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Pregunta: La víspera señaló usted que el ministerio de Exteriores de Rusia todavía no había recibido por parte de Londres ninguna solicitud con respecto al caso de envenenamiento de Serguei Scripal. ¿Ha cambiado la situación en las últimas 24 horas? Moscú llamó también la atención sobre la necesidad de realizar una investigación conjunta y de presentar muestras de la sustancia tóxica en cuestión. ¿Ha habido algo de progreso en ese sentido?

Respuesta: No ha habido ningún progreso, todo lo contrario. No hemos recibido de Londres ninguna solicitud motivada en el caso Scripal y su hija. Por nuestra parte, informamos oficialmente a la parte británica que estaríamos dispuestos a responder a la solicitud que se nos ha de enviar de acuerdo con las obligaciones rusas y británicas asumidas por los dos países en su calidad de participantes en la Convención sobre las armas químicas. Dicho documento exige que en casos semejantes sea enviada a los organismos competentes del supuesto país de procedencia de la sustancia tóxica una solicitud oficial. No se nos ha enviado tal solicitud.

Le diré más, el enviado del Reino Unido ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas empezó a preguntarle a nuestro enviado ante dicho organismo que para qué estábamos apelando a la OPAQ. Y eso, después de que el ministro de Exteriores del Reino Unido, Boris Johnson, citara al Embajador ruso y le expusiera la postura de su país. Londres es tan creída que ello se hace ver en casi todos los pasos que da el Reino Unido y no sólo en esta situación concreta, sino en muchas otras situaciones. Hemos vuelto a explicar con absoluta tranquilidad que la celebración de consultas, de acuerdo con la Convención sobre las armas químicas, no es algo optativo, es un procedimiento obligatorio. Si en Londres ya no quedan expertos capaces de aconsejar al ministerio de Exteriores y al Gobierno de qué manera han de comportarse en estos casos los miembros de la comunidad internacional que respetan el derecho internacional, eso no es problema nuestro. En cuanto recibamos la solicitud oficial, obedeciendo a nuestras obligaciones, en un plazo de 10 días ofreceremos una respuesta que reúna los requisitos del mencionado documento internacional.

Sin embargo, en vez de enviarnos tal solicitud, Londres está montando numeritos políticos.

Ayer en Nueva York fue difundida la declaración oficial de Theresa May hecha a nombre del Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, en la cual se indica que la sustancia química fue producida en la URSS, pasando más tarde a ser propiedad de Rusia. Eso no coincide en absoluto con los informes de la OPAQ sobre la completa destrucción de las armas químicas por Rusia, llevada a cabo en presencia de los observadores de dicho organismo. Ese hecho no se menciona, se indica sólo que ningún otro país, que no sea Rusia, pudo haber traído dicha sustancia al Reino Unido y que ningún otro país, que no sea Rusia, tiene motivos para atentar contra las mencionadas personas. Ni siquiera pienso comentarlo, porque ayer y anteayer los medios rusos y extranjeros publicaron numerosos argumentos que confirman la ausencia total de motivos por parte de nuestro país. Pero sí que tendrían motivos para hacerlo las personas interesadas en continuar con esta campaña rusófoba que se lleva a cabo en todas las esferas, sin excepción alguna.

Lo que me parece más curioso en la carta de la señora May es la expresión “highly likely”, es decir, “altamente posible” que se usa para hacer las aseveraciones que se hacen. Eso no parece muy serio para personas que abogan por el respeto del derecho internacional, pero al mismo tiempo se niegan a cumplir con las obligaciones que asumieron, de acuerdo con la Convención sobre las armas químicas y sólo hablan de la “altamente posible” participación de una u otra parte en una y otra acción.

Dicho sea de paso, expresiones de este tipo –“es muy probable”, “según todo parece indicar”, “en gran medida”– abundaban en el informe sobre el tristemente conocido incidente ocurrido el 4 de abril en la localidad siria de Khan Sheikhun y el uso de armas químicas allí. La investigación se llevó a cabo a distancia también en laboratorios situados en el Reino Unido. Los resultados de la investigación fue remitidos a La Haya. Cuando se nos informó que dicho organismo se basaría en los resultados obtenidos en un laboratorio británico, como cualquier país al que le gustaría contar con datos exactos, solicitamos a la parte británica que nos explicara de qué manera se habían obtenido las muestras procedentes de Khan Sheikhun. Dicha zona se encontraba bajo el control de terroristas, según se nos informó, era peligroso permanecer allí, etc. La parte británica nos negó la información. De modo que no es primera vez que Londres asume la postura de “lo sabemos todo, nos tenéis que creer y exigimos que nos deis la razón”.

Alguien ha dicho ya que esta manera de comportarse supera con creces la actitud plasmada en la famosa expresión del Fiscal General de la URSS, Andréi Vyshinski: “La confesión es la reina de las pruebas.” En este caso a nuestros interlocutores británicos y a aquellas personas que por apoyar les apoyan, sin conocer siquiera los resultados de la investigación, todo les sabe a poco. [Para ellos] la reina de las pruebas no es la confesión, sino la sospecha que formulan y ha de verse por la comunidad internacional como la máxima verdad. Las cosas no se hacen así. Defenderemos el derecho internacional. No hemos oído ningún argumento convincente, de modo que a falta de éstos tendrán que responder por su evidente intento de inducir a error a la opinión pública internacional.