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Todos los mexicanos estamos en la mira. Nadie está a salvo. Del calderonismo al peñismo se ha multiplicado ese terror. Y éste busca, con sicarios, funcionarios de la administración pública federal y descentralizada y otros matones, eliminar periodistas; sobre todo reporteros, pero en riesgo todos los que se dedican a buscar y publicar información en cuyas redes no quieren caer los capos del narcotráfico y los capos del abuso del poder gobernante. En su capítulo: “Cómo perdimos el rumbo y cómo recuperarlo”, la columnista Denise Dresser nos pone al tanto con su puntual recuento de hechos sobre el periodismo y sus actores. No hay reporte internacional y nativo que no acuse lo peligroso que resulta ser periodista en nuestro país. Y lo confirman las agresiones contra esos trabajadores, como el caso ahora, de Paola Rojas; a quien han estado amenazando por ser periodista y por ser mujer… y por no bajar la guardia de criticar los actos y conductas de quienes, en la escena de lo público, han de ser objeto de la información y la crítica, como ejercicios de contrapoder.

Así, en palabras de la Dresser, Paola Rojas “es una periodista más. Una de tantos. Agredida, intimidada, acosada”. La nación vive un drama interminable: “cifras atroces respecto a la resolución de crímenes perpetrados contra periodistas: 89 por ciento jamás han sido resueltos. Prevalece la indolencia, la negligencia, la obstaculización, el desinterés. La impunidad persiste y es elemento transversal de casos que conciernan a periodistas, columnistas, editores y reporteros. La ineficaz respuesta del Estado mexicano va de la mano con un incremento en las agresiones con cartas intimidatorias. Diseminación de datos personales por las redes sociales. Amenazas de muerte. Secuestros. Asesinatos. Todo lo que el Estado simula proteger con una mano mientras ataca con la otra. La máscara de la protección detrás de la cual se esconde la cara de la agresión”.

Tenemos un presente de barbarie. Nadie escapa a los asesinatos. Y estos se multiplican entre estos los periodistas… a los gobernantes les interesa que así sea y hacen como que se indignan cuando agreden y matan a periodistas; pero suponen que los matones y agresores hacen el trabajo sucio de los funcionarios. Una y otra vez nos enteramos de cómo, entre los cientos de miles de asesinatos (de Calderón a Peña más de medio millón), están los trabajadores de los medios de comunicación con el objetivo de intimidarlos y que abandonen su deber con las libertades de prensa. Esas que ejercen para informar y comentar los actos que llevan a cabo gobernantes y delincuentes.

Lo exhibido por Paola Rojas sobre los ataques que ha estada sufriendo, es parte de una campaña contra el periodismo con la mira de que abandonen su tarea que, en la columna, es criticar los abusos públicos y privados que afectan la convivencia. Mientras tanto, los periodistas no deben bajar la guardia, contra viento y marea del terror criminal que los persigue; informando y denunciando las amenazas de toda clase. “Ante estos casos la sociedad debe pelear por la libertad que se va perdiendo, periodista asesinado tras periodista censurado. Pelear por la libertad de saber; pronunciar, argumentar, investigar Casas Blancas y líderes políticos con historiales negras”.

Otra mujer periodista está siendo acosada con intimidaciones. Y el caso de Paola Rojas que escribió: “Han sido días de agresiones constantes en mi contra desde las redas sociales: burlas, insultos, y hasta amenazas”. Se busca censurarla. Su columna molesta, porque escribe con veracidad y apego a los hechos. Pues en esta guerra criminal se quiere que los periodistas se autocensuren y no se ocupen de los asuntos relevantes. Y que vuelvan los ojos a lo intranscendente. Pero las Paola Rojas mantendrán su ética de cumplir con su deber de periodistas. Sus atacantes supusieron que por ser una mujer iban a intimidarla y que no abortaría los ataques de que es víctima. Se equivocaron. Y con Denise Dresser: “Exigimos un compromiso claro, veloz y efectivo para proteger la libertad de expresión en México”.