Al recibir en la Casa Blanca al presidente del gobierno regional del Kurdistán iraquí, Massud Barzani, el presidente estadounidense Barack Obama y el vicepresidente Joe Biden insistieron repetidamente en el respaldo de Estados Unidos a un Irak unido y federal, o sea en su oposición al proyecto de creación de un Kurdistán independiente. El ejecutivo estadounidense ha emitido advertencias a los kurdos proisraelíes de Irak en contra de toda iniciativa en ese sentido.

Desde hace varios meses, el gobierno regional del Kurdistán iraquí ha venido preparando, con ayuda de Israel, una invasión del norte de Siria y la aplicación del plan de «rediseño de Siria e Irak», concebido en el Pentágono, publicado en septiembre de 2013 y parcialmente concretado, principalmente por el Emirato Islámico [1]. Ese plan prevé la creación de un Sunnistán y de un Kurdistán que se extenderían sobre territorios hoy pertenecientes a Siria e Irak.

El general Joseph Dunford, quien acaba de ser nombrado jefe del estado mayor conjunto de Estados Unidos, había alertado en 2014 al presidente Obama sobre las graves consecuencias del plan de respaldo al Emirato Islámico.

Al reactivar la guerra a través de los kurdos iraquíes a los que manipula, Tel Aviv está tratando de hacer fracasar la conclusión de un acuerdo entre Washington y Teherán.

Pero Turquía está resueltamente en contra del plan de «rediseño», que llevaría inevitablemente a la división de su propio territorio. Así que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha venido multiplicando sus compromisos con los kurdos de Turquía para lograr que depongan las armas. Si Tel Aviv y el gobierno regional del Kurdistán iraquí finalmente emprendiesen una cuarta guerra contra Siria, Ankara pudiera acabar poniéndose del lado de Damasco.

[1] “Imagining a Remapped Middle East”, Robin Wright, The New York Times Sunday Review, 28 de septiembre de 2013.