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El Niño, incapacidad gubernamental y la anchoveta

En el Perú, hace pocos días, todos fuimos testigos de los huaycos que cayeron sobre una localidad de Chosica y la pérdida de vidas que ocasionó, vimos también, como ya es costumbre en nuestro país ante tamañas tragedias, al primer mandatario, sus ministros, alcaldes y otros, exponer al país ante la ruidosa parafernalia de los medios, sus excelsos sentimientos ante el dolor y la desgracia de los damnificados.

Lo que no saben o no dicen, es que en este dolido Perú de desgracias cotidianas, entre 1925 y 1982, se han producido nada menos que 4.300 huaycos, 193 deslizamientos, 45 aluviones y 209 inundaciones impactantes que han causado la pérdida de 46,300 vidas humanas, además de cuantiosas pérdidas económicas, en tierras agrícolas, cosechas perdidas, carreteras cortadas y centros poblados. Véase “Huaycos, aluviones y responsabilidad estatal”, La República, 8-12-82.

Tampoco se dice, que en el siglo pasado se han presentado 22 episodios El Niño, siendo los mismos cada vez más recurrentes e intensos. Los eventos ocurridos en 1982-1983 fueron calificados de extraordinarios desde el punto de vista de la magnitud de las alteraciones y han dejado una secuela de problemas sociales y económicos, debido a la secular incapacidad e imprevisión de los gobiernos.

Que, muy a pesar, de existir documentación de daños causados por El Niño, en episodios que se remontan al siglo XVI y que se han encontrado pruebas geológicas de sus efectos que datan de hace miles de años. Sin embargo, una de las ocurrencias más graves que se conocen es el de 1997-1998, que produjo el trágico saldo de cientos de muertos en diferentes países, inundaciones que arrasaron poblados completos, sequías que dieron paso a desoladores incendios forestales, huracanes, hambrunas y enfermedades, enormes pérdidas de cosechas y ganado, aunados a severos trastornos en los patrones climáticos a nivel mundial. En los países de la región andina, El Niño de 1997-1998, generó pérdidas estimadas en US$ 7,500 millones.

En este contexto y no obstante lo señalado, las medidas y políticas de prevención, no revisten, ni merecen la mayor importancia de las instituciones gubernamentales, a menudo observamos con impotencia cómo un fenómeno natural arrasa en unas cuantas horas, obras de infraestructura que el hombre ha tardado años en construir, por no hablar de la tragedia que significa la pérdida de vidas humanas, o de las inundaciones y sequías que generan hambre y desempleo en las poblaciones.

El Niño, chamanismo seudo científico y saqueo de la anchoveta…

El Niño es una interferencia natural de los patrones climáticos normales y trae aguas cálidas y lluvias fuertes a lo largo del Ecuador hasta la costa de Perú, que son más intensas alrededor de la Navidad, siendo esta coincidencia la razón del nombre El Niño. En el proceso, las temperaturas del agua a lo largo de la costa peruana pueden llegar hasta 28–29° C, comparado con los 14–23°C normales. Es importante anotar, que ante la presencia del fenómeno, las aves migran y hay mortandad de pichones, varía la coloración del agua, las lobas adelantan su proceso de gestación, aparecen otras especies, como tiburones, conchas de abanico y la anchoveta experimenta una drástica reducción de sus poblaciones, razón por lo cual se debe impedir su pesca.

En todos los eventos del Niño, como la anchoveta es la especie clave del ecosistema de la Corriente de Humboldt, en otras palabras del mar peruano, las capturas de otros peces comerciales que se alimentan de ella como la merluza, el jurel y la caballa, siempre se han visto reducidas, así como la producción de guano, el fertilizante natural más cotizado a nivel mundial, producido por las aves guaneras que se alimentan casi exclusivamente de la anchoveta. Las poblaciones de mamíferos marinos, lobos, delfines y ballenas, también se volvieron escasas en nuestro litoral.

En 1963 un evento El Niño de mediana magnitud generó una crisis pesquera, con desempleo e incrementos importantes en los costos de producción de la harina de pescado. La indiscutible susceptibilidad de la industria a la variabilidad del ecosistema se hizo evidente, sin embargo pocos fueron los intentos de mitigar los problemas y la pesca siguió creciendo de manera indiscriminada, ocasionándose gravísimas consecuencias financieras con el Banco Industrial, las mismas que jamás fueron honradas por la industria.

En 1970, se produjeron 2’253,000 toneladas de harina de pescado, con un desembarque oficial de 12 millones de toneladas métricas de anchoveta, cifra subestimada en un 30%. Esta increíble sobrepesca fue vista por los ojos de todos como una victoria asombrosa sobre la naturaleza, ya que la industria pesquera peruana se convirtió en la más grande del mundo.

Lo que nadie previó, fue que tres años más tarde un evento El Niño de gran magnitud, causaría el colapso total de la industria y casi la lapidaría. La sobrepesca, la captura de juveniles, la presión por el continuo crecimiento de la industria y el evento El Niño fueron todos los agentes causales de esta tragedia.La disminución vertiginosa de los cardúmenes impidió la continuidad de la producción de harina de pescado, ya que como resultado de todos estos factores, en el Perú sólo se pescó 1’700,000 toneladas métricas de anchoveta en 1973.

Los resultados de esta crisis fueron los despidos masivos, la quiebra de todas las empresas harineras, el incremento grosero de los costos de producción y una evidente sobrecapacidad de flota y de plantas procesadoras incapaces de autosostenerse, puesto que, el largo proceso de recuperación de los stocks de anchoveta tardaron cerca de 20 años y esto se debió sin duda alguna, a la prudente y eficiente gestión de la empresa Pesca Perú, en el período 1985-1990.

El día de hoy, 9 de abril de 2015, estamos una vez más, en el umbral de una nueva tragedia para la anchoveta y el futuro de la pesca peruana; lamentable e irresponsablemente, el PRODUCE y el IMARPE, presionados y en complicidad con la misma industria irresponsable, miope y mezquina, han autorizado una captura de más de 3 millones de toneladas, certificando con ello una vez más, el colapso de la cotizada anchoveta.

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