Facebook y Twitter reconocieron haber censurado informaciones divulgadas por grupos vinculados a Irán y Rusia, informaciones que ambos gigantes de internet clasifican como fake news (noticias falsas).

Sin embargo, Facebook y Twiter no identifican las cuentas censuradas ni los contenidos incriminados, lo cual hace imposible que el público pueda evaluar por sí mismo la legitimidad de esa censura, a la vez que priva a los censurados de toda posibilidad de defenderse.

Estados Unidos ha defendido históricamente el principio de la libertad total de expresión (incluso en los casos de información falsa y de la retórica de odio), principio enunciado en la 1ª Enmienda de la Constitución estadounidense. El objetivo de la 1ª Enmienda era evitar el regreso a la censura aplicada en tiempos de la Inquisición y, lo que es peor, que los censores fuesen capaces de mantener en secreto lo que se censuraba.

Al mismo tiempo, el Washington Post reveló que Facebook concede ahora notas de «credibilidad» a los internautas que le señalan contenidos que tildan de falsos [1].

Se trata de un procedimiento similar al llamado «crédito social», concebido en la República Popular China y hasta ahora duramente criticado en Occidente.

Por otro lado, Facebook ha suprimido 5 000 opciones que permitían a sus anunciantes catalogar a sus clientes. Después de un escándalo revelado por la secretaría estadounidense de Alojamiento, se trata de evitar la selección de clientes en base a criterios políticos, religiosos o étnicos.

[1] “Facebook is rating the trustworthiness of its users on a scale from zero to 1”, Elizabeth Dwoskin, The Washington Post, 21 de agosto de 2018.