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Los ministros de Relaciones Exteriores de Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos toman nota con pesar del hecho que el pueblo británico se ha pronunciado en contra de ser miembro de la Unión Europea.

Esta decisión del pueblo británico constituye un viraje en la historia de Europa.

La Unión Europea no sólo pierde un Estado miembro sino un conjunto considerable de historia, de tradiciones y de experiencia.

Este acontecimiento crea una nueva situación. Como resultado de la decisión del pueblo británico, el acuerdo al que había llegado el Consejo Europeo los días 18 y 19 de febrero deja de existir. Esperamos ahora que el gobierno británico dé muestras de claridad haciendo efectiva esta decisión en cuanto sea posible. Las disposiciones pertinentes del Tratado de Lisboa (artículo 50 del Tratado sobre la Unión Europea) permiten una salida organizada. Estamos dispuestos a trabajar con las instituciones cuando comiencen las negociaciones con vistas a definir y clarificar las futuras relaciones entre la UE y el Reino Unido.

Seguimos firmemente convencidos de que la Unión Europea ofrece un marco único en la historia e indispensable para garantizar la libertad, prosperidad y seguridad de Europa, definir relaciones pacíficas y mutualmente ventajosas entre sus pueblos y contribuir a la paz y estabilidad en el mundo.

Desde su creación por los 6 miembros fundadores en 1957, la UE ha recorrido con éxito un largo camino. Ha reunido Europa oriental y Europa occidental y ha aportado el periodo de paz más largo que nuestro continente haya conocido en los tiempos modernos. Ha sido, además, una fuerza motriz para reunir los pueblos de Europa y, con ello, cumplir la promesa que habíamos emitido en los Tratados: crear una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa. Proseguimos nuestros esfuerzos a favor de una Unión Europea con 27 miembros más fuerte y con más cohesión, basada en valores comunes y en el predominio del derecho.

Es con ese fin que reconocemos igualmente varios niveles de ambición entre los Estados miembros en lo tocante al proyecto de integración europea. Sin cuestionar lo que ya hemos logrado, debemos encontrar mejores medios para lidiar con esos niveles diferentes de ambición de forma tal que Europa responda mejor a las expectativas de todos sus ciudadanos.

Es por ello que reafirmamos fuertemente nuestro apego común a la Unión Europea. Sin embargo, estamos conscientes del hecho que el descontento que hoy existe sobre su funcionamiento se manifiesta en ciertos sectores de nuestras sociedades. Eso lo tomamos muy en serio y estamos decididos a hacer que la UE funcione mejor para todos nuestros ciudadanos. La respuesta apropiada no puede un simple llamado a más Europa ni una fase de pura reflexión. Debemos concentrar nuestros esfuerzos comunes en los desafíos que sólo pueden enfrentarse con respuestas europeas comunes, dejando otras tareas en el nivel nacional o regional. Debemos aportar mejores respuestas a los asuntos a los que hemos decido dedicarnos a nivel europeo. Debemos también asumir la responsabilidad que nos toca en cuanto a fortalecer la solidaridad y la cohesión en el seno de la Unión Europea.

Hoy en día, Europa enfrenta inmensos desafíos en un contexto de globalización, [desafíos] que exigen une Unión Europea mejor. Tenemos que concentrar más la acción de la UE en los grandes desafíos de nuestra época: garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos ante crecientes amenazas externas e internas, establecer un marco estable en materia de cooperación para lidiar con las migraciones y los flujos de refugiados, estimular la economía europea favoreciendo la convergencia de nuestras economías y un crecimiento duradero y creador de empleos y avanzando hacia la instauración de la Unión Monetaria Europea. Esos desafíos se inscriben en un contexto de creciente inestabilidad y de cambios geopolíticos en nuestras fronteras europeas.

Expresamos nuestra confianza en nuestro porvenir europeo común.