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El secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, y el ministro de Defensa griego, ‎Nikolaos Panayotopoulos, firmaron en Atenas, el 5 de octubre de 2019, “Acuerdo de ‎Cooperación de Defensa Mutua” (Mutual Defense Cooperation Agreement).‎

El parlamento de Grecia ratifició un «Acuerdo de Cooperación de Defensa Mutua» que concede a ‎Estados Unidos el uso de todas las bases militares griegas. Esas bases servirán a las fuerzas ‎armadas estadounidenses no sólo para almacenar armamento y como centros de ‎aprovisionamiento y de entrenamiento sino también para la realización de operaciones de ‎‎«respuesta rápida», o sea como trampolín para misiones de ataque. ‎

Particular importancia revisten la base de Larissa, donde la US Air Force ya mantiene drones ‎MQ-9 Reaper, y la de Stefanovikio, donde el ejército de Estados Unidos ya tiene desplegados ‎helicópteros Apache y Black Hawk.‎

El ministro de Defensa griego, Nikolaos Panayotopoulos, ha definido el acuerdo como «ventajoso ‎para nuestros intereses nacionales porque incrementa la importancia de Grecia en la planificación ‎estadounidense». ‎

Esa importancia, Grecia la tenía ya desde hace tiempo. Basta con recordar el sangriento “golpe de ‎los coroneles”, organizado en 1967 en el marco de la operación stay-behind de la CIA [1], y el subsiguiente periodo de masacres terroristas iniciado con el sangriento atentado de la ‎Piazza Fontana, en 1969 [2].‎

Aquel mismo año se instaló en Grecia, en la base de Souda Bay, en la isla de Creta, un ‎destacamento naval de la US Navy (la marina de guerra de Estados Unidos), proveniente de la ‎base de Sigonella, en Sicilia (Italia) y bajo las órdenes del Mando estadounidense con sede en ‎Nápoles, también en Italia. La base naval de Souda Bay es hoy una de las más importantes para ‎Estados Unidos y la OTAN en el Mediterráneo y ha sido utilizada en las guerras de ‎Estados Unidos en el Medio Oriente y el norte de África. ‎

Ahora, el Pentágono invertirá en Souda Bay 6 millones de euros, además de los 12 millones que ‎invertirá en la base de Larissa, según anuncia el ministro griego de Defensa, presentando todo ‎esto como un gran negocio para Grecia. ‎

Sin embargo, el primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis anuncia que su gobierno ya firmó con ‎el Pentágono un acuerdo para modernizar los aviones de combate F-16 de Grecia, lo cual ‎costará al país 1 500 millones de dólares. También hizo saber que Grecia se plantea la compra a ‎Estados Unidos de drones y de aviones de combate F-35. ‎

Grecia es, después de Bulgaria, el miembro de la OTAN que desde hace tiempo consagra al sector ‎militar el más alto porcentaje de su PIB: un 2,3%. ‎

El acuerdo que Grecia acaba de firmar garantiza además a Estados Unidos «el uso ilimitado del ‎puerto de Alejandrópolis» [3]. Ese puerto griego se halla en el Mar Egeo, al borde del estrecho de los ‎Dardanelos. Este último, al conectar el Mediterráneo con el Mar Negro, constituye una vía ‎fundamental de tránsito marítimo, sobre todo para Rusia. Además, la región de Tracia oriental (la ‎pequeña parte de territorio europeo de Turquía) es precisamente el punto de llegada, a través del ‎Mar Negro y desde Rusia, del gasoducto Turk Stream. ‎

La «inversión estratégica» que Washington ya está realizando en la infraestructura portuaria ‎griega tiene como objetivo convertir Alejandrópolis en una de las bases militares más importantes ‎de la región, capaz de bloquear el acceso de los navíos rusos al Mediterráneo y, ‎simultáneamente, de contrarrestar los esfuerzos de China por hacer del puerto del Pireo una ‎importante escala de la Nueva Ruta de la Seda. ‎

‎«Estamos trabajando con otros socios democráticos en la región para rechazar actores maléficos ‎como Rusia y China, sobre todo Rusia, que utiliza la energía como instrumento de su influencia ‎maléfica» [4], declara el embajador ‎de Estados Unidos en Atenas, Geoffrey Pyatt, subrayando a la vez que ‎«Alejandrópolis tiene un ‎papel crucial para la seguridad energética y la estabilidad de Europa». ‎

‏En ese marco se inserta el Acuerdo de Cooperación de Defensa Mutua firmado entre Grecia y ‎Estados Unidos, acuerdo que el parlamento griego ratificó con 175 votos a favor, emitidos por los partidos ‎de centro-derecha que conforman el actual gobierno –Nueva Democracia y otros– por 33 votos ‎en contra –del Partido Comunista y algunos aliados– mientras que otros 80 diputados dijeron ‎‎«presente», como se hace en el Congreso estadounidense, lo cual, equivale, en el parlamento ‎griego a optar por la abstención. ‎

Y fue Syriza, la Coalición de la Izquierda Radical lidereada por Alexis Tsipras, quien optó por la ‎abstención, una formación política que estuvo en el poder y que ahora está en la oposición, en un ‎país que –después de haber sido obligado a vender barato su propia economía– ahora también ‎vende barato no sólo sus bases militares sino además lo poco que le queda en términos de ‎soberanía. ‎

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

[1] «La guerra secreta en Grecia», por Daniele Ganser, Red Voltaire, 23 de agosto ‎de 2014.

[2] «Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia de Gladio…», por Daniele Ganser, Red Voltaire, 26 de noviembre de 2009.

[3] «Alejandrópolis, nueva base de ‎Estados Unidos contra Rusia», por Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia), Red Voltaire, 27 de ‎septiembre de 2019.

[4] «Grecia, el factor OTAN», por Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia) , Red Voltaire, 7 de abril de 2015.