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¿Crees que tengo tiempo para creer en el diablo?

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¿Crees que tengo tiempo para creer en el diablo?

¿Habrá alguna influencia demoniaca en la vida de Felipe como él afirma? Este es un caso de la vida real y no el más feliz por cierto.

Felipe lleva cuatro años y medio internado en un centro de salud mental, nunca más pudo recuperarse, aunque día a día no perdemos las esperanzas de que encuentre curación.

Con mucha tristeza nos dimos cuenta que lo que Felipe había vivido, le ha pasado y le sigue pasando a miles de adolescentes, jóvenes y adultos que sin darse cuenta y de las maneras mas sutiles se involucran en áreas espirituales minadas.

"¡Si a las justas creo en Dios, voy a estar creyendo en el Diablo!, ¡aunque poniéndome a pensar puede existir porque mi jefe parece un diablo, mis hijos me exigen como los diablos y mi comida sabe a diablos diariamente!", dijo el protagonista de este caso.

Fueron las estridentes palabras de Felipe, un joven que tuvo terapias de ayuda psicológica en la Fundación Internacional que presido en Perú Solidarios ABC, él insistió para que en dicha sesion yo estuviera presente.

Felipe había salido de una misterosa secta que al parecer, según sus palabras, era con trasfondo satánico, contó que al inicio y hasta su deserción de dicho grupo, nunca pensó que podría haber experimentado tanta paranoía y depresión.

No reconoce a sus hijos, ni familiares, a nadie, su vida se limita a sus recuerdos de conciertos roqueros metálicos y a seguir creyendo que: "el diablo no existe" y que todo lo que él hizo solo fueron aventuras o chiquilladas, que no hay porqué exagerar, sí, claro, pero sus inocentes actos lo tienen secuestrado de vivir el privilegio de gozar su juventud, sus fuerzas y a su familia, muy lamentable.

Escribo este relato para dar ánimo y valor a todos los que hayan tenido experiencias de este tipo y que les hayan causado algún tipo de trauma, a no quedarse así y a iniciar terapias sicológicas de rehabilitación, debemos tener una cultura de prevención, ser positivos, antes de perder la riqueza de vivir, al gran capital humano, la vida per se, nosotros, la sociedad.

"Algo debe tener ese cornudo que ver en mi vida -refiere Felipe-, ¡pero qué importa, después de todo, lo que vale es el esfuerzo para ver los resultados que necesita un profesional promedio de nuestro querido Perú!"

"El día tiene 24 horas, el año 365 días tengo que trabajar 15 horas, me levanto a las 5 am y entro a las 7 am al trabajo hasta las 9 de la noche, de ahí vuelo a la maestría hasta las 11.30 pm y los sábados todo el día, los domingos se los dedico a la familia ¿Crees que tengo tiempo para creer en el diablo?"

Seguimos indagando en el cuestionario que forma parte del tratamiento y nos dijo que de chico le gustó mucho el grupo Kiss, The Eagles y que Hotel California, fue su canción preferida y que admiraba con devoción a Anton Lavey, fundador de la Iglesia de Satanás en Estados Unidos y que había leído en más de 20 oportunidades la biblia del diablo y que le pareció impresionante, que jugó ouija más de 100 veces y recuerda que con sus amigos se cortaron un dedo para hacer un pacto de sangre a Lucifer pero que a aquellos de la confraternidad ya ni los ve, señaló.

Felipe nos sigue asombrando con su experiencia: "aunque en la época de la universidad vestía de negro y usaba el pelo largo, creo que era por la bronca que tenía con mi familia y quería darles la contra, pero nada más. Después me gradué y ya ni tiempo tengo para que me lean las cartas como solía hacerlo siempre o asistir a los cultos negros, pero tales misas oscuras para mi eran mini conciertos y es que todos éramos tan rebeldes porque hasta bebíamos sangre de animal consagrado y sacrificado y hacíamos nuestras necesidades fisicas con mórbida satisfacción en plena adoración y alabanzas cantadas y dedicadas con empeño al señor de la noche, antes de empezar los cultos o conciertos subterráneos era común invocar a principados y potestades milenarias escabrosas para tener suerte", nos cuenta muy asustado.

"¡Pero yo nunca vi a ningún diablo! exclama Felipe, "aunque me dio mucho miedo una vez que fuimos al cementerio y teníamos que probar nuestra valentía a todo el grupo durmiendo en los nichos vacíos o tal vez exhumar alguna tumba abandonada, sí es cierto, suena un poco mortífero y pestilente, pero al final quedábamos curados del susto y éramos mas fuertes!"

"Esa fuerza -solloza- que necesito ahora y me hace falta pero que revitalizo cada mañana escuchando mi música antigua de Def Leppard, Twisted Sister, Bon Jovi, etc., mientras conduzco al trabajo y aunque en la mayoría de las letras de estos "dioses de la industria de la musica", dan la gloria a Satán y sus letras evocan pacto y entrega al rey de las calaveras, yo igual canto y grito como loco a don diablo, total sólo son canciones, de otro modo estaría deprimido y no puedo permitirlo, imagínense".

"Y son en esas circunstancias que me acuerdo de lo que me decía el Hermano Mayor del grupo: el jefe (así le decían al líder de su secta) que era un tipo tranquilo, aunque medio misterioso, pero que había en él algo mas grande, que podíamos conocer y me hubiera gustado ir mas allá y obtener poder y así no soportar esta vida sin sentido y sin tiempo que estoy viviendo", continúa Felipe.

"Y aunque claudiqué a esas viejas costumbres, mi vida sigue pareciendo un infierno ahora sin nada, esclavizado por el trabajo, sufriendo por cosas que no entiendo y sin ver a mi familia, pero igual te puedo decir que: ¡El diablo no existe porque jamás lo he visto!"

Sin duda alguna, después de esta sesión, los psicólogos y yo nos quedamos absortos y estupefactos, pero tuvimos que ser fuertes y fingir hasta despedirnos de Felipe.

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