El presidente iraní Hassán Rohani aseguró a sus conciudadanos que el país «burlará con orgullo» ‎las sanciones que Estados Unidos acaba de poner en vigor, el 5 de noviembre, contra los ‎sectores bancario y petrolero de Irán. ‎

Según estimados estadounidenses, Irán representa un 2% del mercado petrolero mundial. ‎El regreso a la política de sanciones contra Irán ya debería impedir la venta de entre 1,4 y ‎‎1,7 millones de barriles diarios. El simple anuncio de las sanciones significó una reducción de ‎‎800 000 barriles diarios. ‎

Pero Washington se ha visto obligado a modificar su plan y a conceder 6 meses de transición ‎a China, la India, Grecia, Italia, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Turquía, de manera tal que ‎el precio del petróleo se mantenga estable a alrededor de 70 dólares por barril. ‎

Por su parte, Irán ya comenzó a utilizar el oleoducto de la compañía nacional turca BOTAS ‎Petroleum Pipeline Corporation, que conecta el campo petrolífero de Kirkuk, en Irak, al puerto ‎turco de Ceyhan. Se trata del mismo oleoducto que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ‎había puesto en 2015 a la disposición del Emirato Islámico (Daesh) para comercializar el petróleo ‎robado por esa organización terrorista. ‎

Por otro lado, desde mediados de septiembre los tanqueros iraníes han venido cortando sus ‎sistemas de localización vía satélite, haciendo así extremadamente difícil el seguimiento de esos ‎barcos por parte de Estados Unidos [1]. ‎El inconveniente es que al hacer prácticamente imposible su geolocalización, los tanqueros ‎iraníes dificultan también las posibilidades de trabajar con las compañías de seguros. ‎

Seis grandes tanqueros iraníes se hallan constantemente en el mar, listos para transferir ‎el petróleo que almacenan en sus cisternas a los barcos que transitan por la zona. ‎

[1] “Iranian Oil Tankers Go Dark With 1 1/2 Months to Go to ‎Sanctions”, Julian Lee, Bloomberg, 25 de septiembre de 2018.