de México de 1937 a 1956), quien promovió la influencia católica con la estrategia de cultivar buenas relaciones con presidentes como Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho.

En cuanto a su relación con la feligresía, sugiere Franco que ha estado marcada por un estilo jerárquico, autoritario, y por su interés en mejorar las relaciones entre el Estado y la Iglesia Católica en la entidad.

“Berlié Belaunzarán es un preclaro defensor de las relaciones de colaboración entre el poder temporal…” (Franco, El PRI y sus obispos. El caso Berlié, página 92).

Por otro lado, el obispo tejió algunas de sus mejores relaciones políticas con el apoyo que le brindaron grupos poderosos del clero, como los Legionarios de Cristo y el Opus Dei, a la vez que ha tenido una actitud represiva hacia corrientes progresistas del clero.

En lo referente a las iglesias evangélicas y protestantes, han sufrido el favoritismo que los gobernantes dispensan al clero católico, a la vez que la falta de interés de Berlié por cultivar un ecumenismo acorde con el espíritu del Concilio Vaticano II.

“El llamado conciliar al diálogo entre las iglesias hermanadas en Cristo no es algo que se practique en la actual situación yucateca [...] en donde públicamente o en privado se da el mensaje, tanto desde el poder religiosos como desde el poder civil, que lo política y religiosamente correcto es actuar como católico, apostólico y romano” (obra citada, página 128).

Los pecados de Berlié

Berlié, quien está por cumplir 75 años de edad y en la que por regla los obispos piden su retiro, ha sido fuertemente criticado a lo largo de su trayectoria, que quedó marcada por las acusaciones de que recibió recursos provenientes del narco para grandes construcciones de la Iglesia, cuando fue obispo de Tijuana.

Nos remontamos a 1993, cuando fue tema de coyuntura en los medios de comunicación el papel que jugó el sacerdote Jorge Montaño, “bajo conocimiento de Berlié”, de presentar a los Arellano Félix con el entonces nuncio Girolamo Prigione, para exculparlos del asesinato del cardenal Posadas Ocampo (otro prelado del salinismo sospechoso de haber mantenido relaciones con el narco).

Al año siguiente, el 23 de marzo de 1994, fue asesinado el entonces candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, precisamente en Tijuana, y en marzo de 1995 Berlié fue designado arzobispo de Yucatán.

Ya en esa entidad, Berlié guardó silencio con respecto del caso del cura de la parroquia de Conkal, Jesús Alberto Ceballos, denunciado en 2008 por haber mostrado actitudes homofóbicas hacia los enfermos de sida.

En contraste, el sacerdote Raúl Lugo Rodríguez, considerado como exponente de la teología de la liberación, ha enfrentado marginación y acoso luego de la publicación Iglesia católica y homosexualidad (editorial Nueva Utopía, Madrid, 2006), donde relata sus experiencias en la asistencia espiritual a grupos homosexuales, además de que condenaba supuestos métodos terapéuticos contra esa preferencia sexual.

El religioso perdió su espacio editorial en el conservador Diario de Yucatán y fue reprendido por Berlié Belaunzarán y por el obispo auxiliar Rafael Palma Capetillo, para obligarlo a modificar sus planteamientos sobre ese tema (http://es.wikipedia.org/wiki/Ra%C3%BAl_

Lugo_Rodr%C3%ADguez).

La oleada de denuncias contra curas pederastas ha afectado también la imagen de Berlié, pues fue sólo hasta abril de 2010 cuando el prelado decidió suspender “temporalmente” al sacerdote Teodoro Baquedano Pech, sobre quien desde hace tiempo pesaban acusaciones de abuso sexual contra menores en Estados Unidos.

La decisión se anunció luego de que el diario estadunidense The Washington Post publicara que durante 12 años Sylvia Chávez, una de sus víctimas, de la que abusó cuando era niña, estuvo tratando de denunciar el hecho ante las autoridades de la Iglesia, tanto en Estados Unidos como en México (www.proceso.com.mx/?p=107839).

A pesar de ello, Baquedano continuó ejerciendo como sacerdote en Yucatán hasta que se produjo el escándalo periodístico que forzó a Berlié a tomar medidas.

Otra fuente de críticas para Berlié han sido los negocios de algunos religiosos de la Arquidiócesis.

En 2008 se dio a conocer un “fraude escandaloso” en el Sistema Coopera, “la llamada caja financiera por excelencia de la Iglesia local”, sin que la autoridad civil “expresara un mínimo apoyo a los ciudadanos afectados por los manejos financieros en esa cooperativa de ahorro” (obra citada, página 44).

Esa instancia financiera, que contaba con recursos económicos de la Iglesia local, era administrada por “seglares muy cercanos tanto a la clase política del PAN como al poder católico”.

“El arzobispo, al parecer con intereses financieros en la ?caja’, pretendió pasar inadvertido y hasta cometió el error de mandar ocultar la información más comprometida del caso” (obra citada, página 95).

Sin embargo, el obispo no pudo evitar que se diera a conocer que el autor intelectual del desfalco era una persona muy cercana a Patricio Patrón Laviada.

Luego de hacer notar la visible voracidad financiera de la facción del panismo local encabezada por Patrón Laviada, el autor menciona esta razonable hipótesis: “Es probable que mediante la intervención de autoridades federales del gobierno de Felipe Calderón se haya montado una operación financiera y una cortina de humo para proteger a los políticos beneficiados de esas operaciones, por lo que, de paso, también se protegió al jerarca católico” (obra citada, página 95).

En 2009 salió a la luz pública otro fraude, esta vez por parte de una empresa de asesoría financiera, y con motivo de ese escándalo se supo que de cinco a ocho sacerdotes católicos estaban entre los inversionistas defraudados, y por lo tanto habían usado los recursos provenientes de las limosnas de los fieles para invertirlos en el mercado bursátil.

“Una vez más […] el arzobispo Berlié se hizo a un lado y no dio la cara hasta que evaluaron qué decir a la opinión pública”, y la versión que dieron fue alegar que las inversiones de los curas provenían de sus propios recursos personales, de donaciones privadas o de su patrimonio familiar” (obra citada, página 102).

Fuente
Contralínea (México)