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El presidente rumano, Klaus Iohannis, declara abiertas las maniobras de la OTAN ‎‎“Escudo Marino 2019”. ‎

Todos contra todos. Esa es la imagen que proyectan los medios de difusión del caos que ‎se extiende a lo largo del sur del Mediterráneo, desde Libia hasta Siria. Hasta Washington ‎parece impotente ante esa situación. ‎

Pero la realidad es diferente. Washington no es un aprendiz de mago incapaz de controlar las ‎fuerzas que antes puso en marcha. Es más bien el motor de una estrategia –la estrategia del ‎caos– que, mediante la destrucción de Estados enteros, provoca una reacción en cadena de ‎conflictos que utiliza siguiendo la antigua estrategia: «divide y vencerás». ‎

Vencedores de la guerra fría, en 1991, Estados Unidos se autoproclamó «único Estado con una ‎fuerza, un alcance y una influencia multidimensionales –política, económica y militar– realmente ‎mundiales» y se propuso «impedir que cualquier otra potencia hostil domine una región –Europa ‎occidental, el este de Asia, el territorio de la antigua Unión Soviética y el Medio Oriente– cuyos ‎recursos bastarían para generar una potencia mundial». ‎

Desde entonces, Estados Unidos y la OTAN bajo sus órdenes han fragmentado y destruido uno ‎a uno mediante la guerra los Estados considerados como obstáculos para la realización de ‎su plan de dominación mundial –Irak, Yugoslavia, Afganistán, Libia, Siria y otros– mientras que ‎mantiene en su punto de mira a otros Estados más –como Irán y Venezuela. ‎

En esa misma estrategia se inscribe el golpe de Estado que Estados Unidos y la OTAN ‎orquestaron en Ucrania para provocar en Europa un regreso a la guerra fría destinado a aislar ‎a Rusia y a reforzar la influencia estadounidense en el continente. ‎

Mientras que la atención político-mediática se concentra en el conflicto libio, se mantiene en la ‎sombra el escenario cada vez más amenazante de la escalada de la OTAN contra Rusia. ‎La reunión de los ministros de Exteriores de los 29 países miembros de la OTAN, realizada ‎en Washington el 4 de abril, para celebrar los 70 años de ese bloque militar, afirmó nuevamente –‎sin prueba alguna– que «Rusia viola el Tratado INF [1] desplegando en Europa nuevos misiles con ‎capacidades nucleares». ‎ ‎

Sólo una semana después, el 11 de abril, la OTAN anunció que «la actualización» del sistema ‎estadounidense AEGIS de «defensa antimisiles», con base en Deveselu (Rumania), tendrá lugar ‎este verano y aseguró que ese proceso «no aportará ninguna capacidad ofensiva al sistema». ‎

El hecho es que ese sistema, instalado en Rumania y Polonia así como en navíos, es capaz de ‎lanzar no sólo misiles antiaéreos sino también misiles nucleares. Moscú ya advirtió que ‎si Estados Unidos despliega misiles nucleares en Europa, Rusia tendrá que desplegar –en suelo ‎ruso– misiles similares que apuntarán a las bases europeas. El resultado de todo esto es un ‎crecimiento de los fondos que los países de la OTAN destinan al sector de la «defensa» y los ‎presupuestos militares de los miembros europeos de la OTAN, más Canadá, aumentarán en ‎‎100 000 millones de dólares en 2020. ‎

En su reunión del 4 de abril en Washington, los ministros de Exteriores de la OTAN ‎se comprometieron principalmente a «enfrentar las acciones agresivas de Rusia en el ‎Mar Negro» mediante la adopción de «nuevas medidas de apoyo a nuestros cercanos asociados, ‎Georgia y Ucrania». ‎

Al día siguiente, decenas de barcos de guerra y de cazabombarderos de Estados Unidos, Canadá, ‎Grecia, Holanda, Turquía, Rumania y Bulgaria iniciaron en el Mar Negro un ejercicio aeronaval de ‎la OTAN al borde de las aguas territoriales de Rusia, a partir de los puertos de Odesa (Ucrania) y ‎de Poti (Georgia). Simultáneamente, más de 50 cazabombarderos de Estados Unidos, Reino ‎Unido, Francia y Holanda emprendían simulacros de «misiones aéreas ofensivas de ataque contra ‎objetivos terrestres y marítimos» despegando desde un aeropuerto holandés y realizando ‎aprovisionamiento en vuelo. También se supo que la OTAN enviará varios cazabombarderos ‎‎Eurofighter italianos a realizar nuevamente misiones de patrullaje sobre la región báltica ante la ‎‎«amenaza» de los aviones rusos.‎

La cuerda está cada vez más tensa y puede romperse (o puede ocurrir que alguien la rompa) en ‎cualquier momento arrastrándonos a todos a un caos mucho más peligroso que el de Libia. ‎

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

[1] El Tratado INF, firmado entre Estados Unidos y la URSS en ‎diciembre de 1987, prohíbe los misiles nucleares de alcance intermedio, tanto nucleares como ‎convencionales. Nota de la Red Voltaire.